Parte 5. FRENTE AL MAR

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Adelbert me gira hasta quedar frente a la oscuridad del mar y me obliga a aferrarme a los barrotes de metal mientras habla...demanda en voz baja y grave que me sostenga fuerte y que me doble un poco. Lo hago sin dilaciones, ayudando a que el nudo en mi garganta y en mi estómago hallen lo que necesita.

Mi cuerpo se echa hacia adelante.

 —Así me gusta.

 —A mí también.

Pega su erección a mi culo y recorre mi muslo buscando el abierto de mi vestido por donde cuela sus dedos y roza la costura de mis bragas mientras en mis adentros ruego porque vaya al centro de mi sexo. Dilata el proceso jugando con mis bragas mientras que su respiración llena de deseo humedece mis pliegues.

 —Ve al grano.

Demando tratando de sonar contundente.

 —Ansiosa señorita?  — sus dedos llegan a mi sexo por encima de la tela deslizándolos, al tiempo que su erección presiona mi culo.

Sus dedos sienten mi humedad porque ya es notable, aprisiona mis pliegues entre sus yemas jugando con ellos en un dulce letargo.

Jadeo suave, casi imperceptible.

—Me tragaré tus jadeos, me beberé tus gemidos.

Mi jadeo fue débil aunque lo escuchó.

Su mano izquierda gira mi cabeza y abarca mi boca con la suya en un beso arrebatado y húmedo. Nuestras lenguas se arrastran y se enredadan, batallan llenas de la lujuria que nos recorre. Sus dedos hacen a un lado la tela y los desliza desde mi clítoris hasta el hueco de mi entrada.

Solo disfruto de la humedad que desprendo y de la sensación que invade mi cuerpo.

El mar es testigo de nuestras bocas en duelo.

De sus dedos en mi sexo.

De su miembro en mi trasero.

Y de nuestros jadeos.

Frente al mar, en la cubierta solitaria pero iluminada suelta mi mejilla y lleva la mano a mis tetas masajeandolas con alevosía.

—Tienes más que dar?

Suelto cuando nuestras bocas buscan aire.

Quiero que me folle.

Oigo el sonido de su correa, oigo el botón de su pantalón y oigo la cremallera que baja. Recoge en mi vestido hallando el acceso y pobre de la vigilancia que tenga que ver este espectáculo.

Vuelvo mi vista a la oscuridad del mar.

El trozo de carne caliente y dura lo siento en mi culo buscando la entrada de mi sexo donde con un impulso entra en mí ahogándome en deseo.

—Suculenta su humedad señorita.

—Muevete, corre.

Sale una pequeña risilla de él y me afrrera fuerte de la cintura mientras se las ingenia para moverse en su posición y hundirse en mi coño lleno de su provocacion.

Se mueve impetuoso, entrandolo de nuevo cuando el miembro se sale de mi interior por la posición en la que estamos. Mi cuerpo se inclina por sí solo buscando complacerse, buscando la fricción que me da felicidad y que no hace más que empaparnos de placer.

—Quiero más, caballero.

Susurro apenas entendible.

—Te daré lo que pueda ahora, y te daré más de lo que podrás soportar después.

Mi sonrisa ladeada acepta su ofrenda aunque él no la vea.

Puede que no haya vigilancia, puede que solo nos ignoren, pueden ser tantas cosas a las que no le presto atención porque mi atención está en el trozo de carne que me llena el sexo, en lo rico que se siente la manera en que me coge, en sus manos apretándome contra él, en su respiración descompuesta y en los golpes que resuenan.

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Saludando a mis readers HOT!

Hiper Inteligentes y Tenaces 😏

Que pensaban , eh? 😌

Hasta la próxima!!!

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