Parte 4. JUEGO

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Puedo escuchar los engranajes de Adelbert en su cabeza, cuestionándose si es prudente o no preguntarme sobre Lorenzo Mazza, es claro en la tirantez de su cuello, en el esfuerzo por mantener la mirada apartada de mi. Sus gestos inquietos son los de un mudo ante alguien que le discute sin poder responderle adecuadamente. 

–Cual es el vegetal o verdura que no falta en su dieta?

–Que pregunta tan rara e inesperada.

–Inesperada lo entiendo, mas no lo rara. Para las mujeres, en su mayoría, es sagrado comer verduras y vegetales. Tengo curiosidad por su elección.

Intuyo la intención.

–Señor CEO, señor asesor financiero, o señor negociante, echas un cebo y luego pescas al pez. Obtienes lo que quieres pero  sin evidenciarte.

Se le escapa un gesto de sorpresa. Las puertas abren en el quinto y me apresuro,  la música es agradable, un vistazo rápido me hace  relacionar el piso con la fabrica de Willy Wonka. Las coloridas y chillonas luces de las maquinas arcade se reflejan en el techo, las mesas de juego tienen una combinación de azul claro y dorado que dan un toque fresco y elegante al casino.

Cruzo la puertecilla a media altura que abre otra zona de juego. Las miradas masculinas se pegan en mis senos, mi rostro y mi trasero al caminar en la alfombra a juego con el decorado.

–Parloteas una retahíla psicológica y me evades.

Me sorprenden sus manos calientes en mi pelvis cuando me choca contra su pecho de repente. Delante de las personas. Su perfume...es inflamable. 

–Contesta – pide arrastrando su nariz por mi nuca.

Aprieto mi entrepierna y salgo de sus garras. No me consta por cuanto tiempo.

Su arrebato sorprendió a mas de uno aquí. En la mesa de la ruleta los jugadores me miran, la silla vacía clama mi presencia y dirijo mis pasos a la mesa de juego ignorando al señor Adelbert aunque el y uno de los bien parecidos hombres que antes me miraban sacan la silla al mismo tiempo.

–Generoso gesto – contesto a ambos, recae en mi las miradas nuevamente y la crupier me regala su encantadora sonrisa despectiva.

–Champaña otra vez? 

–Excelente retención.

–Apostara? –  La crupier me odia.

Miro la ruleta Americana de un solo cero. 

–Pleno. Por favor – esta noche soy desconcierto. 

–Una de treinta y ocho? arriesgas mucho.

Me recojo el cabello de los hombros. Me sondea una mirada expresionista digna de un profesional de la fotografía. Su estilo de camisa blanca de lino abierta y un colgante de cuentas en el pecho, su barba, cabello y los lentes azul cristalinos grita la historia completa.

–Lo temerario no es lo mío pero si decido meterme, apuesto hasta el final.

–Hagan juego! – anuncia la crupier.

–Cien al 23 – pongos mis monedas.

–Dozen Bet  – saca las suyas, cada uno de los jugadores hacen sus apuestas. El fotógrafo apuesta  a la primera docena. Adelbert me pasa la copa y sin alejarse observa el juego que comienza.

La mala vibra de la crupier me haría perder si por ella fuera. La mirada del fotógrafo es aguda, contemplativa. 

Hice una apuesta incomoda.

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