Cosas que no te dije

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Ha pasado un año desde que empecé este diario y parece que mi vida ha cambiado tanto como yo. Empecé siendo una chica solitaria, colorida y radioactiva; ahora tengo dos mejores amigas, el corazón vendado por mi misma y sigo teniendo los mismos colores más otros matices oscuros y rebeldes. Aunque ya no quiero ser Radioactiva, me gustaría ser por fin lo que soy: Adelaide Darcie.

Por cierto, ahora tengo que explicar el motivo de porque estoy escribiendo: mi nuevo color favorito. No sé cómo explicar sus tonalidades, solo sé que resalta por donde va, que todo el mundo lo quiere y que yo lo amo con todo mi corazón y alma. Se llama Maddox y tiene mi edad. Yo cumplo en septiembre y él en octubre, así que yo sería más mayor que él, pero más bajita. Somos mejores amigos, de momento nada. De momento. A veces por la forma en que me mira noto motas de arcoiris en esos ojos color miel cada vez que se fijan en los míos. A veces le miro por el rabillo del ojo y noto que observa mis labios, los suyos son rosados y gruesos. Tiene pecas que forman dibujos por su rostro y mejillas sonrojadas cada vez que hace algo nuevo.

Sabe más de mí que incluso yo y a veces me deja descolocada cuando me dice: somos compatibles.

No sé si se refiere como su mejor amiga o si es una indirecta de que él siente algo más.

Hace un año estaba rota y ahora los sentimientos vuelven a florecer, pero, aunque los libros que leo me dicen que lo que se debería sentir es miedo, lo que siento es satisfacción, porque por un lado yo no creía que volvería a pensar en algo tan cliché como el romance.

Por primera vez voy a intentar dejar fluir todo, como cuando pinto en mi taller o dibujo en la cafetería observando a personas ajenas.

Ayer fuimos a la playa él y yo. Es la primera vez que un chico me ve en bikini y me toca la piel desnuda de la forma que lo hace él. Sus dedos parecían bailar sobre mí estómago, espalda y brazos. Su sonrisa me hacía cosquillas. Sus ojos me calentaban más que el sol. Y esa voz me refrescaba más que el agua salada en la que nos bañamos.

Según Eva y Paula, estoy enamorada. Según yo, es mi mejor amigo y eso es lo que se suele sentir. Pero pensar que yo no siento ese tipo de cosas con ellas me hace reflexionar sobre que puede que tengan razón.

Hoy se queda a dormir y estoy escribiendo esto justo cuando se está dando una ducha. Repito: vamos a dormir EN LA MISMA CAMA. Y aún así voy con mi pijama infantil de un bosque con ositos.

Su sudadera está en mi cama y su olor ya se ha impregnado en la sábanas que todavía no ha rozado más allá de un segundo.

Me gustaría decirle esta noche que últimamente los sentimientos hacia él son más románticos que platónicos y que me gustaría estar en todo más allá del todo. También quisiera que cuidara mi corazón cada día, como lo haría yo con el suyo.

~

Dejé de escribir ayer porque Maddox salió del baño. Aunque quiero acostumbrarme, asique lo diré bien: Dejé de escribir ayer porque MI NOVIO salió del baño.

No, ayer después de que los dos admitiéramos que nos gustamos no nos acostamos (vamos, que no hicimos cosas de adultos), pero sí que pude escuchar los latidos de su corazón mientras hablábamos de mil cosas.

Me ha dicho que empezará a trabajar, porque no tiene nada más que ofrecerme que su amor, que no podría regalarme lo que a otras chicas seguramente las volvería locas; pero lo que yo quiero precisamente es eso, su amor.

No quiero ropa de marca, prefiero ponerme la suya.

Otra cosa más que me gusta añadir a este rincón de mis recuerdos es el hecho de que cuando me giro él ya lo ha hecho y nos quedamos mirándonos, decidiendo si volver a abrazarnos y besarnos y ya irnos a nuestros respectivos destinos.

~

Me ha dicho que solo somos él y yo, yo y él. Que no hay nadie más.

Voy a recordar que solo llevamos unos tres días y nos conocemos desde hace casi siete meses o así.

Se quiere casar conmigo.

~

Me ha confesado algo: es virgen.

Nunca me he reído tanto y él nunca se ha puesto tan rojo. Nunca había conocido a un hombre que fuera virgen. Seguramente la antigua Adelaide hubiera pensado que Maddox no es un demonio solo por ese hecho y que era uno de los radioactivos, como ella. Pero lo que he pensado es que nuestra primera vez será tan pésima y tan perfecta que hará que nos enamoremos mucho más del otro.

Que yo soy su reina (según él). Que está ahorrando para que, dentro de año y medio, podamos ir a vivir juntos y empezar la universidad. Que vamos a estar siempre unidos y que nuestras promesas serán eternas.

Y... me está yendo tan bien... Lo único que me pone triste dentro de esta gran felicidad es que significa que Lamar hace demasiado bien su trabajo y que pronto me iré de sus consultas grupales (e individuales).

Radioactiva✔️Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora