Luna

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Ey, he vuelto. Sí, ha pasado mucho tiempo, once semanas para ser exactos, lo que equivale a casi cuatro meses sin escribir en un diario de obligatoria escritura diaria. Pero bueno, la intención de volver también cuenta. Y para aclararlo, estoy bien, pero con ganas de hablar y como es casi de noche, pues me toca escribir lo que quiero decir de forma oral.

A veces ignoro mis sentimientos hacia la soledad, es decir, amo la soledad, pero es que también me encanta hacer sonreír al resto y estar acompañada de los que quiero. ¿No es un poco raro? Siempre pensé que estos dos aspectos no podían juntarse en una misma persona. Pero ya veo que me equivocaba.

He cambiado bastante, tanto en mi misma como en mi exterior. Por cierto, nunca llegué a describir la transformación de mi cuarto, así que aprovecho y lo hago ahora.

El suelo es de madera oscura y tengo zonas pintadas por mí. Las paredes tienen millones de dibujos realistas y fantásticos que me sirvieron para tapar las marcas que dejaron los cuadros de él que antes habitaban ahí. Tengo botes y botes de pintura, al igual que brochas que no entran en el taller. Alrededor de la cama puse una alfombra de cuadros oscuros que se mimetiza con el suelo, pero que logra hacer un gran contraste de color con las paredes y los objetos de mi cuarto. El resto sigue igual. Todo igual de desorganizado.

Ese lugar tan insignificante para algunos para mí es como un tesoro donde duermo, estudio y soy yo misma. No sabía lo que amaba este territorio que me ha pertenecido desde que llegué al mundo y mis padres prepararon para mí.

Dentro de dos años salgo del instituto y me voy a la universidad y, aunque no pega mucho con mi personalidad o lo que puedo llegar a transmitir a los demás, me he comprado una moto con las ganancias de una galería de arte que expone mis cuadros y a veces los vende a altos precios.

He probado el alcohol, eso sí, no sé lo he dicho a mis padres. A veces no necesitan saberlo todo, así que este es nuestro secreto.

Extraño a Eva, la cual se ha cambiado de instituto, pero Paula y yo seguimos haciendo videollamada con ella cada día.

Algo más que ha cambiado en mi vida es el hecho de ir los domingos por las mañanas a alguna cafetería para dibujar en mi bloc mientras me tomo algo artesanal y calentito con parejas de fondo mostrándose de la manera más trivial su amor. Hace poco una de ellas, la cual habituaba la cafetería a la que voy, cortaron por motivos que desconozco, pero ella sigue yendo allí; se sienta en la misma mesa, se pide la misma cosa que se pidió la última vez que la vi con su enamorado y se pone a mirar a la nada o a colocar lo que lleva dentro de su gran y sofisticado bolso.

Me parece muy triste que dos personas que se notaba que se amaban de verdad y que parecía que durarían juntos muchos años, hayan roto. Quizá él la engañó o fue al revés. No lo sé y dudo mucho de enterarme algún día de los motivos. Lo único que tengo asegurado cada vez que la miro y mis manos trazan cualquier cosa sobre el papel, es que ella parece de esas canciones que deseas que se acaben, pero que nunca lo hacen porque son especiales.

Me gustaría decírselo.

También me gustaría decirle que el dolor se irá y que, aunque quizá no lo olvidé, esa pérdida le enseñará algo valioso y que solo ella entenderá.

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