Perdida en ti

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Me estoy haciendo mayor, lo noto. Ya tengo dieciséis años y aún no comprendo cuando he dejado de ser la niña inocente que creía que su vida era una película.

Ahora vivo entre demonios, pero no me importa mucho porque, aunque noto como me voy haciendo mayor y estoy más cuerda y responsable, sigo teniendo los mismos colores que hace diez años atrás.

Pero hay una pregunta que me atormenta desde hace un rato. Sé que está guerra entre incomprendidos solo durará mi estancia en el instituto, entonces, ¿cuando salga podré recordar el peligro que viví y enfrenté? ¿Podré recordar el porqué de mis cicatrices? O ¿todo se esfumara como si nunca hubieran ocurrido tantos enfrentamientos?

Volvemos al presente. Sólo me queda decir que sigo viendo fuego a mi alrededor y pocas brasas en los corazones de los que me rodean.

¿Por qué comenzó esta guerra? ¿De dónde venimos? ¿Por qué soy como soy?

Preguntas existenciales qué me gusta traspasar de mi mente al papel de este diario.

Anhelo los días en los que tan solo me preocupaba por los dibujos que hacía y las manchas que no salían de la ropa. Hace años de eso.

¿Sabrán los demás lo que es sentir eso? ¿Los demás habrán sentido paz y tranquilidad antes de entrar al instituto como yo? ¿Por qué la mayoría se fuman sus problemas mezclados con drogas?

Los efectos de las ya nombradas les baja y les transforma en seres despreciables y que intentan robar colores. De mi no lo conseguirán. Aunque, ahora que lo recuerdo, el innombrable pudo.

Ellos no llegarán al cielo, pero ¿sus actos provocarán que yo tampoco vaya? Pues no lo sé, tampoco sé cómo va eso de ir al paraíso o al maldito infierno. Aunque también pienso que donde mis pies pisan ya forma parte del infierno, solo que unas pocas personas, donde yo me incluyo, lo intentamos arreglar.

Cuando esto acabe, prometo levantar una copa y brindar. Quizá algunos se tomen dos.

Y brindo por todo lo que hemos perdido.

“Hola, a todos y a todas, yo me perdí una vez en un demonio y, ahora que me he encontrado y que el apocalipsis ha parado, brindo por todo aquello que hemos perdido.”

Esas son las palabras que diré al final de todo.

Al fin y al cabo, sigo aquí y no me rendiré, me prometo llegar a ese día y poder soltar esas palabras por mi boca. Levantaré la copa y si me entran ganas me uniré a los que tomen dos.

Al final de todo, muchos se preguntarán, ¿sigo perdido? ¿Podré soltar lo que recuerdo? Pensarán que se les escapa algo, que se les escapan las respuestas de esas dos simples preguntas y seguramente echen la culpa a alguien del pasado para que su conciencia no cargue con el peso de la culpa.

Cuando todo termine, al fin podré decir cariño. Podré tener a alguien que no sea un demonio vestido de hombre.

Todos susurraremos y, quizá, yo susurre un gracias a mi yo de ahora por haber sido fuerte y no abandonar mis colores.

Radioactiva✔️Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora