16.

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La segunda prueba

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—¿Seguro que funciona?— preguntó Harry mientras recibía las branquialgas.

La segunda prueba ya estaba a punto de comenzar y todos los estudiantes se dirigían a los botes. Harry iba junto a Neville, el azabache sentia que vomitaria en cualquier momento.

—Por supuesto.

—¿Durante una hora?

—Más o menos.— dijo no muy seguro.

—¿No estás seguro?— bufó Harry.

—Es que los herbolarios difieren de sus efectos en agua dulce o salada.— explicó Neville.

—Y me lo dices ahora.— susurró molesto.— ¡Estás bromeando!

—Solo queríamos ayudarte.— murmuró.

—¿Queríamos?— preguntó sin entender.— Al menos fuiste mejor ayuda que Ron y Hermione. ¿Dónde estarán?

—Te ves muy nervioso, Harry.

Al bajar a la carrera por la explanada, vio que las mismas tribunas que habían rodeado cerca de los dragones estaban ahora dispuestas a lo largo de una de las orillas del lago. Las gradas llenas de todos los estudiantes de los tres colegios, emocionada la multitud, se propagaba de forma extraña por la superficie del agua y llegaba hasta la orilla por la que ambos chicos venían.

—¡Bienvenidos a la segunda prueba!— anunció Bagman.— ¡Anoche a nuestros cuatro campeones se les fué robado algo, un tesoro invaluable!, ¡Ahora estos cuatro tesoros, uno por cada campeón, ya hace bajo la superficie del lago negro! ¡Disponen exactamente de una hora para recuperar lo que se les ha robado!

—Bien, todos los campeones están listos para la segunda prueba, que comenzará cuando suene el silbato.— indico el profesor Dumbledore.— Así que cuando cuente tres: uno... dos... ¡tres!

El silbato sonó, Harry se quitó los zapatos y calcetines, salvó del bolsillo las branquialgas y las metió en su boca mientras entraba al lago. Se llevó las manos a la garganta, y notó dos grandes rajas justo debajo de sus orejas: eran agallas. Se retorció para verse los pies desnudos: se habían alargado y también les habían salido membranas, era como un pez.

Desde la superficie, Neville estaba preocupado de que las branquialgas no funcionarán y Harry se estuviera ahogando.

—¿Qué le pasó?— preguntó Seamus Finnigan. 

—No lo sé, no lo veo.— contestó Dean Thomas.

El rubio cada vez se ponía más nervioso:— ¡Oh por Dios, matamos a Potter!

De pronto Harry salió dando una vuelta en el aire, tenía aletas y agallas en los costados. Todos en las gradas gritaron emocionados. Harry se hundió en las profundidades. No veía más allá de tres metros, mientras nadaba velozmente, las cosas salían de la oscuridad. Bajo más y más profundo.

Pequeños peces pasaban en todas direcciones, algunos los seguían junto a él. Una o dos veces creyó que algo gigante se acercaba pero solo eran rocas o algún tronco grande. No había rastro de los demás campeones y tampoco de ese tesoro que se llevaron.

¹ Tu m'as suave | Harry Potter |Donde viven las historias. Descúbrelo ahora