Four

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Por fin después de muchas horas pudo conciliar el sueño, aunque no por mucho rato porque a las plenas cinco de la mañana se despertó por voces que provenían afuera de su habitación.

Frunció el ceño tomando sus lentes, pero cuando los buscó con su mano en la mesita de noche no estaban.

Se levantó sin poder ver nada, literalmente estaba ciego, veía borroso, no solo por eso sino también por no acostumbrarse a la luz cuando recien se levantaba, aún así diferenciaba figuras, como el cabello negro alborotado que se asomaba por un espacio de la ventana. Era Quacki.

Aún frunciendo más el ceño se acercó sin abrir la puerta, logrando escuchar lo que sea que estaba hablando con alguien el azabache.

—¡Te dije que no entraramos, Nacho! ¿¡Por qué me obligaste a agradecerle!? ¡Mira lo que hicimos! ¡Me va a matar!—

Gritó exaltado el bajito, mirando al niño de máscara de oso blanco enfrente de él, quien detrás de la máscara ocultaba su rostro apenado y nervioso.

Doied arqueó una ceja, solo podía escuchar, pero no ver ¿De qué estaba hablando Alexis?

Para no hacerse más una melcocha¹ en la cabeza, decidió salir. Abrió la puerta de golpe, escuchando los gritos ahogados de ambos individuos que lograba visualizar como sombras frente suyo.

—¿Qué están haciendo aquí?— Preguntó, aún con los ojos entre cerrados y ganas de tirarse a su cama de vuelta para dormir. Escuchó a Quacki tartamudear y luego aclararse la garganta para hablar bien.

—¡Nada! Solo paseaba con Nachito, em, ya nos íbamos— Empujó al niño por la espalda y lo hizo salir soplado de ahí, Doied a la lejanía los miraba raro, pero se dispuso a buscar sus lentes, no quería matarse por no ver.

Lo mataría, estaba seguro que lo mataría

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Lo mataría, estaba seguro que lo mataría.

A paso lento pero apresurado se dirigió a la oficina de Quacki, ya que sí, éste tenía su propia oficina, como él su laboratorio que era su oficina a la vez.

Abrió la puerta de un solo portazo haciendo sobresaltar al mayor que yacía descansando plácidamente en su silla de cuero.

Casi no lo podía ver, pero estaba seguro de lo que hizo. —Mira pendejo ¿¡Dónde mierda dejaste mis lentes!?— Gritó acercándose y poniendo sus manos en el escritorio, Quacki tembló y se reincorporó aún en la silla.

—N-no sé de qué hablas ¿Por qué me culpas a mí?— Se encogió de hombros con una sonrisa nerviosa, su tono de voz hizo a Doied hervirle la sangre.

Pegó un golpe a la mesa, haciendo brincar al pelinegro —¿Me crees imbecil? Más vale que me digas donde los dejaste si no quieres que te haga ver estrellas en la cabeza— El mayor no pudo evitar reír ante la amenaza.

Sonrió pícaro y se hizo hacia el frente quedando cara a cara con el castaño —Ay Santi, no pensé que resolvias las cosas así—

El menor hizo una mueca de asco y rodó los ojos, reincorporandose y cruzandose de brazos. Suspiró con cansancio y acarició el puente de su nariz, notó como el mayor tartamudeaba, pero al final suspiró

Eres Insoportable || Q!ElQuackity x Q!DoiedDonde viven las historias. Descúbrelo ahora