La Tormenta

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¿Alguna vez has sentido que una tormenta te consume por dentro?

Un estrés que no se va,
una presión que te aplasta,
y te roba el aire,
haciendo que todo se vuelva más pesado.

Es como si algo te estuviera hundiendo,
un miedo que te arrastra,
una ansiedad que te aprieta,
y no te deja pensar con claridad.

Tu mente es un caos,
una maraña sin salidas,
donde el estrés se convierte en tu único compañero,
y la ansiedad es la única verdad que sientes.

Intentas buscar un respiro,
pero todas las puertas parecen cerradas,
y el estrés, como un peso constante,
te persigue, no te deja escapar.

Te sientes atrapado en un bucle,
donde cada día es una batalla sin fin,
y cada hora se convierte en una lucha constante,
por algo tan simple como respirar.

No hay lugar al que huir,
no hay refugio donde esconderse.
El estrés te persigue,
te agota hasta que ya no sabes qué más hacer.

Es como si fueras un barco,
a la deriva, sin dirección,
perdido en medio de una tormenta,
sin timón, sin control.

El estrés es el viento que te azota,
la ansiedad es la corriente que te arrastra,
y en cada golpe de las aguas,
te preguntas si alguna vez volverás a la calma.

Te sientes como un árbol,
quebrándote bajo el peso del frío,
las ramas se doblan,
pero sigues ahí, aguantando.

El estrés se convierte en un invierno sin fin,
un frío que te congela el corazón,
y la ansiedad, como un viento cortante,
te deja sin fuerzas, sin aliento.

Y a veces, te preguntas si podrás encontrar
una chispa de serenidad en medio de todo esto

Pero sabes que, aunque el lastre parece insoportable,
aún sigues de pie,
aún sigues respirando,
y a pesar de todo, sigues luchando.

El estrés agudo puede ser una experiencia muy dolorosa y abrumadora.

Lenguaje de las cicatricesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora