En mi mente, un recuerdo persiste,
una herida que nunca cierra,
un susurro que me hiela el alma,
una voz que me hace temblar,
una sombra que me sigue,
sin tregua, sin final.
¿Alguna vez te han robado el aire? No hablo de un golpe o de una caída. Hablo de esa sensación de asfixia que te invade cuando te quitan algo que no les pertenece. Ese instante en que tu voz desaparece, enterrada bajo el peso de algo que no elegiste, de algo que nunca pediste.
En mis sueños, vuelves de nuevo,
con la misma sonrisa, la misma mirada,
que solo ocultan la daga,
esa que aprisiona mi espíritu
y desgarra mi calma.
Despierto entre lágrimas,
cargando el peso de tu fantasma,
una presencia que nunca se apaga.
Es como si viviera atada a un instante. Como si el tiempo se hubiese detenido en aquel momento, congelándome en una imagen que no puedo borrar. Cada vez que cierro los ojos, me pregunto si alguna vez volveré a sentirme segura en mi propia piel.
Hoy ese recuerdo arde
como fuego que no se extingue,
un abismo de miedo y dolor
del que no sé escapar.
El eco de aquel momento
es una cadena invisible
que me ata a ti,
y con cada paso hacia la salida
me devuelve al centro del miedo.
¿Y sabes qué es lo peor? Que no puedo huir de tu sombra. Que no sé cómo olvidarte. Eres parte de mí, como mi propio aliento, como mi propia pena.
Un recuerdo que se aferra,
que no cesa, que no perdona.
Pero hay algo más fuerte que la sombra,
una voz que nace entre las grietas:
es mi voz, pequeña pero incansable,
repitiendo que las cicatrices no son finales,
sino capítulos en un libro aún escribiéndose.
Y aunque tiemble, me escucho.
Aunque duela, me reconozco.
No puedo cambiar lo que pasó. No puedo borrar las marcas que me hicieron, pero puedo aprender su lenguaje:
cada línea en mi cuerpo, cada silencio roto,
me susurra que sigo aquí,
que no soy solo mi herida,
sino también mi curación.
Pero en lo más hondo de mi ser,
anhelo la libertad.
Sueño con soltar este nudo,
romper este yugo que me consume.
Quiero hallar la paz que tanto deseo,
la paz que me hará libre,
que cerrará las puertas del pasado
y me devolverá la vida.
Y mientras te lo cuento, sé que quizás no lo entiendas del todo, pero necesitaba decirlo. Necesitaba escucharme en voz alta para recordarme que, aunque hoy me sienta rota, sigo siendo yo. Sigo aquí.
A quienes cargan sombras ajenas y cicatrices como testigos, a quienes, como yo, se enfrentan a su dolor y buscan la calma: no estamos solos. Somos campos de batalla que florecen, el lenguaje que la supervivencia escribe en la piel y el alma. Este poema es para todos los que se atrevieron a soñar con sanar.
ESTÁS LEYENDO
Lenguaje de las cicatrices
Poetry"En 'Lenguaje de las cicatrices', un viaje poético a través del dolor y la sanación, se explora la transformación que ocurre cuando las heridas físicas y emocionales dejan su huella en el cuerpo y el alma. A través de secciones, el libro sigue el pr...
