Capítulo 1: Un Regalo Bajo la Lluvia
La lluvia caía con fuerza aquella noche, golpeando con insistencia los cristales de la ventana. El sonido de las gotas se mezclaba con la tranquilidad que reinaba en el pequeño departamento de Nayeon. A pesar del caos de su vida como idol, en esos momentos disfrutaba de la calma que la lluvia le ofrecía. Solo unos minutos antes había terminado de hablar con Momo, su mejor amiga y compañera en los escenarios, asegurándole que la vería al día siguiente para practicar.
Cuando Nayeon se disponía a cerrar las cortinas y prepararse para dormir, un golpe seco resonó en la puerta de su casa. Frunció el ceño, intrigada. ¿Quién podría estar fuera a esa hora y con ese clima? Sin pensarlo demasiado, caminó hacia la entrada y, al abrir la puerta, lo primero que sintió fue el viento frío mezclado con la lluvia. Pero entonces, su mirada se detuvo en algo que no esperaba encontrar: una pequeña canasta, cubierta con una manta húmeda.
Delante de ella, en el suelo mojado, había una pequeña cesta de mimbre. Estaba envuelta en mantas gruesas y húmedas, y algo se movía suavemente dentro. Al agacharse, Nayeon descubrió lo impensable: un bebé. Una pequeña criatura de mejillas rosadas que dormía plácidamente a pesar de la tormenta y del frío. La lluvia caía sobre las mantas, mojándolas aún más, pero el bebé, por alguna razón milagrosa, parecía estar lo suficientemente abrigado.
—¿Qué... qué es esto? —exclamó, sorprendida y un poco asustada. No había ninguna nota, ningún indicio de quién lo había dejado allí.
Sin perder tiempo, Nayeon tomó la cesta entre sus brazos y entró rápidamente en la casa, cerrando la puerta tras de sí para bloquear el frío. Una vez dentro, dejó al bebé sobre la mesa de la sala de estar y comenzó a quitarle las mantas húmedas con delicadeza. La pequeño, que no tendría más de unos pocos meses, soltó un leve gemido y abrió los ojos, mirando a Nayeon con una curiosidad que solo un bebé podría tener.
—Oh, cielos... —susurró ella, sintiendo una oleada de ternura mezclada con confusión—. ¿De dónde vienes? ¿Y quién te ha dejado aquí?
La situación era surrealista. Allí estaba, a las dos de la madrugada, en plena tormenta, con un bebé en sus brazos. No sabía qué hacer. Ella no tenía experiencia cuidando niños, y aunque era conocida por ser la "unnie" del grupo, ser responsable de una criatura real era un desafío que jamás había imaginado enfrentar.
Instintivamente, pensó en Momo. Su compañera de grupo y una de sus mejores amigas era una de las personas más responsables y confiables que conocía. Si alguien podría ayudarla a resolver esta situación, era Momo. Además, ella siempre había sido buena con los niños... al menos mejor que Nayeon.
Sacando su teléfono, Nayeon marcó rápidamente el número de Momo. El sonido de los tonos de llamada retumbaba en sus oídos mientras intentaba calmar al bebé, que comenzaba a agitarse. Después de lo que parecieron minutos interminables, la voz soñolienta de Momo respondió al otro lado de la línea.
—¿Nayeon? —dijo Momo, su voz adormilada y confusa—. ¿Qué pasa? Son las dos de la mañana.
—Momo, lo sé, lo siento mucho por llamarte a esta hora, pero necesito tu ayuda —dijo Nayeon rápidamente, sintiendo cómo la ansiedad se apoderaba de ella—. Es algo urgente.
Momo, aún algo confundida, se enderezó en su cama.
—¿Estás bien? ¿Qué está pasando?
—Es que... hay un bebé en mi casa. Lo encontré en la puerta, alguien lo dejó bajo la lluvia. No sé qué hacer.
Hubo un largo silencio en la línea.
—¿Qué? —preguntó Momo finalmente, como si no hubiera escuchado bien.
—Un bebé, Momo, ¡un bebé de verdad! —exclamó Nayeon—. Estaba en una cesta, empapado por la lluvia. No sé de dónde vino ni quién lo dejó, pero está aquí, en mi sala de estar, mirándome.
—¡Voy para allá! —dijo Momo rápidamente, ya completamente despierta—. Dame diez minutos.
Mientras esperaba, Nayeon hizo lo que pudo para secar al bebé y envolverlo en una manta limpia. No dejaba de mirar esos pequeños ojos curiosos que ahora la observaban fijamente. Sentía una mezcla de nervios y asombro. Jamás había sostenido a un bebé tan pequeño en sus brazos, y mucho menos haber estado a solas con uno.
Diez minutos después, Momo apareció en la puerta, empapada por la lluvia pero claramente preocupada. Entró rápidamente y dejó su paraguas junto a la puerta antes de dirigirse hacia la sala.
—¡Oh, por Dios! —exclamó cuando vio al bebé en brazos de Nayeon—. ¡Es tan pequeña!
—Lo sé —dijo Nayeon, suspirando con alivio al ver a su amiga—. No sé qué hacer, Momo. Simplemente lo encontré en la puerta.
Momo se acercó y, con la experiencia de alguien que había crecido cuidando a sus sobrinos, tomó al bebé con delicadeza de los brazos de Nayeon.
—Bueno, lo primero es asegurarnos de que esté bien. Parece estar sano, pero debería estar en un hospital, ¿no crees?
—Sí, pero... ¿y si alguien lo dejó ahí a propósito? —preguntó Nayeon, mordiéndose el labio—. No había ninguna nota, nada. No sé si debo llamar a la policía o...
Momo la miró con seriedad, pero luego sonrió suavemente.
—Vamos a resolver esto. Primero, lo mantendremos a salvo y abrigado. Luego, mañana por la mañana, llamaremos a las autoridades para que nos guíen sobre qué hacer. Lo más importante ahora es que el bebé esté bien.
Nayeon asintió, sintiéndose algo aliviada. Con Momo a su lado, sentía que podría manejar la situación, aunque fuera por unas horas más. Mientras tanto, el bebé seguía mirando a ambas, ajeno al caos que había desatado su presencia.
—¿Sabes? —dijo Momo, acomodando al bebé en sus brazos—. Quizá esta sea una señal de que necesitas practicar tus habilidades maternales.
Nayeon rodó los ojos, aunque no pudo evitar reírse un poco.
—No empieces, Momo. Esto ya es bastante complicado.
Ambas amigas se miraron por un momento, y luego la risa nerviosa de Nayeon rompió el silencio.
—Vamos a pasar la noche cuidando a un bebé, ¿verdad? —preguntó Nayeon, resignada.
—Parece que sí —respondió Momo, mientras el bebé se acurrucaba contra ella, finalmente volviendo a dormirse.
La tormenta continuaba rugiendo afuera, pero dentro de la pequeña casa, las dos amigas se preparaban para una noche inesperada. Y aunque no sabían lo que les depararía el futuro, algo estaba claro: sus vidas estaban a punto de cambiar.

ESTÁS LEYENDO
Idols and moms
FanfictionNayeon encuentra un bebé en la puerta de su casa y lo único que se le ocurre es llamar a Momo..