cap 236

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El singular espectáculo de Dolores

Sofía se alegró de saber que su plan había tenido éxito, pero cuando vio que
Colin y Dolores se mostraban cariñosos el uno con el otro, le resultaba difícil
sonreír. Como no quería ver más a Colin, se fue a la sección de pastelería para
comer algo.
Cuando comenzó el espectáculo, Colin hablaba con Pascua. Con el rostro
enrojecido, Dolores soltó el brazo de Felice e involuntariamente se levantó el
vestido.
Esa noche, Dolores llevaba puesto un vestido de noche de color lila y un chal
blanco sobre los hombros.
Al momento se le cayó el chal al suelo.
Felice, que hablaba felizmente con una señora de dinero, no notó nada
extraño en su hija.
La gente se sorprendió al ver a Dolores. Para alivio de todos, se agachó y
recogió su chal, pero aún no había terminado. Después de poner el chal en una
mesa de al lado, empezó a acariciarse el cuello indecentemente. Parecía una
danza erótica. Todos permanecieron en silencio, estupefactos.
Luego sus manos bajaron por su cuello...
Los invitados que bebían vino se atragantaron observando la escena.
—¡Oh, Dios mío! ¿Qué está haciendo Dolores?
—¡Se está toqueteando en público! ¡Qué mujer tan descarada!
—¡Incluso se subió el vestido!
La gente susurraba y se reía ante tal panorama.
Cuando Dolores se movía de manera más sensual, los hombres no podían
apartar los ojos de ella.
Hasta que la mujer con la que Felice estaba hablando miró fijamente a
Dolores escandalizada, Felice no se dio cuenta del comportamiento inusual de su
hija.
Felice estaba horrorizada. El comportamiento de su hija era extremadamente
obsceno. Todos estaban hablando de Dolores, lanzando miradas críticas y
señalándola por el ridículo que estaba haciendo. Ruborizada, Felice corriórápidamente para agarrar las manos de su hija.
—Dolores, ¿qué estás haciendo?
Dolores no le prestó atención. Ella gimió lentamente: —Necesito un
hombre...
Felice se dio cuenta de que algo le ocurría porque su cara tenía un color rojo
alarmante. Con pánico llamó rápidamente a Colin. —¡Colin, por favor, lleva a
Dolores a la habitación inmediatamente!
Colin ya se había percatado de la vergonzosa conducta de Dolores, pero él
fingió que no pasaba nada mientras la sostenía. —¿Qué ocurre, Dolores?
Al sentir el olor de un hombre, ella le rogó a Colin: —Colin, te necesito...
Por favor... Ayúdame con esto...
Dolores miró a Colin con deseo. Los invitados que estaban cerca de Colin se
taparon la boca escandalizados. ¡Quién creería que Dolores era una mujer tan
lujuriosa!
Felice estaba avergonzada. Para evitar que su hija volviera a decir algo más,
la llevó a un dormitorio y le pidió a Colin que la acompañara.
Fue un alivio para Felice ver a Colin y Dolores entrar al dormitorio que había
preparado con antelación, pero de igual modo el comportamiento de su hija ya
había arruinado su imagen. Ese pensamiento hizo que Felice rechinara los
dientes con ira. ¿Qué le había pasado a su hija?
Nada más entrar en el dormitorio sintieron un olor intenso. Colin miró a su
alrededor con desconfianza y encontró un quemador de incienso en la esquina.
Mientras estaba distraído, la mujer que tenía en sus brazos agarró con avidez
su ropa.
Colin la empujó y ella se cayó al suelo.
Él sacó su teléfono móvil y marcó un número. Corrió hacia la ventana y
susurró: —Entra. ¡Ten cuidado de que no te vean Felice y Jacinto!
Dolores trató de levantarse agarrando a Colin. Cuando él se dio la vuelta, ella
agarró su cinturón y lo desabrochó.
Colin realmente quería patearla, pero cuando levantó el pie sintió un mareo.
¿Qué estaba pasando?
De vez en cuando, Sofía observaba las habitaciones del primer piso. ¿Por qué
Colin seguía adentro? ¿Estaba teniendo sexo con Dolores?
Ella se puso pálida solo de pensarlo.
No, ella no podía permitir que eso sucediera. Sofía sacó su teléfono y llamó a
Colin. La llamada entró rápidamente y pudo escuchar a Colin jadeando. —Hola.
Era obvio que algo no iba bien. La mente de Sofía se quedó en blanco. Ella
dijo con inquietud: —Colin, tú... ¿Qué estás haciendo?
Tenía la intención de decirle a Colin que saliera rápido, pero parecía que yaera demasiado tarde.
Colin puso su mano sobre el alféizar de la ventana tratando de aguantar el
malestar que invadía su cuerpo. Parecía saber lo que había sucedido. —
¡Espérame en la Mansión Cercis Chino! —dijo inmediatamente.
Sofía no estaba segura de si ya habían comenzado. —Colin, ¡sal ahora!
Se suponía que el lápiz labial provocaba que las personas que se lo aplicaban
perdieran el control, haciéndoles hacer cosas que jamás habrían hecho por
voluntad propia.
Pero esto no tenía nada que ver con Colin. ¿Colin la besó?
Él colgó directamente el teléfono y apartó a Dolores. Cuando un hombre
entró, le dijo: —Ven y sustitúyeme.
Sofía no sabía qué hacer. Unos minutos después se encontró con Quintas. —
Prima, me tengo que ir ahora. Hay algo que necesito resolver.
Quintas preguntó: —¿De trabajo? ¿No está Mario en la oficina? —Mario
tenía la intención de ir esa noche, pero algo terrible sucedió en la compañía y lo
estaba solucionando con Ynocente.
Sofía negó con la cabeza. —No, es personal.
Al mirar la cara pálida de Sofía, Quintas preguntó: —¿Estás enferma?
Antes de que Sofía pudiera responder, vio a un hombre caminando hacia la
puerta trasera. Su instinto le dijo que era Colin. Rápidamente respondió: —No...
No te preocupes, estoy bien.
—Bueno, ¡ten cuidado en la carretera!
—¡Adiós!
En pánico, Sofía corrió hacia la puerta en tacones. ¿Por qué salió Colin?
¿Significaba que no había pasado nada entre Dolores y él?
Cuando salió, el Cayenne negro acababa de irse.
Sofía se subió rápidamente a su auto y lo siguió a la Mansión Cercis Chino.
Sofía se había gastado más de cien mil en su auto y Colin un millón en el
suyo. Su coche no podía compararse con el de Colin, pero intentó seguirle el
ritmo. Cuando abrió la puerta de la Mansión Cercis Chino, Colin llevaba
esperándola más de diez minutos.
Las luces estaban apagadas en la sala de estar. Cuando Sofía cerró la puerta y
fue a encenderlas, una figura corrió hacia ella y le dio un beso abrumador.
Oliendo el familiar aroma de Colin, Sofía suspiró aliviada. Pero algo le
sucedía y solo había una posibilidad. Le preguntó a Colin con tono de urgencia:
—¿Besaste a Dolores?
Si Colin hubiera besado a Dolores, el veneno de su lápiz de labios se lo
habría pasado a él.
—No, ¡no la besé! —Desbordado por la intensa excitación, Colin no le dio laoportunidad de hablar. Parecía que quería consumirla.
Sofía tuvo una noche de pasión con Colin.
En la villa de Pascua, muchas personas suponían que ni Dolores ni Colin
habían salido del dormitorio. Después del banquete, Felice corrió a una
habitación del primer piso y escuchó movimientos en el interior.
Los movimientos... El sonido de unos movimientos bruscos resonaba en la
habitación.
Aunque Felice se había sentido humillada, todo estaría bien si su hija hubiera
conquistado a Colin y se hubiera convertido en su esposa.
Una vez que su hija fuera la esposa de Colin, nadie se atrevería a hablar
sobre este asunto.
En el camino de regreso le preguntó a Jacinto: —Algo no está bien. ¿Quién
drogaría a Dolores?
Felice no culpaba a la persona que había drogado a su hija. Por el contrario,
el culpable le había hecho un favor. En ese momento estaba más preocupada por
llevar a Colin al dormitorio que por saber quién había sido.
—¿Fue Sofía Lo? —Solo podía ser ella

ENAMORADA DE COLIN (SEGUNDA PARTE )Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora