Dulce carga
La habitación temporal de Preciosa era simple, con una sola cama y una
colcha. Además, había dos mesas, algunas sillas y un armario. No contaba con
más muebles ni ninguna decoración.
Al mediodía, Sofía y Mario se quedaron en el templo para comer. Cuando se
preparaban para salir por la tarde, comenzó a llover.
Debido a que era difícil caminar por el sendero de la montaña con lluvia,
Sofía y Mario decidieron esperar hasta que dejara de llover. Pero la lluvia se hizo
más y más intensa, y no se detuvo hasta que cayó la noche.
Eran alrededor de las 8 de la noche, seguía lloviendo. Sofía finalmente
abandonó la idea de bajar la montaña. Preciosa preparó dos habitaciones para
que se quedaran a pasar la noche.
En la montaña, los teléfonos móviles no tenían servicio y todos se acostaban
temprano para dormir.
Al pie de la montaña, Colin llamó a Sofía docenas de veces, pero no obtuvo
respuesta. Después de haberle preguntado a Alejandro, descubrió que Sofía y
Mario habían subido a la montaña.
Eran más o menos las seis de la tarde. Suprimiendo los celos en su corazón,
le preguntó a Alejandro: -¿Cuándo volverán?
Alejandro tampoco lo sabía. -Ella no me lo dijo. Lo único que dijo fue que
subirían a la montaña, pero supongo que ella volverá pronto.
Había querido decírselo a Colin esa mañana. Pero Colin estuvo ocupado
afuera todo el día.
Cuando Colin regresó por la noche, Alejandro había salido y de nuevo no se
vieron. Se habían vuelto a encontrar hasta ahora.
A las ocho y media de la tarde, Colin recogió su abrigo. -Vamos. Iré
contigo y esperaré hasta que Sofía regrese.
¿Qué? Alejandro estaba confundido. ¿Qué quiso decir Colin? ¿Colin iba a
volver a casa con él?
Terminaron por irse a casa juntos. Ordenaron comida a domicilio y hasta que
se había preparado la comida, Sofía seguía sin regresar.Llamó a Mario de nuevo, pero la llamada no pudo conectarse.
Justo cuando Colin se preocupaba tanto hasta el punto de que estaba listo
para subir la montaña, Mario contestó el teléfono.
Pero la señal era terrible. Parecía que todavía estaba lloviendo en la montaña.
Colin preguntó en tono hosco: -¿Todavía estás en la montaña?
-Sí... regresa... a dormir. -Debido a la mala señal, la comunicación se
cortaba y Colin no pudo escuchar la oración completa.
¿Regresa a dormir? Además de confirmar que Mario y Sofía todavía estaban
en la montaña, Colin no obtuvo ninguna otra información útil.
Tan pronto como la llamada se desconectó, Colin llamó ansiosamente a
Mario varias veces más.
En la montaña, Mario salió con un paraguas y estaba a punto de devolverle la
llamada a Colin.
Pero antes de que pudiera marcar el número, su teléfono comenzó a sonar.
Miró el nombre del Colin en la pantalla y sonrió con ironía. Colin estaba
preocupado de que tuviera una aventura con Sofía en la montaña.
Él contestó el teléfono. -Colin, habla Mario.
-¡Puedo enviar a alguien por ustedes ahora! -Colin estaba loco de celos al
pensar que Mario y Sofía estaban solos en la montaña.
Mario se rió entre dientes, seguido de un relámpago y el retumbar de un
trueno. Sin que él explicara más, a Colin le quedó claro que era imposible que
alguien subiera o bajara de la montaña.
Había una fuerte tormenta en el lugar.
-¿Estás seguro de que no volverán esta noche? -Colin no quería darse por
vencido.
Mario confirmó. -Sofía está dormida. Regresaremos temprano por la
mañana.
-¡Yo puedo ir por ustedes! -Dijo Colin desesperado, levantándose del sofá
y corriendo hacia la puerta.
-Ya es muy tarde. Aunque vinieras, ya no hay lugar para que duermas. Aquí
sólo hay una cama individual para cada persona. -Mario se sintió un poco
culpable. Tenía que admitir que no quería que Colin fuera. Aunque su cama si
era tamaño individual, la cama de Sofía era lo suficientemente grande como para
que dos personas pudieran dormir.
-No me importa si no tengo una cama. -Colin ya se estaba cambiando los
zapatos preparándose para salir de casa.
Mario suspiró sin poder hacer nada. -No la tocaré. Hemos sido amigos
durante muchos años. ¿No confías en mí?
Seguía lloviendo muy fuerte. A Mario le preocupó la seguridad de Colin sisubía la montaña de noche. Decidió retractarse.
Sus palabras finalmente detuvieron a Colin de salir. Pasó un buen rato antes
de que Colin hablara en voz baja: -Dile a Sofía que la estoy esperando.
Ambos se quedaron en silencio. Los truenos sonaron más fuertes, y la lluvia
caía implacablemente sobre el paraguas de Mario. El clima coincidía con el mal
humor de Mario. La luz de un relámpago iluminó la tristeza en su sonrisa.
-Colin, yo sé que la amas, pero no me rendiré. Después de todo, tú te vas a
casar con alguien más. -Mario no pudo evitar pensar que si él no podía tener el
corazón de Sofía, sería suficiente tenerla como su esposa.
Mientras tanto, Colin se recostó en la cama de Sofía y dijo con firmeza: -
¡Mario, no voy a casarme con Dolores! ¿Cómo podría casarme con una mujer
tan malvada? ¡Ella no se lo merece!
Colin y Dolores no estaban realmente juntos. Colin lo estaba haciendo por el
bien de Sofía.
En ese instante, Mario lo entendió todo.
Ninguno de los dos habló de nuevo. Mario colgó primero. -No te
preocupes, Colin. Descansa un poco.
Fue una noche tranquila.
A la mañana siguiente, Sofía se despertó temprano. Era un día soleado. El
aire en las montañas era fresco.
El sonido del canto budista venía desde la distancia. Sofía respiró hondo el
aire fresco. Estaba de buen humor.
Mario se paró a su lado y lo primero que dijo fue: -Te está esperando.
¿Qué? Sofía no reaccionó.
Mario repitió: -Anoche me llamó y me pidió que te dijera que te estaría
esperando.
...
La sonrisa de Sofía se desvaneció. ¿Estaba ella feliz? ¿Estaba emocionada?
¿O aún estaba enojada?
Sofía no sabía cómo se sentía, pero no podía soportar el comportamiento
bipolar de Colin.
Después del desayuno, Sofía y Mario se despidieron de Preciosa y el abad.
Era muy difícil caminar por el camino mojado de la montaña, por lo queutilizaron palos de bambú como apoyo. Algunas partes del camino estaban tan
resbaladizas que era fácil caerse. Mario tiró el palo de bambú que tenía Sofía y la
cargó en su espalda a pesar de llevar los zapatos llenos de lodo.
-¡Mario, no tienes que hacer esto! Estoy demasiado pesada, solo aumentaré
tu carga. -Sofía se sentía incómoda y quería caminar por su propia cuenta.
Mario sonrió. -No me importa si se trata de una dulce carga.
Sofía no tenía palabras.
Diez minutos más tarde, llegaron al pie de la montaña.
El coche de Mario estaba estacionado a un lado de la carretera. Al lado de su
coche había una Cayenne negra.
Colin se recostó contra su auto, luciendo cansado. Vestía un suéter blanco,
mocasines blancos y un largo abrigo de color marrón. A pesar de su aspecto
desaliñado, lucía muy apuesto.
Con un cigarrillo en la boca, Colin miró fríamente al otro lado de la carretera
mientras Mario llevaba a Sofía.
Era la primera vez que Sofía veía a Colin vestido de forma casual. Solía usar
traje todo el tiempo, pero tal vez este hombre había nacido para usar cualquier
cosa. Ella lo tuvo que admitir... Colin se veía muy guapo.
Mientras estuvo en Milán, ella aprendió mucho sobre diseño de moda
masculina gracias a Leandro.
También dibujó un montón de bocetos de ropa casual para caballero, pero
ninguno la convencía.
Cada vez que dibujaba sus diseños, siempre pensaba en Colin. Quería saber
si él se vería guapo con la ropa que ella diseñaba.
Tenía ganas de poder diseñar algún día un traje que combinara con el estilo
de Colin.
Ella pensaba que un estilo casual sería un poco inapropiado para él a sus casi
treinta y cuatro años de edad. O que no le favorecía en absoluto.
Pero resultaba que ese no era el caso.
Colin, quien llevaba ropa informal, no sólo le resultó ser muy favorable, sino
que también transmitía una indescriptible sensación de comodidad.
Mientras ella seguía asombrada, Colin pisó la colilla de su cigarrillo. Se
acercó, agarró a Sofía por el tobillo y le quitó los zapatos llenos de lodo de sus
pies.
Luego la tomó de los brazos de Mario, acomodó su postura y la metió en su
auto.
Él no subió al auto. Se dirigió a abrir la cajuela, sacó dos bolsas y le lanzó
una a Mario. -Nosotros nos vamos primero. -Colin se metió en el coche.
Él y Sofía estaban en el asiento trasero, mientras que Alejandro iba sentadoen el asiento del conductor.
El Cayenne se alejó.
Al abrir la bolsa que Colin le arrojó, Mario vio una caja de zapatos del estilo
que él solía usar.
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ENAMORADA DE COLIN (SEGUNDA PARTE )
Romanceaquí seguimos con una historia más que de venganza de justicia se le hará justicia a sofia lo y su familia siga viendo
