Capítulo 3: Deseo volverte a ver

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Christine contempló a Raoul con ojos que irradiaban el más sincero de los asombros. Detrás, Philippe ahogó una risa al escuchar el nombre que había pronunciado su hermano. Sin embargo, no le sorprendió tal acto, horas atrás, cuando notó la fascinación de Raoul por la joven Daaé, se dedicó a burlarse de la posición social que tenía la joven artista. Por ende, asumió que sus palabras habían calado en el ego de su hermano y aunque tenía claro que no era posible que una cantante se viera relacionada con un vizconde, sí podría ser posible una discreta relación de bajo perfil. «Si está en búsqueda de una amante será mejor que me vaya», pensó Phillippe y se encaminó de vuelta al foyer.

El corazón de Raoul latía con estruendo, sus oídos estaban aturdidos y, aunque respiraba con dificultad, su rostro mantenía una expresión serena.

—Mi intención al venir hasta aquí es expresarle mi más sincera admiración ante semejante actuación —, una sonrisa se formó en el rostro de Christine y Raoul decidió no detener sus elogios —. Debe estar orgullosa señorita Daaé, esta noche entregó el alma en el escenario.

—Gracias... Erik —, Christine titubeo, le pareció tan extraño tutear al desconocido que estaba frente a ella, pero no sabía qué más hacer, después de todo él solo le dijo su nombre —. Es verdad que he intentado dar lo mejor de mí, pero he de confesar que hay voces más maravillosas que la mía. Por favor, no crea que lo digo con humildad falsa.

—Señorita Daaé, yo tampoco lo digo con una falsa humildad. Allá afuera hay críticos, poniéndose de acuerdo para hablar de usted en los periódicos de mañana, me parece que le apodarán 'La nueva Margarita".

—Me alegra escuchar eso, Richard y Moncharmin estarán felices mañana, cuando lo puedan leer.

—Señorita Daaé, si me permite darle un consejo, no olvide que sus logros deberían incumbirle más a usted que a los demás. Hablamos de su talento y su esfuerzo.

Christine se ruborizó al escucharlo.

—No quiero importunarla más, debe estar cansada. Me despido de usted con la esperanza de volverla a ver —, Raoul le dedicó una leve reverencia y se alejó.

El joven vizconde bajó por la amplia escalera del foyer de la Ópera, admiró maravillado las doradas columnas y enigmáticas estatuas que ornamentaban el lugar. Pasó por debajo de la araña y una sonrisa se dibujaba en las comisuras de sus labios. Tenía la salida justo frente a él, incluso sintió el golpe de aire frío en su rostro, y cuando cruzó el gran portón de la Ópera Raoul se volvió a desmayar.

Las damas alrededor del vizconde hicieron un gran alboroto al ver cómo se desplomaba en el piso, lo que atrajó la atención de quienes aún no habían salido de la Ópera. Philippe fue uno de ellos y corrió a auxiliar a su hermano menor, a quien no le costó demasiado recuperar el sentido. Sin embargo, Raoul se quejaba de haber perdido la memoria, así que de camino a casa su hermano mayor le relató todo lo que hizo. El vizconde abrió de par en par unos ojos con la información que escuchaba y en ellos Phillippe pudo leer una auténtica extrañeza respecto a lo que pasó en la Ópera de Garnier.

 El vizconde abrió de par en par unos ojos con la información que escuchaba y en ellos Phillippe pudo leer una auténtica extrañeza respecto a lo que pasó en la Ópera de Garnier

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Ecos de un sombrío corazón [Retelling del libro "El fantasma de la ópera"]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora