—¿Por qué eres tan perfecto? —le pregunté mientras le acariciaba el pecho desnudo.
Su respiración se había calmado y ahora miraba el blanco techo, pensativo. Se dió vuelta para mirarme a los ojos. Acariciaba mi espalda descubierta con su enorme mano, me sentí muy protegida.
—Si fuera perfecto tú no estarías en mi cama, desnuda, mientras te abrazo —contestó—. Nunca te hubiera dicho que fueras ministro, y tampoco me hubiera sentado a tu lado cuando fuiste esa primera vez.
—¿Desde ese momento empezaste a sentir cosas?
Él asintió con un sonido ronco mientras me miraba los labios, y luego a los ojos.
—Me sorprendí por lo joven que eras —confesé—. El día que fui y te ví.
—Muchos me dicen lo mismo.
El silencio se hizo presente en la habitación, tan pesado como las dudas que cargábamos. Los dos sabíamos que lo que habíamos hecho iba contra todo lo que él predicaba cada domingo. Pero en ese momento, no parecía importar.
—No eras virgen —lo dije como una afirmación.
Él negó con la cabeza.
—No —contestó—. A los dieciséis me enamoré de una chica. Era más grande que yo, tenía veinte, su nombre era Sophia.
—¿Qué pasó con ella? —pregunté cuando se detuvo.
—Ella se mudó a Los Ángeles; nunca me contó el motivo —tragó saliva—. Me enseñó todo lo que sé.
—¿Cómo la conociste? —pregunté—. Si me quieres contar, obviamente.
—Es muy trillado –dijo entre risas.
—-¿Por qué? —pregunté mientras él me contagiaba la risa.
—Porque… la conocí en la Iglesia.
—Ah, bueno —dije con una risita, disimulando mis celos por esta tal Sophia—. Sí, no pueod defenderte.
—Sí lo sé, pero… en ese entonces era muy joven. —Se detuvo un momento para respirar y lamerse los labios—. A ella no le agradaba mi papá.
—¿Por qué?
—Porque pensaba que no me trataba bien —dijo—. Sus padres eran mucho más cariñosos que los míos, muy físicos. En cambio mis padres… me amaron a su forma. Nunca fueron malos, en ningún sentido, solo que… no lo sé.
La manera en la que el silencio inundó aquella habitación se sintió algo espeluznante. Sin embargo acaricié a Nicholas en la mejilla como respuesta ante sus palabras.
—Mi padre nos abandonó a mí y a mi mamá cuando tenía cuatro años —confesé—. Mi mamá nunca quiso contarme el por qué, pero sé que ella nunca tuvo algo que ver. Luego ella conoció a un hombre llamado Kevin y se casó con él. Siempre me trató como si fuera su propia hija y yo… A veces quisiera que él fuera mi padre biológico. Nicholas me miró con una ternura que pocas veces había visto. Su mano subió hasta acariciar mi rostro, y sentí una calidez que me invitaba a confiar en él, a decirle lo que había estado guardando por tanto tiempo.
—Nunca había hablado de esto con nadie —le dije, dejando que mis dedos se entrelazaran con los suyos—. Supongo que nunca sentí que alguien realmente quisiera escucharme.
—¿Por qué lo dices? —preguntó con el ceño fruncido y prestó atención a cada parte de mí.
—Porque —empecé—. No lo sé, la verdad es que nunca tuve tanta confianza con alguien como para contarle mis cosas más íntimas, y más sabiendo que soy una persona algo callada. La mayoría del tiempo soy la persona que escucha y no la que cuenta.
—Todos deberíamos ser escuchados —confesó—. Como tú me escuchaste a mí hace un rato, yo debo hacerlo contigo. Debería ser algo mutuo en toda clase de relación.
El silencio se instaló en la habitación por segunda vez, pero resultó agradable. La luz de la pequeña lámpara de la mesa de luz titilaba de vez en cuando. Nicholas seguía acariciando mi espalda con suavidad, como si hubiera nacido para eso. Cada preocupación que tenía se apaciguaba con el roce de sus manos. Eran la calma que tanto anhelaba.
Lo observé con atención: su cabello desordenado, su mandíbula marcada, sus grandes ojos oscuros que parecían tragarse toda la luz. Había algo en él que actuaba sobre mí como un imán. Era su forma de mirarme, sus distintas formas de mirarme, esa mezcla de ternura y deseo, o incluso la manera en que se interesaba por cada pequeño detalle de mí.
—Cuéntame más de ti –dijo Nicholas, su voz suave pero firme, rompiendo el hechizo del momento.
Fruncí un poco el ceño y sonreí, acomodándome un poco más cerca de él.
—No soy tan interesante —confesé con un ligero tono de incredulidad, como si realmente no tuviera nada significativo que compartir.
Nicholas levantó las cejas, como si quisiera desafiar mi afirmación.
—Todos tenemos cosas que decir —insistió, inclinándose un poco más a mí.
—Crecí en Carolina del Sur —comencé—. En un pequeño pueblo cerca de la playa. Siempre, a fin de curso, solíamos ir con mis amigos a divertirnos en el mar. Cuando fuimos creciendo, esas pequeñas reuniones se convirtieron en fiestas, luego se sumó el alcohol. Una de esas veces yo tomé de más, y… me declaré a mi mejor amigo. No salió nada bien, sinceramente.
—¿Por qué? ¿Qué te dijo él?
—Bueno, básicamente me dijo que le gustaba mi mejor amiga.
—Ay, no puede ser —rió.
—Sí —repetí—Al principio me dolió y no pude verlos a ninguno de los dos por una semana; pero con el tiempo terminó resultando algo cómico. Porque, después de todo, nunca valió la pena.
—¿Y pasó algo entre ustedes dos?
—No –negué—. Por suerte, luego nos peleamos por una estupidez, y nos separamos. Yo me mudé aquí y él sigue allá.
Nicholas jugueteaba con nuestros dedos entrelazados. Sentí que podía contarle lo que sea, de todas formas, ya habíamos cometido la peor parte.
—Tuve mi primera vez a los dieciocho —comenté—. Fue con un hombre mucho más mayor que yo.
—¿Cuánto?
—Treinta —confesé—. Nos conocimos un día en una heladería, y siendo sincera yo le hablé primero. Tenía un aire a Bon Jovi de joven. Entonces empezamos a conocernos, él trabajaba en una farmacia cerca de la ciudad. Entonces un día me dijo que fuera a visitarlo y fue en ese momento.
—¿Te arrepientes? —preguntó.
—No —confesé—. Fue la última pisca que necesitaba par decidir mudarme a Nueva York.
—¿Por qué?
—Porque me hizo dar cuenta que soy capaz de muchas cosas —admití—. Cosas que ni entiendo por qué. Y que además necesitaba un respiro de ese lugar, algo más grande a lo que aferrarme.
—Y elegiste la ciudad más grande de Estados Unidos.
Asentí con la cabeza.
—Olivia —dijo, acariciaba mi labio inferior con pulgar —. Eres mucho más impredecible de lo que crees, y eso me aterra.
*
Nuevo cap mis amores! Espero que les guste. Me queda solo un parcial por rendir, ya casi terminamos este año de estudio tan agotador! Por suerte va todo bien, espero que ustedes también lo estén. L@s quiero! ❤️
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TENTACIÓN SAGRADA | Nicholas Chavez | PAUSADA
FanfictionDesde que tengo memoria me he criado en un ambiente religioso, desde escuelas hasta estar todos los domingos rezando delante del altar. Hace unas semanas tuve que mudarme por la Universidad, y desde entonces he ido a la capilla de este nuevo y de...
