Malia Baker es una chef, repostera y pastelera profesional pero no ha tenido mucho reconocimiento. Decide poner un anuncio en Internet y espera a que le lleguen oportunidades de trabajo para así ayudar a su madre.
Kylie Cantrall, quien es pésima co...
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Kylie estaba en el sillón, abrazada a una almohada mientras miraba la pantalla del televisor sin realmente prestarle atención a lo que pasaba en ella. Las luces del departamento estaban tenues, y el murmullo de la televisión creaba una atmósfera relajante, casi como si intentara suavizar el nudo de pensamientos que se arremolinaban en su mente.
Suspiró, hundiéndose un poco más en el sillón, mientras el rostro de Malia aparecía en sus pensamientos sin que pudiera evitarlo. Últimamente, se encontraba pensando en Malia cada vez más. No solo en su sonrisa, sino en esa energía positiva y paciente que irradiaba. Malia la hacía sentir... diferente. Era como si, al estar cerca de ella, Kylie redescubriera partes de sí misma que había olvidado. Se sentía libre, como si pudiera equivocarse y aprender sin ser juzgada. Y esa sensación, esa calma que Malia le transmitía, se quedaba con ella durante días.
Intentaba comprender por qué Malia la hacía sentir de esa manera. ¿Por qué le daba esa paz que había comenzado a faltarle en otros aspectos de su vida? La forma en que Malia la trataba, como si realmente creyera en ella, la hacía sentir valorada, algo que hacía tiempo no sentía con Nate. Y, al pensar en él, una sensación de incomodidad recorrió su cuerpo.
Cerró los ojos, recordando la primera vez que ella y Nate se conocieron. Habían tenido buenos momentos, eso no lo negaba. Al principio, él había sido atento y cariñoso, con palabras dulces y gestos considerados. Pero, con el tiempo, esos gestos se volvieron menos frecuentes, casi inexistentes. Lo que quedaba ahora eran las excusas, los silencios, las respuestas cortantes... como si ella ya no fuera alguien a quien debía conquistar, sino alguien a quien podía ignorar.
Escuchó el sonido de la llave girando en la cerradura, y luego la puerta abriéndose. Nate entró al departamento, y al verla, se acercó rápidamente para besarla en los labios, como solía hacer sin mucho interés. El beso fue breve, casi automático, y antes de que Kylie pudiera reaccionar, él ya había dado la vuelta para dirigirse hacia el baño.
-Voy a darme una ducha -dijo sin mirarla, mientras dejaba caer su mochila y el abrigo en una esquina del pasillo.
Kylie observó cómo iba dejando un pequeño rastro de pertenencias desde la puerta hasta el baño: las llaves en el mueble de entrada, el teléfono sobre la mesa de la sala, los zapatos abandonados sin cuidado alguno. Se quedó mirando sus cosas, esparcidas, como si su presencia fuera una carga para él. Sintió un impulso de decirle que recogiera sus cosas, pero aún dudaba.
Cuando Nate salió de la ducha, con el cabello húmedo y envuelto en una toalla, Kylie lo observó en silencio durante unos segundos, hasta que finalmente decidió hablar.
-Nate... ¿puedes recoger tus cosas? Dejaste el abrigo en el pasillo y tus zapatos junto a la puerta -dijo, tratando de sonar tranquila, aunque en su interior se agitaba una mezcla de incomodidad y fastidio.