Capítulo 7 🥂

608 53 44
                                        

⋆⋆⋆⋆⋆⋆⋆⋆⋆⋆⋆⋆⋆⋆⋆⋆⋆⋆⋆⋆⋆⋆⋆⋆⋆⋆⋆⋆⋆⋆⋆⋆⋆⋆⋆⋆⋆⋆⋆⋆⋆

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

⋆⋆⋆⋆⋆⋆⋆⋆⋆⋆⋆⋆⋆⋆⋆⋆⋆⋆⋆⋆⋆⋆⋆⋆⋆⋆⋆⋆⋆⋆⋆⋆⋆⋆⋆⋆⋆⋆⋆⋆⋆

Pov Malia:

Es lunes otra vez. El sonido del reloj en la pared me despierta, ese mismo sonido que siempre marca el inicio de otra semana nueva. El sol apenas se asoma por las cortinas de mi habitación, pero ya estoy despierta, mi mente corriendo a mil por hora, algo que ha sido cada vez más común desde que ella apareció en mi vida.

Hoy, como todos los lunes, tengo que prepararme para la clase de cocina. No es una clase cualquiera, no para mí. Y no solo porque Kylie sea mi alumna, sino porque cada vez que nos vemos, siento que hay algo más, algo que no nos hemos dicho, pero que flota en el aire entre nosotras, como una receta que aún no hemos cocinado pero que todos sabemos que está destinada a existir.

En la última clase, la tensión estaba tan presente que casi podía cortarla con un cuchillo. Era como si cada palabra que intercambiábamos, cada gesto, estuviera cargado de algo que ninguna de las dos se atrevía a nombrar. Como cuando estás cocinando algún postre caliente y sabes que el calor tiene que ser exacto para que no se derrumbe. Algo así sentía, que si decíamos lo que estábamos pensando, todo podría venirse abajo, o peor aún, podría no ser lo que esperábamos o por lo menos lo que yo esperaba.

Recuerdo cómo mi mano tembló ligeramente cuando la toqué. No sé si ella lo notó, pero yo sí. Fue un roce fugaz, pero cuando la sentí, el mundo se desvaneció por un segundo. Fue como si el universo hubiera dejado de girar, dejando solo esa mano cálida y suave de Kylie contra la mía. Algo tan sencillo, pero tan profundamente intenso que me hizo desear que el tiempo se detuviera en ese instante, para seguir sintiendo esa conexión, para permitir que el calor entre nuestras manos fuera más allá de un simple gesto. Pero en ese momento, justo cuando parecía que todo se alineaba, su teléfono sonó. Una llamada, tal vez de su jefe, no lo sé. Lo único que recuerdo es que en ese segundo, todo cambió. La chispa se apagó. Ella retiró su mano y, con una disculpa, se alejó para contestar. Y ahí estaba yo, parada en medio de la cocina, sintiendo una mezcla de frustración y anhelo que no supe cómo manejar. Como si se me hubiera escapado algo importante, algo que no volvería a ocurrir si no lo aprovechaba.

Lo peor fue que no pasó nada más. Después de la llamada, Kylie volvió a su lugar, como si nada hubiera sucedido. Y yo, que me había quedado con el corazón acelerado, con la sensación de que habíamos estado al borde de algo... algo importante, pero no pude decir nada. Nada de lo que sentía. Solo sonreí, como si todo estuviera bien, como si no estuviera deseando que el momento hubiera sido diferente. Como si no estuviera deseando que ella hubiera dejado ese teléfono a un lado y se hubiera quedado conmigo.

Ahora, al recordar todo eso, mientras me preparo para la clase de hoy, no puedo evitar preguntarme si ella también lo sintió. Si sus manos temblaron como las mías o si, tal vez, solo fui yo quien se dejó llevar por la intensidad del momento. Todo parece tan claro en mi mente ahora, pero en ese momento, mi cerebro estaba como una olla a presión, sin saber cómo manejar la situación, sin saber cómo actuar sin parecer ridícula o, peor aún, invadir su espacio.

𝑹𝒆𝒄𝒆𝒕𝒂𝒔 𝒅𝒆𝒍 𝒂𝒎𝒐𝒓 | 𝑲𝒚𝒍𝒊𝒂Donde viven las historias. Descúbrelo ahora