Capítulo 3 🥂

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Pov Kylie:

Había llegado a mi departamento después de otra clase con Malia, llena de entusiasmo y con la receta de las crepas dulces prácticamente memorizada. Aún sentía inseguridad en la cocina, pero quería intentarlo sola, poner en práctica lo que había aprendido. Era mi forma de probarme a mí misma que podía mejorar, que esta experiencia era más que solo aprender a cocinar. Malia me había dado la confianza necesaria, y ahora, en mi pequeña cocina, estaba lista para enfrentarme a la harina y los huevos con la misma concentración que pondría en un examen final.

Acomodé todos los ingredientes sobre la encimera: la leche, los huevos, la harina y un poco de azúcar. Me até el delantal y respiré profundamente antes de empezar. Recordaba con claridad la paciencia de Malia, sus instrucciones precisas, y el cálido ánimo en sus palabras que me decían que sí, que yo también podía lograrlo.

Mientras batía la mezcla de los huevos y la leche, me sentía extrañamente tranquila, como si en ese momento solo existiéramos la masa, el bol y yo. Estaba tan absorta que no escuché a Nate llegar. Me sobresalté cuando su voz sonó desde la puerta de la cocina.

-Kylie, ¿qué haces? -preguntó, en un tono tan indiferente que podría haber estado comentando el clima.

Al verlo, me apresuré a sonreír, esperando contagiarle el entusiasmo que yo sentía. -¡Hola! Estoy... intentando hacer crepas -dije, intentando sonar casual pero con un toque de orgullo. Necesitaba contarle lo que estaba haciendo, compartir con él el pequeño logro que significaba para mí. Tenía tantas ganas de decirle lo bien que se sentía aprender algo nuevo, hablarle de Malia y lo inspiradora que era como profesora. Quizás él también se alegraría por mí, o al menos me diría algo positivo.

-¿Crepas? -repitió Nate, alzando una ceja mientras me miraba. Su expresión era casi de sorpresa, pero rápidamente se apagó.

-Sí, empecé a tomar clases de cocina -dije, con el ánimo aún intacto-. Ya sabes, para aprender algo nuevo. Malia, mi profesora, es increíble. Me dijo que cualquiera puede aprender a cocinar con esfuerzo. Ha sido muy paciente conmigo, y...

Mientras hablaba, Nate sacó su teléfono y empezó a revisar la pantalla, como si lo que le decía no tuviera la menor importancia. Sentí como si el aire se enfriara de golpe, y mi entusiasmo se fue apagando como una vela expuesta a una ráfaga de viento. Tragué saliva y volví a batir la mezcla en silencio, tratando de encontrar consuelo en el sonido rítmico del batidor chocando contra el borde del tazón. Pero ya nada sonaba igual.

Intenté concentrarme de nuevo en la receta, aunque el ambiente se sentía denso e incómodo. Cuando la mezcla estuvo lista y la vertí en la sartén, respiré hondo. Quizás, si le pedía que probara, podría cambiar el rumbo de esta conversación.

𝑹𝒆𝒄𝒆𝒕𝒂𝒔 𝒅𝒆𝒍 𝒂𝒎𝒐𝒓 | 𝑲𝒚𝒍𝒊𝒂Donde viven las historias. Descúbrelo ahora