Malia Baker es una chef, repostera y pastelera profesional pero no ha tenido mucho reconocimiento. Decide poner un anuncio en Internet y espera a que le lleguen oportunidades de trabajo para así ayudar a su madre.
Kylie Cantrall, quien es pésima co...
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Pov Malia:
Llevaba ya dos meses dando clases de cocina a Kylie, y aunque me costara admitirlo, el tiempo se me había pasado volando desde que ella había comenzado a venir cada semana. Las clases con ella se habían vuelto algo que esperaba con ansias. De alguna forma, en esas pocas horas de los lunes, mi vida parecía llenarse de algo que hacía tiempo no sentía, una especie de alegría ligera, como una brisa suave en un día caluroso. Kylie había compartido conmigo, hace algunas semanas, que había terminado con su novio, y desde entonces la notaba distinta. Su presencia estaba llena de algo fresco y luminoso que se me contagiaba sin esfuerzo, y verla así me llenaba de una satisfacción que no terminaba de entender.
Hoy, al abrirle la puerta, me di cuenta de inmediato de que algo en ella había cambiado. Estaba más radiante que nunca. Llevaba el cabello suelto, y unos mechones le caían en el rostro de una manera despreocupada y encantadora. Al cruzar el umbral, me lanzó una sonrisa que, sin que lo quisiera, me hizo sentir como si alguien me hubiera encendido una chispa en el pecho.
-¡Hola, Malia! -me saludó con ese tono alegre que cada vez me era más familiar, y que parecía iluminar toda la cocina.
-Hola, Kylie. -Le devolví la sonrisa, sintiendo un leve calor en las mejillas-. ¿Lista para hacer galletas de mantequilla hoy?
Kylie asintió con entusiasmo mientras se acercaba al área de la cocina que teníamos preparada. Colocó su bolso en una silla y se arremangó la camisa, preparada para ensuciarse las manos. Yo también hice lo mismo y le expliqué los ingredientes y pasos, aunque apenas lograba concentrarme en la receta, hipnotizada por su risa y por cada uno de sus gestos.
La harina y el azúcar ya estaban sobre la mesa, junto a la mantequilla que habíamos dejado ablandar. Mientras le pasaba un bol, nuestras manos se rozaron accidentalmente. Fue solo un segundo, pero el toque fue suficiente para hacerme sentir un leve cosquilleo que me desconcertó. Kylie me miró de reojo y sonrió de una forma casi traviesa, como si hubiera notado mi reacción.
-¿Siempre haces que las clases sean tan... divertidas? -preguntó con una expresión inocente, aunque su tono de voz tenía un toque juguetón.
Me mordí el labio, buscando alguna respuesta que no delatara lo que realmente sentía, aunque mi corazón latía demasiado rápido como para ignorarlo.
-Solo cuando... cuando el estudiante hace que todo sea fácil -respondí, en voz baja, evitando su mirada mientras revolvía los ingredientes en el bol.
Sentí que Kylie seguía mirándome, y cuando alcé la vista, nuestros ojos se encontraron. No había palabras en el aire, pero en ese intercambio silencioso, podía percibir una conexión que iba mucho más allá de las palabras. Me obligué a romper el contacto visual y me aclaré la garganta, retomando las instrucciones.