ALCOHOL Y ALGO CONFUSO

4 1 0
                                    

Danna no perdió tiempo en hacer público nuestro noviazgo. En menos de un par de horas, todo el mundo sabía que éramos pareja.
Esto dejó a nuestras amistades un poco sorprendidas, considerando que llevábamos apenas una semana de conocernos.
A ella nunca le mencioné lo que sentía por Mari, pero con cada persona que se enteraba, sentía que la presión iba aumentando. Incluso algunos de la banda, amigos de Raper, lo tomaron a mal y pensaron que estaba aprovechándome de la situación para salir con Danna.
La verdad, no me preocupaba mucho lo que opinaran, aunque algo dentro de mí se sentía incómodo con lo rápido y lo intenso que Danna estaba llevando esto. Aun así, decidí dejar que las cosas siguieran su curso y me fui a casa, no sin antes despedirme de ella.

Al día siguiente, aunque la pasé bien con Danna, era momento de retomar mis clases.
Al llegar a la escuela, nos vimos en la cafetería y desayunamos juntos.
Después, cada uno tomó rumbo a su respectivo salón.
Pero en el camino, me topé con Mari en el pasillo, mi corazón empezó a latir más rápido, me sentía nervioso y no sabía cómo iba a reaccionar al enterarse de lo de Danna. Sin embargo, cuando se lo mencioné, lo tomó de lo más normal. De hecho, parecía no importarle en absoluto y hasta me felicitó.
Esa realidad me golpeó un poco… Yo no le importaba como algo más que un amigo. Con todo, seguimos platicando, y me olvidé completamente de la clase.

Decidimos ir a las canchas a jugar tocho, donde nos encontramos con otro amigo de Mari cuyo nombre apenas recuerdo.
Lo que sí recuerdo es esa sensación de rivalidad al instante: desde que lo vi, supe que también le gustaba Mari. Así que me las ingenié para mantenerlo a raya durante todo el juego, evitando que se acercara demasiado a ella.
Después del partido, volvimos a la cafetería y seguimos charlando.
Fue entonces cuando Mari mencionó lo mucho que amaba la música y que siempre había querido aprender a tocar la guitarra. Me contó que tenía una guitarra que había pertenecido a su tío, quien se la regaló. Para ella, esa guitarra era como una reliquia, tenía un valor sentimental enorme y estaba llena de recuerdos familiares. Sin embargo, también me comentó que estaba en muy malas condiciones, prácticamente hecha pedazos.

Sin pensarlo dos veces, le dije que yo podía intentar arreglarla y darle una nueva vida, pintándola y restaurándola sin cobrarle nada.
Al escuchar eso, sus ojos brillaron y aceptó, prometiendo traerla al día siguiente. Solo que, en ese momento, no tenía ni idea de en qué me estaba metiendo ni de lo complicado que sería.

Mientras me despedía y caminaba hacia mi siguiente clase, sentí una pregunta surgir dentro de mí: ¿Por qué seguía tratando de impresionarla si tenía novia? Y, aunque traté de evitar la respuesta, sabía que era inútil.
Estaba perdidamente enamorado de Mari, y aunque tuviera que ocultarlo, no podía evitar que mis sentimientos tomaran las riendas cada vez que estaba cerca de ella.
La tarde y la noche transcurrieron sin nada fuera de lo común, hasta el momento de irme a casa.
Me fui con la cabeza llena de pensamientos, pero el siguiente día era fin de semana, así que tendría que esperar hasta el lunes para volver a ver a Mari.

Ese lunes, cuando llegué a la escuela, Danna ya me estaba esperando en la entrada. Parecía feliz de verme, pero en cuanto entramos, pasó lo que había intentado evitar Danna y Mari se conocieron, y en un abrir y cerrar de ojos se hicieron amigas.
Mari me entregó la guitarra, y al rato se fue para ver a su novio, mientras Danna y yo nos dirigíamos a clase.

Ya dentro, surgió la pregunta que temía: "¿Por qué la ayudas con la guitarra? ¿Cuánto le vas a cobrar?". Tragué saliva y, con la mayor naturalidad que pude, le expliqué que solo era un favor para Mari, que no le cobraría nada.
Al escuchar esto, el semblante de Danna cambió; su cara se volvió seria y su mirada, algo desconfiada.
Empezó a preguntarse cosas, y aunque sus suposiciones no estaban del todo erradas, la verdad era que yo no podría engañarla. Por más que me gustara Mari, tenía muy arraigados los valores de lealtad y monogamia. Sin embargo, no podía negar que los celos de Danna tenían algo de lógica; Mari era increíblemente hermosa, y mis sentimientos no eran tan sencillos de ocultar.

Esa tarde salí temprano de la escuela y fui directo a casa de Diego, un amigo de la secundaria. Su casa era enorme comparada con la mía, y si alguien tenía los materiales para ayudarme a reparar la guitarra, era él. Diego y yo éramos inseparables; en ese momento, él era como un hermano para mí. Así que no fue sorpresa que, al explicarle la situación, accediera a ayudarme sin dudar. Con una sonrisa cómplice y un sinfín de herramientas en su taller, nos pusimos manos a la obra.
Aunque la verdad solo logramos desmontar la guitarra en partes y limpiarlas un poco; no hicimos gran cosa, la verdad. Nos enganchamos con los videojuegos, y ahí se nos fue la mayor parte de la tarde. Al final, decidí quedarme en casa de Diego para adelantar algo, y nos pusimos a lijar para prepararla para la pintura. Sin embargo, nos equivocamos con la lija, y terminamos rayando la madera, lo que complicó aún más la reparación. Ahora teníamos más que arreglar y no logramos avanzar como pensábamos.

Al día siguiente, entre la escuela y la temporada de exámenes, no tendría tiempo de trabajar en la guitarra, así que la dejé en casa de Diego y me fui a la escuela. Al llegar, busqué a Mari para preguntarle los detalles que quería en su guitarra, como el color de pintura y otros toques. Me dijo que le gustaría en negro, así que conversamos otro rato y luego me fui a clases.

En el camino, empecé a buscar en internet fundas para guitarra, ya que me la había dado sin funda, y si iba a hacer un buen trabajo, quería que fuera algo completo. Aunque al final, la reparación tendría que esperar al menos 15 días para poder retomarla.
Durante esos días, empecé a pasar menos tiempo con Mari y a concentrarme más en mi relación con Danna. La verdad, teníamos una química increíble, y aunque todavía no estaba enamorado, ya me gustaba bastante. Comenzamos a salir con mis amigos Z, Yisus y el Coreano. Nos íbamos de fiesta, al billar o al bosque; la verdad es que la pasábamos bien.

Un día, decidimos llevar una botella a la escuela y nos metimos a un salón vacío a tomar.
El ambiente se fue calentando con Danna, y en un momento se acercó y me susurró al oído que el otro salón estaba vacío y que, a esa hora, ya no había prefectos ni
personal de limpieza rondando. Me puse nervioso; sentía que todo iba muy rápido, pero una parte de mí realmente quería hacerlo, y el alcohol ayudó a que fuera más fácil aceptar.

Le pedí a Z que vigilara la puerta, y él, con una sonrisa burlona, me dijo que disfrutara y que me avisaría si pasaba algo.

Danna y yo entramos al salón, y me di la vuelta para acomodar nuestras mochilas. Danna llevaba un vestido rojo muy sensual.
Cuando volví la mirada hacia ella, estaba sobre el escritorio, y su vestido rojo estaba tirado en el suelo; su lencería era del mismo tono.
Ella me pidio que me acercara.

En ese momento, entre la calentura y el alcohol, ninguno se controlo y sucedió por primera vez, aunque para mi sorpresa, no sentí realmente mucho.

Ella parecía haber disfrutado el momento  aunque no fue muy placentero para mí, sí fue duradero. Estuvimos en ese salon un buen rato.
Después de la primera vez, comencé a sentirme nervioso, preocupado de que alguien entrara, especialmente porque no fuimos nada discretos.
Puede que los nervios y todo no me permitieran disfrutar el momento como debia, ademas de que en realidad pensaba en alguien mas en ese momento, trate de no darle muchas vueltas y actuar normal con danna, al salir del salon z estaba en el piso sentado, esperandonos, cosa que no supe si debia reconocer su lealtad o sentirme perturbado por saber que estaba justo afuera y tal vez pudo escuchar todo, tampoco trate de darle vueltas y salimos de la escuela
Al salir de la escuela, llevamos a Danna a tomar su camión para ir a su casa. Cuando regresamos, había una reunión del 15 de septiembre en el puente frente a nuestra escuela, ya que escuchamos rumores de que otra escuela planeaba atacar.
Al terminar la guardia, nosotros terminamos con nuestras gloriosas porras y, al final, cada quien emprendió su camino a casa.

LA MAGIA DEL ENGAÑODonde viven las historias. Descúbrelo ahora