LA RAIZ DEL HILO

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Los días siguientes transcurrieron de forma bastante rutinaria, o al menos para mí: ir a la escuela, salir con mis amigos o con Danna.
Debido a que Danna era muy absorbente con su tiempo, poco a poco fui aplazando el proyecto de Mari.
Sin embargo, un día mi amigo Diego me llamó y me recordó.
Ese fin de semana decidimos cancelar todo para dedicarnos únicamente a trabajar en la guitarra. Ninguno de los dos sabía bien lo que hacía, pero le pusimos todo el empeño, y finalmente logramos lijar la guitarra y darle mantenimiento a los accesorios.

Luego fuimos a la tlapalería a conseguir las cuerdas y un par de latas de pintura. Pero por problemas familiares, Diego tuvo que irse, así que me llevé la guitarra y todo lo demás a casa. Al llegar, recibí una llamada de Danna, y no pude terminar la guitarra. Esto complicó aún más las cosas, ya que al día siguiente era lunes y no tendría tiempo para terminarla hasta el siguiente fin de semana. No quería hacer esperar tanto a Mari, así que el miércoles, esa misma noche, cuando regresé de la escuela, comencé a pintarla.
El proceso iba a tardar, porque tenía que aplicar varias capas de pintura.
Dejé que las primeras capas se secaran durante la noche y al día siguiente continué pintando. El resultado me gustaba, sobre todo porque era la primera vez que hacía algo así.

Fue en ese momento cuando todo comenzó a desmoronarse.
Mari me llamó y me dijo que su pareja estaba molesto por el tiempo que llevaba con la guitarra y me preguntó si era posible que se la llevara ese mismo día.
Le respondí que no era posible, porque aún le faltaba la última capa de pintura y el barniz.
Ella insistió, diciendo que no importaba si la pintura no quedaba perfecta, que la combinara con su estilo, pero que la necesitaba de todos modos. Con nervios y un poco de dolor, metí la guitarra con la pintura aún fresca en su estuche y me fui a la escuela.

Cuando llegué, pasé un buen rato buscándola hasta que finalmente la encontré en un salón junto a sus amigos y, claro, el imbécil de su novio. Le entregué la guitarra, ella la abrió emocionada, pero lo que pasó después ya lo podían imaginar. Al verla, todo fue un caos.
La pintura se veía fea, opaca, en algunas partes corrida y con gotas, y además, la pelusa del estuche se había adherido a la superficie de la guitarra.
Ella me miró con una expresión de desconcierto y me preguntó, “¿qué es esto?”.
Le respondí que le había advertido que necesitaba tiempo para secarse.
Aunque no lo demostré en ese momento, estaba sumamente enojado. Todo el dinero, tiempo y esfuerzo que había invertido se fueron a la basura.
Ella me devolvió la guitarra para que la arreglara, lo que significó un gasto adicional, y yo no estaba cobrando nada por todo esto.

Solo dije que estaba bien, tomé la guitarra y me fui.
Al llegar con Z, no pude contenerme. A él sí le expresé mi enojo y frustración.

Justo después, tuve un encuentro no tan grato con Danna.
Me reclamó porque, debido a que estaba ocupado con la guitarra, no le había prestado mucha atención esos días.
Tuvimos una discusión, ya que le molestaba que estuviera tan enfocado en lo de la guitarra, más aún porque no solo no me pagarían, sino que además tendría que gastar más dinero. Logramos dejar el tema atrás y pasamos el resto de la tarde juntos.

Al salir, me dirigí a casa de Diego.
Cuando vio la guitarra, casi se infarta al igual que yo.
Nos dimos cuenta de que, debido a que habíamos lijado demasiado para quitarle los golpes, la madera estaba demasiado delgada, lo que podría hacer que se rompiera fácilmente.
En ese momento, decidimos llevarla a su abuelo, que era carpintero.
Él nos sugirió que necesitábamos a alguien con más experiencia para evaluar y restaurar la guitarra.

Al día siguiente, la llevé a una casa de música, donde al verla, el tipo me dijo que mejor la tirara y me sugirió comprar una nueva.
Le expliqué que no quería deshacerme de ella, que quería restaurarla por el valor sentimental que alguien le tenía.
Pero, al ver el estado de la pintura, me dieron una cotización tan alta que superaba fácilmente cuatro veces el valor de la guitarra.
Al escuchar esto, casi me infarto por segunda ocacion, ya que no tenía esa cantidad.

El tipo me dijo que podía restaurarla y pagarla en cuotas, pero al final tendría que trabajar muchísimo para poder cubrir el costo total.
Ese día, empecé a pensar en formas de ganar dinero, porque, debido a la escuela, no podía trabajar.
Además, tener pareja implicaba ciertos gastos, y eso también estaba sumando presión.

Mientras caminaba de regreso a casa, se me ocurrió una idea.
Siempre había sido muy bueno dibujando, y en mi escuela, muchos de mis compañeros sufrían con la clase de dibujo técnico.
Así que decidí ofrecerme para hacer tareas y trabajos de esa materia y cobrar por ellos.
Al día siguiente, comencé a difundir mi propuesta, y como ya era bastante conocido, no tardaron en llegarme encargos.
Aceptaba todos, pensando que podría ganar una buena cantidad de dinero.

Sin embargo, no tomé en cuenta lo tedioso que resultaría hacer todo ese trabajo. Al principio, todo parecía manejable, pero pronto me di cuenta de que, por la cantidad de encargos y el tiempo que me tomaba hacer cada uno, no iba a terminar a iba a terminar

Entonces se me ocurrió que, si todos los trabajos eran similares, ¿por qué no hacer uno y calcarlo?
Así lo hice y terminé mucho más rápido. Aunque logré juntar algo de dinero, no era ni la mitad de lo que costaba la restauración.
A este ritmo, me llevaría otro mes reunir el total, pero tampoco tenía el tiempo para hacer tareas de otros a diario, ya que tenía mis propios deberes que cumplir.

Fue entonces cuando decidí que, si iba a ser yo quien pagara todo, no importaba si me tardaba un poco más. Después de todo, ese gasto no era culpa mía, y pensar de esa forma me relajó un poco.

Así que pasaron un mes y las cosas transcurrieron con bastante normalidad. Llegamos al cierre de fin de semestre, y fue en ese momento cuando realmente comenzó la historia entre mari y yo, la persona que por muchos años creí que era mi otro lado del hilo.

LA MAGIA DEL ENGAÑODonde viven las historias. Descúbrelo ahora