Un encuentro, una mirada, una voz, solo eso es suficiente para que alguien se meta en tus venas y se convierta en todo tu mundo.
El estoico Ben Danner ya tiene mucho con lo qué lidiar en su vida; una vida llena de excesos que apenas lo deja respirar...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
----------------------
Ben
Viajar con una erección durante cinco horas no es algo que se lo desee a nadie.
No pude evitar ser un gruñón idiota durante todo el viaje. Le gruñí a tres azafatas que me ofrecieron agua, le gruñí al anciano del asiento junto al mío porque no paraba de dormitar durante todo el viaje, y ahora sigo gruñendo en la soledad de mi Mustang como un idiota mientras me acerco a la casa de Cameron.
Son las tres de la mañana en California, no tengo mucho ánimo de ser amable o caritativo con mis compañeros de banda, mucho menos cuando recuerdo la forma en que mi noche perfecta con la chica más perfecta que he tenido en mis manos, había terminado.
A mi pene tampoco le gusta la forma en como la noche había terminado.
Y, extrañamente, a mi corazón tampoco le gusta.
Ya no luzco una erección, pero el dolor de las bolas azules no se lo deseo a nadie. Nunca había sentido este dolor. Siempre había obtenido lo que quería, incluso en Rockville, un pueblo donde todo el mundo se conoce y debes aprender a escoger tus ligues, pero justo ahora puedo decir que estoy teniendo mis primeras bolas azules y siento como si me las hubieran arrancado.
En verdad es un dolor terrible.
Y, joder, me siento como una mierda al haber dejado a Aeryn de esa manera. Me hubiera gustado que me acompañara, pero es la madrugada del jueves, ella tiene clases en la mañana y no estoy seguro de si hubiera aceptado venir conmigo, o si yo la hubiera dejado participar en algo tan íntimo.
Eso es una puta mentira.
Hubiera querido que ella venga, hubiera hecho todo porque ella quisiera lo mismo, pero ahora, solo puedo pensar en Jason.
«Maldito Jason.»
No importa que sea un pedazo de mierda, no puedo evitar sentir una extraña opresión en el pecho, al igual que una corriente fría deslizándose por mi cuerpo mientras más me acerco a Beverly Hills. ¿Acaso así se siente la preocupación? Jamás me había sentido de esta manera además de la vez en que recibí una llamada de Demi indicándome que mi madre se había caído del tejado y golpeado su cabeza, y eso terminó muy mal.
No quiero sentir esto. ¿Acaso Jason no puede mantenerse encerrado? Sé que no puedes curar a alguien que no quiere ser curado, pero él debería quererlo.
Mi teléfono vibra, atrayéndome de mis pensamientos.
—¿Dónde estás? —pregunta la voz somnolienta y triste de Cameron.
—Fuera de tu casa —contesto—. Abre la puta puerta.
Cuelga y justo después las puertas de metal se abren de par en par, dejándome pasar.