- primaaaaaaaaaa
- que paso mi cielo?
- tengo hambre
- sip, las 11 justo como tu madre me dijo, ahora voy
- ya termine de recoger el cuarto donde duermo
-muy bien mi amor te mereces el bibi más rico del mundo
- siiiii que ricooo
- te tomas el bibi y ya te cambio para ir a la feria
- si me parece prima
- ok mi cielo espérame en el sofa porfis, pero antes ven aquí que quiero revisarte el pañal
- pero no hice nadaaaa
- que vengas a que te revise te dije
- bueno
- tienes solo pis, no quieres hacer caca mi cielo?
- nopis no tengo popo ahora prima
- mmm creo que si andas un poco estreñido, pero no te preocupes ahora lo solucionamos
Rocío fue a la cocina a preparar el biberón. Pero esta vez le puso un poco más del suplemento que le había dejado su tía para combatir el estreñimiento. Sabía que era un poco arriesgado, porque en unos minutos iban a salir fuera, pero iría preparada para afrontar cualquier adversidad. Planeaba llevar solo una mochila con un pañal y las toallitas húmedas, pero viendo la situación, decidió preparar la pañalera del niño, incluyendo también una muda de ropa por si las cosas se salían de control.
Lo bueno era que su amiga Sandra iba a poder ayudarla ante cualquier imprevisto. Sandra, al igual que Rocío, también cuidaba bebés, por lo que Rocío se sentía más tranquila con ella cerca. Sin embargo, había algo que no la dejaba de preocupar: el biberón también llevaba un poco de chocolate, porque sabía que a su primo le encantaba la leche chocolatada. Además, al haber agregado un poco más del suplemento, sabía que para que la leche no tuviera mal sabor, tendría que cubrir el sabor del medicamento con algo que lo hiciera más agradable.
Si bien el pañal de José estaba orinado, no había ni una sola señal de que hubiera hecho caca. Eso la alarmaba un poco, porque el desayuno había sido muy abundante y el último cambio del pañal con popó había sido el día anterior en la mañana. "¿Y si el suplemento hace efecto en pleno paseo?", pensó Rocío, mientras organizaba sus cosas. Sabía que el suplemento podría hacer efecto en cualquier momento y que, estando en la feria, sería complicado encontrar un lugar adecuado para cambiar al bebé si algo salía mal. La preocupación de que José pudiera tener una "emergencia" intestinal en medio de la multitud era algo que rondaba su cabeza.
Aun así, se sentía un poco más tranquila al saber que Sandra la acompañaría. "Si José necesita un cambio urgente o se siente mal, Sandra sabrá qué hacer", pensaba, aunque la incertidumbre seguía presente. La pañalera estaba llena de provisiones: pañales, toallitas, varias mudas de ropa, y hasta snacks y agua por si el día se alargaba más de lo esperado.
La feria estaba cerca, pero Rocío sabía que las multitudes, las filas y el bullicio podrían complicar aún más la situación si José se sentía mal. En esos momentos, la improvisación sería clave, y confiaba en que podría manejar cualquier contratiempo. Sandra, que también cuidaba bebés, la miraba con una sonrisa tranquilizadora. "Tranquila, todo estará bien. Siempre hay solución", le decía, sabiendo que juntas podían manejar cualquier emergencia.
Tras pensar en todo esto, Rocío decidió tomar un respiro. Fue al sofá con José, quien estaba tranquilo y jugueteando con sus manitas. Le dio el biberón, mientras observaba a su pequeño, intentando calmar sus nervios. El niño, como siempre, disfrutó de su leche chocolatada, ajeno a las preocupaciones de su prima. Después de que José terminara de tomar el biberón, Rocío lo acomodó suavemente sobre el cojín del sofá y, con manos cuidadosas, comenzó a cambiarle el pañal.
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Pañal para el viaje
Adventureun cuento para ABDL - LITTLE José se porta muy bien en la escuela, en la casa ayuda, pero es un poco travieso. Su vida era muy feliz. Solo había una cosa que no había dejado de atormentarlo: que todavía a la edad de 11 años se hacía pis en la cama...
