Rocío observó cómo Sandra se alejaba por el sendero, levantando una mano en despedida. El sol ya se escondía detrás de los árboles y la feria se iba apagando de a poco, como si alguien fuera bajando la perilla de la luz. José caminaba a su lado, todavía entusiasmado, aunque ya un poco cansado por tantas emociones.
—¿Listo para volver? —preguntó Rocío, sonriendo.
—Sipi... digo, sí —corrigió José, rascándose la nuca con un gesto tímido.
Mientras regresaban, el murmullo de la feria se mezclaba con risas lejanas y músicas que se iban apagando. Rocío lo miró de reojo. Había algo extraño en él. No su forma de hablar o de moverse, sino esa expresión, casi perdida, como quien está mitad en su cuerpo y mitad en un sueño que no quiere soltar.
—¿estás bien? —preguntó Rocío.
José tardó un momento en responder.
—Sí... es que... no sé cómo explicarlo. Todo esto... —hizo un gesto amplio con las manos— se sintió tan... familiar. Como si ya lo hubiera vivido antes.
Rocío lo quedó mirando.
—Bueno, a veces cuando uno se divierte mucho, se siente así.
Pero José no respondió. Caminaba en silencio, con el ceño levemente fruncido, como si buscara un recuerdo dentro de una neblina.
Al llegar a la esquina donde se separarían, Rocío le apretó el brazo.
—Nos vemos mañana, ¿sí?
José asintió, aunque parecía más lejos que cerca.
La vio irse, y cuando quedó solo... algo cambió.
El eco de las risas de la feria se apagó por completo.
El aire pareció ponerse más quieto.
Él se frotó los ojos un segundo... y cuando los abrió, la calle ya no estaba.
José se quedó inmóvil, mirando la ventana. Afuera, la tarde caía como si también quisiera descansar. Sintió ese nudo familiar en el pecho... ese mismo que durante años lo había llevado a imaginar otros mundos, más suaves, más simples, más seguros.
Cerró los ojos.
Por un instante volvió a ver a su madre en aquella escena imposible: arropándolo como si todavía fuera un bebé, hablándole con ternura exagerada, como si el tiempo se hubiera detenido justo antes de que la vida se volviera demasiado dura para él y una catarata de recuerdos invadió su mente...
-¿Cuántos añitos tiene el bebé?
-resulta que ya no es tan bebé, tiene 11 años pero es de contextura pequeña.
-11 años! Esta enfermo?
- No nada de eso, se hace pipí en la cama y vamos a empezar a viajar mucho y me parecía una buena solución por el momento.
MAMÁ QUE PASAAA QUE ES ESTOO
- Mami compró unos pañales muy bonitos para ponerte y que nadie se de cuenta que te hiciste pipí
- pero no soy un bebé!!
- Son pañalitos para nenes grandes como vos... te parece?
- bueno esta bien... pero secreto... si?
NO NO NOOO BASTA
- José mi amor vamos a quedar de acuerdo en una cosa: te puedes hacer pis y caca en el pañal. Pero nosotros solo lo usaremos para la pipí, porque la popó va a ser muy olorosa!! pero si es muy urgente te haces popo y mami te cambia el pañal enseguida... Ok?
-Acuéstate así mami te cambia el pañal mojado por uno limpio y fresquito porque aún falta un poco de viaje y aún no tomaste la mamadera de la mañana...
PERO FUE REAL YO RECUERDO QUE SI PASO
José se recostó entre los dos asientos, su madre saco de la mochila las toallitas húmedas y un pamper limpio que se lo dio a José para sostenerlo y comenzó su trabajo: le bajó los pantalones hasta las rodillas, le desprendió el pañal de ambos lados
¿Que paso hijo? Ya casi llegamos
HO NO PORQUE VEO ESTO DESDE AFUERA!! MAMÁ FUERON FANTASÍA...
-ya no aguanto
-Ven aquí a este rincón vas a hacer como cuando eras más chiquito te vas a poner de cuclillas y vas a hacer caca en el pañal
-oye como que alguien hizo popo ¿no te parece?
FUE SIN QUERER PERO COMO ME HUBIERA GUSTADO QUE SEA REAL... YA BASTA... SOLO ME HACEN SUFRIR
-mmm si pero pero fue sin querer
-lo sé no te preocupes que te parece si mejor vamos a cambiarte el pañal ¿que dices?
-mmm no se seño mi mami me cambia siempre
-Tu mami me dejo dicho que si hacía falta te cambiara ¿quieres que la seño te cambie?
-solo si me cambias tu está bien
¿no me digas que quieres tomar teta también jovencito?
-mamiiiii noooo solo preguntaba.... y es rica?
-bueno esta conversación termina aquí pero mira este bebé curioso ve a tu habitación que en un segundo mami está contigo pero será posible! ¿a quién se le ocurre volver a tomar teta?
-Hola tía
-Hola mi príncipe hermoso, vas a venir a visitar a tu tía después de mucho
-Sí (bebe ya terminaste de hacer popo) si mami
-Oye te hiciste caca cochino?
-si tía pero poquita (hey no le mientas a tu tía)
-Seguro que poquito?
-Bueno es que hoy no había podido y ahora si pude y se hizo caca grande
-Bueno mi vida deja que tu mami te cambié y ya te vienes con la tía y la prima que te están esperando pasame a tu madre así la despido
-Adiós hermana nos vemos en unas horas tu sobrino me dejo un regalito apestoso
TODAS MIS VIVENCIAS DE MI INFANCIA LAS CONVERTÍ EN FANTASIAS... YO NO VIVÍ NADA DE ESO SOLO ME DEJÉ LLEVAR POR MIS DESEOS DE SER UN BEBE POR SIEMPRE
- hace calor te vas a quedar en pañal, ve a tirar el pañal y regresa para darte la leche mientras termino el desayuno.
Roció llevo de la mano a su primo al sofá, tomó un clinex que llevaba en el bolsillo, le limpió las lágrimas, los mocos y le dio un beso, le puso caricaturas le acercó el biberón que había llenado con leche materna que su tía le había dejado, y josé se quedo acostado mirando la tele mientras ella terminaba de preparar el desayuno. Rocío sabia que José necesitaba un momento para asimilar lo que había pasado.
Durante tanto tiempo creyó que esos recuerdos eran reales. Que así habían pasado las cosas.
Pero al abrir los ojos, la verdad cayó con un peso distinto.
El cuarto era el de siempre. El silencio, el de siempre. No había rastro de aquella imagen que lo había acompañado durante toda su adolescencia. Nunca lo había tratado así. Nunca habían existido esas escenas que él recordaba con tanta precisión. Eran suyas, pero no pertenecían al pasado.
Eran fantasías.
José respiró hondo y se sentó al borde de la cama. Entendió, finalmente, que había inventado todo aquello de niño, cuando necesitaba sentir que alguien podía protegerlo del mundo. Su mente había creado una versión idealizada de su madre, una madre que lo cuidaba como él deseaba, no como había sido en realidad.
No fue un engaño malicioso; fue un refugio.
Un refugio que ahora, al crecer, empezaba a desmoronarse frente a él.
Lentamente, como quien se quita una manta demasiado pequeña, José aceptó la verdad: su infancia nunca fue como la recordaba... pero su deseo de sentirse amado sí era real. Y quizá eso —por primera vez— podía ser el principio de una nueva vida, una donde él pudiera construirse sin fantasías, pero tampoco sin ternura.
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Pañal para el viaje
Avventuraun cuento para ABDL - LITTLE José se porta muy bien en la escuela, en la casa ayuda, pero es un poco travieso. Su vida era muy feliz. Solo había una cosa que no había dejado de atormentarlo: que todavía a la edad de 11 años se hacía pis en la cama...
