Su despertar fue abrupto, se sentó con confusión y un fuerte dolor de cabeza. Su vista borrosa le imposibilitaba distinguir algo a través de las aperturas de su yelmo.
Su cuerpo le pesaba y tardó un poco en ser consciente de cuáles eran sus últimos recuerdos, más allá de la búsqueda incesante de su rey.
Su rey...
La imagen de la astuta criatura que se atrevió a tomar la forma del monarca de Camelot vino a su mente. Era extraña la sensación de sentirse vivo luego de haber aceptado el concepto de la inminente muerte.
Fuera de eso, al levantarse se sorprendió al sentirse seco, usualmente su armadura se volvía más difícil de manejar cuando se llenaba de agua.
Habían muchas cosas que le desconcertaban, pero no debía permitir que eso lo distrajera. Por lo que podía ver del lugar, se encontraba en una especie de cueva extraña, frente a él solo podía ver agua a una gran extensión.
Lo más impactante era que podía ver.
Al dar la vuelta, más allá de entender de donde provenía la luz, pudo ver al erizo que tanto había estado buscando, descansaba pacíficamente sobre un altar y la luz nocturna que impregnaba la zona desde una abertura que se encontraba justo encima del rey iluminaba las facciones de su rostro con una suavidad deslumbrante, casi celestial.
Sus rodillas flaquearon al verlo, su instinto lo condujo a su encuentro con una inusual torpeza producto de su emoción, al estar frente a él, no pudo contenerse de sujetarlo entre sus brazos con fuerza, aferrándose a su delicado cuerpo, el cual para su alivio mantenía su calidez.
Sentía su respiración a la altura de sus hombros lo cual era una clara señal de que seguía vivo. En ese momento, no había alegría que pudiese compararse con la sensación de saber que se encontraba estable a pesar de haber estado lejos del castillo desde hace una semana y además de ello, desconocía cuánto tiempo llevaba en ese extraño estado de sueño.
No parecía afectado por la falta de alimento en absoluto, esperaba que quien sea o lo que sea que lo estuvo reteniendo todo ese tiempo haya tenido la sutileza de cuidar de él como se debía hasta que pudieran ser capaces de descifrar lo que sea que solicitase para poder dejarlo en libertad.
Dinero, tierras, poder, nada de eso era relevante para Lancelot a esas alturas. No le importaba ofrecer todo lo que estuviese en su posesión con tal de poder llevar al rey consigo de vuelta a Camelot.
A su hogar...
Se detuvo a contemplar su rostro, juraría que la herida que le hizo había llegado hasta su mejilla, sin embargo esta se veía completamente limpia, sin ninguna marca. Este hecho solo lo hizo dudar de si ese era realmente el rey, no quería volver a ser engañado, pero a medida que lo seguía sosteniendo tan cerca de su pecho, algo dentro de él sentía que ese era su rey.
No pudo contener por mucho más las lágrimas, las cuales comenzaron a caer por debajo de su yelmo llegando hasta el rostro del rey, sentía que era invadido por un cúmulo de emociones difíciles de organizar.
Se dejó llevar por el momento y retiró esa parte de su armadura que mantenía su rostro oculto del mundo, a decir verdad, era la primera vez que lo hacía frente al rey, aún si éste se encontraba inconsciente. Las veces en las que Lancelot se retiraba el yelmo eran únicamente en su habitación, o cuando estaba lo suficientemente lejos del castillo o de cualquier otro ser, su única excepción era la dama del lago.
Pero ahora, olvidó todo aquello que supuestamente lo limitaba, su temor a confiar no se comparaba al terror que sentía a perderlo, mucho menos al poder tenerlo ahora entre sus brazos, encontrándose en la posición de ser el único que podía ayudarlo.
ESTÁS LEYENDO
TRUST ||Sonadow||
FantasiaSi quieres involucrarme en tu vida, no quiero ser tu propósito. Quiero ser tu compañía. Ahora que sentía tan cercano el miedo a perderlo, solo le quedaba una opción. Confiar. -*--*--*--*--*--*--*--*--*--*--*--*--*--*--*- -*- Los personajes no me per...
