𝐀𝐧̃𝐨 𝟏𝟖𝟕𝟐
Vivía en la ciudad de San Agustín, mi padre era sacerdote de la iglesia, mis hermanos y yo lo ayudamos en todo, éramos los monaguillos y el coro de la iglesia, mi padre era muy devoto a la iglesia pero llegaba a un grado de obsesión, cuando las cosas no se hacían a como decía la Biblia mi padre nos castigaba de forma severa, una vez a mi hermana Sera se le ocurrió ponerse una falda que se veían sus rodillas y mi padre la reprimió severamente golpeándola con su cinturón hasta que sangro, decia que eso era una impureza exhibiéndose de esa manera a los hombres y debía pagar con sangre, de todos mis hermanos yo era considerado como la oveja negra de la familia, según mi padre yo era el "Alborotador que los llevaría a la ruina" por lo que yo era el constante blanco de sus ataques de rabia, me dejaba claro que yo era un castigo de Dios por haber tenido hijos fuera del matrimonio, mi padre me golpeaba y azotaba dejando marcas en mi cuerpo, mis hermanos no hacian nada por miedo a mi padre aunque mi hermano Miguel era el único con el que me ayudaba después de cada paliza, me ayudaba a curar mis heridas y me consolaba, era mi gemelo por lo que aveces nos vestidos igual para jugarle bromas a mis demás hermanos, aunque Miguel era más reservado y seguía las reglas y yo era más soñador y buscaba el por que de las cosas.
Tenía ya 18 años, mis ideas de grandeza aún persistían y con más fuerza, no quería estar solo atado a este lugar de miseria y dolor pues su obsesión por llevar su religión hasta extremos que eran inhumanos, quería buscar más allá de lo que parecía solo campo, quería explorar, cosa que a mi padre no le gusto, desobedeci y salí de casa conociendo nuevas cosas y sensaciones el problema fue que me embriague pues era mi primera vez tomando alcohol y no lo maneje muy bien, cuando llegue a casa mi padre me miro con desprecio y asco, nunca olvidaré esa mirada y esas palabras.
-¡Vete Luzbel! ¡no eres más mi hijo! ¡eres una vergüenza para la familia Morningstar! ¡No quiero volver a verte estas muerto para mi! ¡Debi haberme desecho de ti cuando tuve la oportunidad!
Grito con fuerza mi padre mientras me lanzaba mi valija con mis cosas, me quedé en el suelo solo viendo como mi padre entraba a la casa a paso firme, mis hermanos solo bajaron la mirada y lo siguieron, Miguel me miro con tristeza y impotencia para luego bajar la cabeza y entrar a casa cerrando la puerta, me quedé en aquel frío del suelo y de la noche sin saber a donde ir o que hacer, mis lágrimas salieron de mis ojos y con resignación y dolor tome mi valija y camine en dirección opuesta a mi antiguo hogar, estuve vagando por las calles, durmiendo en callejones fríos y de aroma lúgubre y asqueroso, trataba de hacer pequeños trabajos y mantenerme optimista en que todo mejoraría, no sabía cuando o como pero sabía que me levantaría como lo hace un soñador, tenía la idea de que encontraría mi propio lugar al cual llamar hogar.
.
.
.
Era hija única, mis padres se esforzaban en controlar cada etapa de mi vida pues a sus palabras "Yo era el boleto para sacarlos de pobres", no tenía voz ni votó para decidir, desde la infancia mis padres se encargaron de dejarme claro que no debía desobedecer y que tenía que hacer lo que ellos decian, mi madre me enseñaba todo lo que necesitaba que saber para "Ser una buena esposa", no quería nada de eso, no quería casarme y mucho menos estar atada a un hombre que posiblemente se sentiría superior a mi, esa idea no me gustaba pero era mi único destino.
Mis padres llegaron un día sonrientes y emocionados, los mire con curiosidad pues no entendía su felicidad.
-Lilith, cariño logramos comprometerte con el hijo del padre de la iglesia, Adam aquel chico de ojos dorados
Las palabras de mi madre me dejaron en shock, ¿Como podian comprometerme sin siquiera preguntarme?... reprimi mis palabras y mi opinión pues sabía que no escucharian, los siguientes días solo trate de conocer más a Adam, era simpático cuando habían personas presentes pero siempre me dejaba claro que el estaba por encima de mi y como su futura esposa debía obedecer y atenderlo en sus demandas, los roles de cada uno estaban bastante marcados en nuestra sociedad, la mujer sumisa y atendiendo el hogar y las demandas de su esposo y el hombre era la cabeza de la familia el cual proveía y mandaba, era lo que se esperaba, nuestro matrimonio tenía altas expectativas que se esperan que cumplieramos.
.
.
.
Desde hace una semana, mis padres me obligaron a vivir en la casa con Adam pues ellos se mudaron a la ciudad con el dinero que le había dado el padre de Adam, me entere que prácticamente me vendieron cuando Adam me lo reprochaba y me trataba como una posesión, fue un golpe duro para mi. Yo me encargaba de las labores domésticas y el iba a trabajar con su padre, me quedaba en casa y cuando Adam llegaba comenzaba mi infierno, gritos y reproches por cualquier cosas que hiciera mal, un día tuve una pelea con Adam, el quería que me sometiera a el y yo simplemente no pude más, me negué y grite todo lo que pensaba por primera vez, escape de la casa, corrí y corrí hasta llegar a un viejo roble en la colina, me quedé sentada debajo del árbol mientras lloraba, me sentía tan frustrada pero una parte de mi estaba feliz por lo que había hecho, al fin solté todo y sentía la adrenalina de mi acto de valentía por romper al fin aquella cadena que me ataba, el problema era que no sabía que hacer pues toda mi vida me había sometido a las exigencias de mis padres y ahora de mi prometido, pero...ya no era así, ya no tenía por que volver a ese encierro, ya no tenía esos grilletes.
-Disculpa... ¿Te encuentras bien?
Una voz suave y dulce llegó a mis oídos, levante la cabeza y limpie mis lágrimas mientras miraba al hombre frente a mi, cabello rubio, ojos azules, mejillas rosadas, era la mirada más dulce que alguien me había dado.
-¿Eh?... Oh si, estoy bien
-¿Segura? No te ves muy bien... No es por ser entrometido pero ¿Quieres hablar?
Su voz suave y la manera tan dulce en que me hablaba me hizo sentir un poco de confianza, le sonreí mientras limpiaba mis lágrimas y lo miraba
-Es solo que... estoy atrapada, mis padres toda mi vida me han controlado... Me vendieron al hombre con el que me comprometieron... Y el quiere que me someta a sus exigencias... Me pelee con el y dije todo lo que sentía y había reprimido durante estos años... Ahora no se que hacer... No quiero vivir así... Y no puedo regresar...
comencé a sollozos otra vez ante la frustrante situación de no saber que más hacer por aquella rebelión que tuve por impulso, mis sollozos se detuvieron al sentir como tomaba mis manos, aquel joven se arrodilló delante de mi y tomaba mis manos de una manera gentil mientras acariciaba suavemente mis nudillos para luego llevarlos a su boca y besar mis manos, aquel pequeño gesto puso mis mejillas rosadas.
-Oh... Imagino que debe ser tan frustrante, tener que seguir las reglas que te imponen... Ningún hombre debería intentar tener el control y menos de una mujer que se ve tan fuerte y independiente, una bella Rosa delicada pero eso no quiere decir que no tenga espinas, no te sientas mal por lo que hiciste, puedo ver un carácter feroz en ti y eso te hace una flor aún más fuerte, aquella flor que crece en medio del caos siempre es la más hermosa.
Las dulces palabras de aquel chico frente a mi fueron un bálsamo calmante para mi pobre alma rota, el no me miraba como una chica más o con morbo... No... El me miraba con ternura y... ¿Amor?... Las sensación que despertó en mi con solo unas palabras fue suficiente para saber que había encontrado alguien que no me juzgaria o me veía solo por debajo de el.
-¿Tu crees que yo... Soy así?
-¡Claro! cualquier hombre sería afortunado de tener una flor tan brillante y fuerte
Desde ese momento debajo del roble Lucifer y yo nos veíamos cada tarde, platicabamos y me sentía más feliz de estar a su lado, los pocos minutos que pasaba con el eran suficientes para sentirme tan afortunada de haberlo conocido, mi corazón se llenaba de alegría al saber que por fin alguien apoyaba mis pensamientos y no me limitaba a solo mantener un perfil bajo, el dejaba que brillara tal cual era.
ESTÁS LEYENDO
Northern Hell~
FanfictionAlastor es un joven de 23 años el cual tiene un programa de radio donde cuenta todo tipo de anécdotas paranormales o historias, está vez había escuchado hablar de un viejo pueblo en medio del bosque el cual estaba rodeado de muchas leyendas y teoría...
