CAPÍTULO FINAL
S
egunda parte
Sirgo, 11 de abril de 1758
21:10 p.m
¿La venganza es tan dulce como dicen?
¿Cómo pudo un corazón tan puro llenarse de tantas y tan venenosas espinas?
¿Qué tan cruel puede ser el destino para orillar a los desafortunados a cometer las peores y más despreciables atrocidades?
En un mundo donde nacer siendo un doncel, es considerada la más despreciable aversión, donde la magia pecaminosa y seductora asusta a quienes no la poseen, y mucho menos la comprenden, la muerte y destrucción fueron su salvación, su más terrible condena. La sangre del linaje que los mantuvo presos de su naturaleza, los unió, y Seokjin, siendo la viva representación de todo aquello que el mundo odiaba, tomó su persistente cólera para acabar con todo, evocó olas cargadas de rencor y blandió sus hechizos en contra de quienes acabaron con su gente, con su madre, sus hermanas y amigas, a quienes no tuvo la fortuna de conocer, pero las vió colgadas y calcinadas en vida.
Sus cenizas enloquecieron su razón e impotente de rabia engendró la nube más gris que hayan visto los cielos, un hijo del cuyo padre carecía de sentido, irascible y despiadado, un hombre con tanto poder que se embriagó de soberbia y amedrentó al fruto de una frágil y vacilante relación. Sus crueles palabras, sus golpes y humillaciones, sumadas a su naturaleza mágica convirtieron a Min Yoongi en un hombre tan peligroso como el arcángel caído, que sediento de afecto y calidez cayó en manos equivocadas; la poca dulzura de su mayugado corazón, fue a parar en el poderío de un joven incapaz de expresar su afecto, iracundo como sus ancestros, y tan cruel que no tuvo reparo en estrujar sus sentimientos hasta convertirlos en polvo.
Jeon Jungkook fue pieza clave para encender y erradicar una guerra que, aunque silenciosa, llevaba siglos peleándose; su desafortunada descendencia lo llevó a cometer sacrilegios imperdonables, su hambre por aprobación, su voraz e impúdica lujuria, su irascibilidad explosiva, su codiciosa avaricia, su engañosa envidia, su prepotente soberbia, y su penosa pereza por jamás intentar convertirse en la persona que realmente quería ser, provocaron en quienes más quería, fuego ardiente, muerte y destrucción.
De haber sido de otro modo, si tan solo el monarca hubiera sido menos duro y más empático con los sentimientos ajenos, sus tierras jamás se habrían pintado de blanco y carmín, las flores no se habrían marchitado, y los jazmines perdurarían gráciles e intactos; quizás los cañones no rugirían con tanta furia y el aroma de la primavera reinaría sobre el ferroso olor de la sangre, de la piel quemada, el hierro y la pólvora; tal vez estaría deleitándose con risas y gráciles melodías, saboreando la dulzura del vino del presente y no martirizándose con las pesadas cadenas de su pasado.
Con el frío de la inesperada tormenta helada, bestias enormes de pelaje negro, emergieron de las sombras y atacaron sin piedad alguna las yugulaes de los primeros escuderos que salieron por las puertas del castillo para hacerles frente, dejando así, un rastro de cuerpos mutilados y a medio comer que comenzaban a llamar la atención de los carroñeros. Horas enteras habían pasado desde entonces, tras el eclipse solar, que había dado lugar al mediodía, la tarde y la noche los alcanzó en un abrir y cerrar de ojos en las campiñas estériles, un páramo que se cubrió de nieve teñida de sangre en la que el fuego prevalencia, donde amontonaron los cuerpos de los caídos que prontamente fueron enterrados por la nieve.
Tanto Percia como Sirgo llevaban luchando doce horas aproximadamente, el orgullo de ambos bandos jamás se vio vacilante ante el sangriento ataque. Jeon Jungkook, como líder de su ejército, luchó con su pueblo mano a mano hasta altas horas de la noche, y solo se retiró del combate cuando una bala del cañón enemigo cayó tan cerca de sí, que sufrió una terrible quemadura en su pantorrilla izquierda. Al verlo caer al suelo, el estandarte de los Min se ondeó socarrón en aire, y las tropas que aún no habían entrado a batalla, comenzaron a flagelar a los sirganos cual bestias demoníacas sedientas de carne humana.
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𝐅𝐀𝐓𝐄
Fanfiction¿Qué es el amor sino agonía? ¿Cómo pudo un corazón tan puro llenarse de tantas espinas? En un mundo donde ser un doncel es considerado antinatural; el apuesto príncipe heredero de un reino en desdicha, se ve obligado a contraer matrimonio con el úni...
