40| EL ÚLTIMO ANOCHECER

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CAPÍTULO FINAL
Tercera parte.

Sirgo, 12 de abril de 1758.

07:00 a.m

Provenientes de mundos distintos, con creencias arraigadas, entrenamientos militares y carencias similares; embriagados en resentimiento, embravecidos y guiados por el deseo de venganza, ambos Reyes, el cuervo y el lobo, pelearon su última batalla bajo los primeros rayos del amanecer.

Para Jungkook, un hombre que había aprendido de sus errores, que creció y se fortaleció a base de ellos, el encuentro de ese momento le pareció un suceso ridículo, un sentimiento que compartía con su contrincante únicamente por la adrenalina que le disparó su sistema nervioso al verse en peligro mortal, por ver a su familia y pueblo parecer bajo el fuego y la desesperanza. Si bien era cierto que deseaba acabar con todo, no quería sucumbir ante los encantos bélicos, pues hubiera preferido el habla como conducta de entendimiento, sin embargo, Min Yoongi, no era tan humano como él, sus errores no le parecían siquiera algo de lo que tuviera que preocuparse o arrepentirse. De cierto modo, el pelirrojo se condenó a la amargura en la que vivía.

Entre gruñidos y maldiciones, cansados de tanto luchar, en un descuido milimétrico que Jungkook pudo detectar, su espada venció, el filo atravesó las costillas de su rival, provocando que este trastabillara y que sus iris se encendieran en malévolas amatistas. De su herida brotó la sangre más roja que Jungkook hubiera visto jamás, pues al sacar la filosa cuchilla plateada comenzó a salir a borbotones que mancharon su camisa, el suelo, sus manos y parte de su rostro.

Incluso abrazado a la muerte, yaciendo sobre el suelo frío, Yoongi le sonrió socarrón, con la hilera de sus dientes teñidos de carmín; mirándolo distorsionadamente ante la expansión y acelerada de sus pupilas.

—Aunque me has vencido, no podrás escapar del destino, maldigo tu nombre y con mi último aliento te prometo que lo perderás todo.

Con lágrimas en los ojos, con un enorme sentimiento de satisfacción, Jungkook volvió a clavarle la espada profundamente hasta atravesarle completamente el cuerpo, esta vez directamente en su corazón.

—Guardame un lugar en el infierno.

Con esas últimas palabras dichas hacia su némesis predilecto, la muerte se dió un festín con su carne, el alma humana que poseía se le escapó en un quejido dolorido mientras que su cuerpo aún tibio iba tomándose rígido por la falta de vida en él. Jungkook lo vio morir, suspiró de alivio y rápidamente, cojeando y jadeando se giró en dirección al lugar donde había visto a su hijo ser privado de su libertad, el mismo al que no había escuchado gritar ni llorar con tanta desesperación como en ese momento.

La puerta de la caballeriza se encontraba trabada por dentro, así que tuvo que hacer uso de la última reserva de su energía para derribarla. Al entrar pudo ver al hombre robusto tumbado en el suelo, sin embargo, un par más se había unido a él en algún momento, y tal parecía que Taehyung también, pues se encontraba preso entre uno de ellos, con el camisón levantado mientras forcejeaba para evitar ser abusado por él. EunWoo, por otra parte, más golpeado y asustado que la última vez que lo vió, lloraba entre súplicas, arrinconado en el regazo del segundo hombre que le sostenía el rostro con malicia para que fuera testigo del ultraje que estaban cometiendo, y aquello, sólo logró avivar la rabia del Rey.

No supo cuándo ni cómo, pero luchó contra ellos sin siquiera hacer gran esfuerzo. Quizás podría adjudicarle el mérito a qué Min Yoongi era un guerrero experimentado, y ellos eran tan jóvenes y lucían tan desaliñados que pudo suponer que se trataban de soldados de cañón, pues en pocos movimientos ya los tenía sobre el suelo con heridas tan profundas que sería casi imposible que sobrevivieran. 

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