El día del rescate finalmente había llegado. La policía, junto a Zee y Mew, estaba preparada para actuar. Todos sabían lo que estaba en juego.
Mientras tanto, Perth había adquirido en secreto unas pastillas. Se las dio a New bajo el engañoso pretexto de que le ayudarían a recuperar la memoria, aunque en realidad su efecto era prolongar la amnesia. Así, Perth se aseguraba de tener a New a su merced, sin resistencia ni preguntas incómodas.
New pasaba la tarde viendo algunas películas, disfrutando de la tranquilidad impuesta, hasta que Perth llegó para acompañarlo. No tardó mucho en que la aparente calma se tornara incómoda por las insinuaciones del otro.
—New... ¿y si hacemos otra cosa? —sugirió Perth con una voz cargada de intención.
—¿Cómo qué? ¿Quieres salir a dar un paseo? —preguntó New con inocencia.
—No precisamente, New. Tú sabes a qué me refiero... —respondió, mientras se acercaba y se acomodaba sobre él, dejando una cadena de besos en su cuello—. ¿Qué dices?
—Bueno... somos pareja, ¿no? Supongo que es lo normal... —respondió con dudas, sin poder sacudirse la sensación de que algo no estaba bien.
Perth no esperó una segunda invitación. Comenzó a quitarse la camisa y ayudó a New a deshacerse de la suya, dejando al descubierto su abdomen, el cual comenzó a recorrer con besos. No antes, claro, de marcar su cuello con mordidas, como si quisiera dejar una huella permanente de ese momento.
La situación solo fue interrumpida por el insistente llamado a la puerta. Perth se detuvo, frustrado, y se levantó para ver qué ocurría. Antes de irse, miró a New con seriedad:
—No salgas, pase lo que pase.
Era mediodía cuando la policía llegó a la residencia. Al tocar la puerta, fue la servidumbre quien abrió. Los oficiales pidieron ver a Perth, pero la mujer apenas pudo responder antes de que le mostraran una orden de cateo. Entraron sin más demora.
Perth apareció poco después, desconcertado.
—¿Qué está ocurriendo aquí?
—Señor Perth, existe una denuncia formal en su contra por secuestro. Esta orden de cateo nos permite registrar la propiedad, ya que hay indicios de que el señor New se encuentra aquí en contra de su voluntad —declaró uno de los agentes.
—¡¿Qué dicen?! —respondió Perth, alterado—. ¡Eso es absurdo! ¡Yo no tengo a nadie retenido! ¡Ese niño es mío!
—¿De qué hablas, maldito enfermo? —intervino Zee, indignado—. ¡Lían no es tuyo!
—¿Y cómo estás tan seguro? Yo tengo pruebas —replicó Perth con arrogancia.
—Eso lo decidirá un juez. Llévenselo —ordenó Mew sin vacilar.
—¡Suéltenme! —gritaba Perth mientras forcejeaba con los agentes. Sus gritos resonaban por toda la casa, lo que llevó a New a salir de su habitación, desobedeciendo la orden anterior.
—¿Qué pasa aquí? ¿Qué le están haciendo a mi novio? —exclamó alarmado mientras corría hacia Perth—. ¿Perth, estás bien?
—New... —dijeron a coro Mew y Zee, consternados.
—Mi amor, estos hombres vienen con tu hermano. Mew piensa que te tengo retenido contra tu voluntad —explicó Perth con voz supuestamente dolida.
New dirigió su mirada hacia el grupo hasta identificar a Mew.
—¿Mew? ¿Por qué estás haciendo esto? ¿Por qué quieres difamar a mi pareja?
—¿Tu pareja? ¿No recuerdas que él se llevó a tu hijo?
—¿Hijo? Yo no tengo hijos. Perth y yo ni siquiera hemos hablado de eso aún. Deja de inventar cosas y dile a esta gente que lo suelte.
Mew lo sostuvo por los hombros, con la voz temblorosa.
—New... ¿qué te hizo? ¿De verdad no recuerdas a Lían?
—No sé de qué hablas... ¡Y suéltame! —protestó. Ante esto, Mew dirigió una mirada urgente a Zee y luego al oficial, quien se adelantó a intervenir.
—Señor New, lo acompañaremos a usted también. Si el señor Perth resulta inocente, nos encargaremos personalmente de traerlos de vuelta. Le pedimos su cooperación.
—Está bien. Pero sé que Perth no ha hecho nada malo. Y tú, Mew —añadió con frialdad—, si solo estás intentando molestarme, le contaré todo a papá.
Esas palabras, pronunciadas con naturalidad, fueron un golpe directo al corazón de Mew. Su hermano no recordaba absolutamente nada de lo vivido en los últimos cinco años. Para él, Zee era un desconocido, y Perth, su único refugio. ¿Cómo habían llegado a convencerlo de que estaban juntos?
Cuando salían de la casa, Gulf, que apenas llegaba, observó a lo lejos cómo se llevaban a New y a Perth. Al comprender la gravedad de la situación, se escondió para seguirlos sin ser detectado. Llegaron primero a la estación de policía, donde Perth fue arrestado. Pero New fue trasladado a otro lugar. Gulf los siguió en silencio, hasta una casa desconocida. Se mantuvo a distancia, sin perderlos de vista, decidido a esperar el momento oportuno para contar lo que sabia.
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En la casa de New, este comenzó a gritar que lo tenían encerrado contra su voluntad. Sin embargo, logró ingresar.
Mew intentaba hablar con él, pero era inútil. New lo ignoraba por completo.
—¡No te diré nada hasta que liberes a Perth! —gritó, subiendo las escaleras a toda prisa. Se encerró en una habitación, cerrando con llave. Mew intentó abrirla, pero al no lograrlo, decidió darle espacio.
Dentro del cuarto, New se quedó observando los detalles. Era una habitación infantil. Se sentó en la cama y notó varias fotografías sobre la mesita de noche. En una de ellas estaban él, Nat y un niño. Esa imagen despertó una oleada de preguntas que le provocaron un dolor punzante en la cabeza.
¿Era ese niño de Nat? ¿O suyo? ¿Era ese el niño del que Mew hablaba?
Confundido, decidió esperar a Nat. Y no tuvo que hacerlo por mucho tiempo. Apenas Nat supo que New estaba en casa, corrió a verlo junto a Lían, quien también anhelaba abrazarlo.
Sin embargo, la alegría fue opacada por la noticia: New no recordaba nada. Aun así, al saber que reconocía a Mew y a sus padres, Nat mantuvo la esperanza de que también lo reconociera a él. Tocó la puerta y, para su alivio, New se la abrió.
—Nat... qué alegría verte —dijo, abrazándolo con fuerza.
—New... estuve tan preocupado por ti. Tenía miedo de que algo malo te pasara.
—¿Por qué? Estaba con Perth. Él nunca me haría daño —respondió con firmeza, como reafirmando lo que ya había escuchado antes—. Pero dime, ¿de quién es esta habitación? Entré sin permiso, lo siento.
—No te preocupes. Estoy seguro de que a Lían no le molesta que estés aquí.
—¿Lían? ¿Es tu hijo? Vi una foto de los tres, pero... no recuerdo ese momento. ¿Me perdí de mucho, verdad?
Continuará...
Que les parece el capitulo, esta vez le hice más correcciones intentando qué sea una historia más formal
Espero que me contenten qué les pareció, hasta la próximo 💗
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No debemos de estar juntos
RomanceNew un chico de una buena familia que decide escaparse de su casa debido a un pequeño problema y cambiarse de ciudad, debido al problema deja sus estudios por un tiempo y consigue trabajo como secretario en una empresa prestigiosa. Zee un empresari...
