Capitulo 25

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—No te preocupes. Estoy seguro de que a Lían no le molesta que estés aquí.

—¿Lían? ¿Es tu hijo? Vi una foto de los tres, pero... no recuerdo ese momento. ¿Me perdí de mucho, verdad? —New continuaba mirando aquella fotografía que sostenía entre sus manos. Sintió un nudo en el estómago, como si algo dentro de él supiera la verdad.

Nat, que pensaba que tal vez diciéndole la verdad lo ayudaría, habló con firmeza:
—No, New... no es hijo mío. Él es tu hijo.

El silencio se hizo presente, las palabras de Nat hacían eco insoportable.

—¿Mío?... —repitió en un murmullo, sin poder creerlo, con un dolor de cabeza que no soportaba.

Nat intentó acercarse, pues New tenía la mano en la frente, pero este retrocedió confundido.
—Nat, no me mientas. Yo no tengo hijos... si los tuviera, lo recordaría.

—New, no sé qué te hizo Perth, pero te juro que no miento. Por favor, inténtalo.

—No puedo creer lo que me dices, porque todo este tiempo Perth me ha cuidado.

—¿Cuidarte? Te robó a tu hijo. Si no fuera por eso jamás te hubieras quedado con él, y ahora te hace creer que son una pareja de enamorados.

—¡No te quiero oír más, Nat! Yo sé que él no es una mala persona como ustedes lo hacen ver. Estuvo conmigo cuando enfermé y desde entonces ha estado pendiente de mí. Estoy seguro de que si hubiera algo importante que saber, él me lo diría.

—New, créeme.

—Creí que me entenderías y me ayudarías... no pensé que estuvieras de parte de mi hermano. Solo llévame a otro cuarto, no soporto estar aquí.

Nat no dijo nada más. Simplemente le indicó el camino, entendiendo que no entraría en razón tan fácilmente. Esperaba que pronto recuperara sus recuerdos; no quería que Lían sufriera, y la idea de que New lo rechazara creyendo que no era su hijo lo aterraba. Lo único que deseaba era recuperar a su amigo.

New entró a la habitación, cerró la puerta y se tiró en la cama. Su día había sido tan caótico que ya no sabía a quién creerle. Aunque Perth no le había contado mucho de su pasado, quería pensar que tenía una razón válida para no hacerlo.

Nat regresó a la sala, donde Zee y Lían jugaban mientras Mew atendía una llamada. Exhausto, se dejó caer en el sofá, atrayendo la atención de Lían.

—¿Y papi? —preguntó el niño.

—Está cansado, debemos dejarlo descansar un rato, ¿sí?

—Está bien... pero yo quería jugar con él —respondió Lían con un puchero.

—Luego jugarán juntos, además estás con Zee.

—¿Ya no quieres jugar conmigo? —bromeó Zee fingiendo tristeza.

—Sí quiero, pero... extraño a papi. Pensé que jugaríamos juntos.

—Jugarán después, Lían. Papi necesita descansar —agregó Zee, que estaba igual de melancólico. New no recordaba nada, y escuchar que hablaba tanto de Perth le traía recuerdos amargos: una vez más, Perth lograba quedarse con las personas que él apreciaba.

Mew terminó la llamada y regresó a la sala.
—Lían, ¿por qué no vas a tu cuarto por más juguetes para que juguemos juntos?

—¿De verdad vas a jugar conmigo? —preguntó el niño, emocionado; nunca había jugado con tantas personas en su casa.

—Sí, ve por ellos.

—Está bien —respondió alegremente y salió corriendo hacia su cuarto.

Cuando el niño se fue, Mew aprovechó el momento.
—Mi padre vendrá en unos días. Le conté que New está a salvo, pero que no recuerda nada, y quiere que regresemos a Tailandia para ayudarlo.

—Creo que es lo mejor para él —dijo Nat con melancolía—. Alejarse de todo y retomar la vida que cree tener.

—Eso mismo piensa mi papá. New se irá con Lían en unos días. Yo me quedaré para resolver los asuntos legales. ¿Qué opinas, Zee?

—No tengo mucho que decir... no estoy en posición de opinar. Aquí no pude cuidarlos, y sé que ustedes lo harán. Él ya no me recuerda —su voz se quebró—, pero solo quiero verlo feliz.

Mientras tanto, Lían, en lugar de ir a su cuarto, recordó que Nat había dicho que su papi estaba durmiendo, así que decidió buscarlo. Abrió la puerta despacio y lo vio recostado.
—Papi... despierta —susurró, pero New no reaccionó. El niño se subió a la cama y lo movió suavemente varias veces hasta quedarse sin fuerzas. Finalmente se acurrucó a su lado.
—Mejor me quedo contigo, papi —murmuró y cerró los ojos.

New, dormido, sintió que abrazaba algo suave, pensando que era una almohada o un peluche, y lo apretó con fuerza. El movimiento despertó a Lían, que al notar que era su papá sonrió y lo abrazó también. Pero New, al sentir el contacto real, abrió los ojos sobresaltado y gritó, asustado.

—¿Fue New quien gritó? —preguntó Mew alarmado.

—Obvio, ¿quién más sería? No creo que haya sido Lían... —respondió Nat con el ceño fruncido.

—¡Un momento! ¿Y Lían? —dijo Mew con preocupación.

Al recordar que no había regresado de su cuarto, todos subieron apresurados. Golpearon la puerta de New, que con el corazón acelerado les dio permiso de pasar.

Allí estaba la escena: New en la cama, alterado, y Lían abrazado fuertemente a su brazo, con una sonrisa tranquila como si nada malo pasara.

El silencio cayó sobre todos. Nadie se atrevió a decir una palabra.

—¡Lían! —exclamó Nat con voz temblorosa—. ¿Qué haces aquí? Te dije que dejaras a tu papi descansar.

El niño abrió los ojos lentamente y miró a todos con inocencia.
—Pero yo no quería que durmiera solo... papi se veía triste.

New tragó saliva, aún con el corazón agitado.
—Nat... dile que no me llame así —dijo con la voz rota—. No me llames así niño

Nat dio un paso al frente.
—Porque sí lo es, New. No importa que no recuerdes no tienes porque hablarle así

New cerró los ojos con frustración, llevándose la mano a la cabeza.
—¡No! No me digas eso otra vez... yo no soy padre de nadie. No lo recuerdo

El grito hizo que Lían se encogiera, apretando con más fuerza el brazo de New.
—Papi... ¿ya no me quieres? —dijo con un hilo de voz, los ojos cristalinos.

El corazón de New dio un vuelco. Se quedó helado, incapaz de apartar al niño, aunque una parte de él seguía negándose a aceptar aquella realidad.

Continuara....

Holaaa, más tarde publicaré más capítulos o si no mañana, hacer un maratón de 5 capítulo.

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No debemos de estar juntosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora