El corazón de New dio un vuelco. Se quedó helado, incapaz de apartar al niño, aunque una parte de él seguía negándose a aceptar aquella realidad.
—Yo... no sé... —balbuceó, temblando entre la confusión y el miedo.
Nat dio un paso más, intentando calmarlo.
—New, no lo rechaces. Míralo... ¿crees que un niño inventaría algo así?
Mew, con tono serio, intervino:
—Basta. No es el momento de presionarlo. Si sigue forzando su memoria de este modo, podría empeorar.
Zee, que había permanecido callado, no pudo contenerse.
—Pero tampoco podemos ignorar lo que Lían siente. El niño no tiene la culpa de lo que está pasando y no es justo que New lo trate de esta manera.
La habitación se llenó de tensión. New, perdido, miraba a todos sin saber a quién creer. Finalmente bajó la mirada hacia Lían, que seguía aferrado a su brazo.
—Déjenme solo con él... —pidió con voz apagada.
Los demás intercambiaron miradas de duda. Mew fue el primero en asentir.
—Está bien. Pero si pasa algo, estaremos afuera.
Salieron lentamente, dejando a New y Lían en silencio.
El niño, con lágrimas contenidas, susurró:
—No importa si no me recuerdas, papi... yo sí te recuerdo a ti.
New sintió un nudo en la garganta. Cerró los ojos con fuerza, intentando bloquear lo que acababa de escuchar. Pero el pequeño seguía ahí, aferrado a su brazo con una ternura que le dolía.
Por primera vez en mucho tiempo, su corazón dudó de la versión que había creído hasta ahora.
—Lían... —murmuró, con la voz quebrada.
El niño levantó la mirada, sus ojos grandes y húmedos.
—Papi, llegué con los policías como me dijiste... ¿estás molesto porque tardé mucho?
—¿Policías? —preguntó New, confundido.
—Sí, cuando escapamos me dijiste que corriera hacia ellos... yo tardé mucho. Por mi culpa estás así. Perdóname, papi.
Las palabras del niño fueron agujas directas a su pecho. New llevó ambas manos a la cabeza: el dolor era insoportable. Imágenes fugaces lo golpeaban: una risa infantil, unas manos pequeñas abrazándolo, una voz llamándolo papi.
—¡Basta! —gritó, apartándose bruscamente—. No... no es real. No puede ser.
Lían lo miró sin entender, con lágrimas resbalando por sus mejillas.
—¿Por qué dices eso...? ¿Ya no nos quieres?
El corazón de New latía descontrolado. Quiso levantarse y huir, pero algo lo retenía. Sus manos temblaban y, cuando intentó apartar a Lían, terminó acariciando su cabello suavemente.
—¿Por qué... por qué siento esto si no recuerdo nada? —susurró desesperado, como si hablara consigo mismo.
Lían sonrió débilmente entre lágrimas.
—Porque me quieres, aunque no lo recuerdes todavía.
New lo miró aterrado. No sabía si era verdad o un engaño. ¿Y si todo era un plan de Nat y los demás?
Se dejó caer en la cama, cubriéndose el rostro con las manos.
—No sé qué creer... no sé quién miente... no sé quién soy...
Lían, sin soltarlo, se acurrucó en su regazo.
—Eres mi papá. Eso es suficiente.
New se quedó inmóvil. No lo apartó, pero tampoco pudo aceptarlo. Sus ojos se llenaron de lágrimas que no logró contener.
Afuera, Nat, Mew y Zee escuchaban en silencio el llanto ahogado de New, mezclado con la voz suave de Lían. Ninguno se atrevió a entrar.
—¿Lo escuchas? —susurró Nat, con el corazón encogido—. Está dudando... está luchando contra sí mismo.
Mew apretó los puños.
—Lo sé... pero esa lucha apenas comienza.
Zee bajó la mirada, temblando.
—Y me da miedo quién termine ganando.
⸻
La noche cayó lentamente sobre la casa, envolviendo todo en un silencio pesado. Dentro de la habitación, New seguía sentado en la cama, con Lían recostado contra su regazo, como si temiera que, si lo soltaba, todo desapareciera.
Los recuerdos se agolpaban en su mente como fragmentos rotos: risas, gritos, un pasillo oscuro, el frío de unas manos que lo sujetaban con violencia. Y, en medio de todo, siempre esa voz infantil llamándolo papi.
—No puede ser... —murmuró entre sollozos—. Si es cierto... ¿entonces por qué Perth no me habló de ti?
El niño, medio dormido ya por el cansancio, lo abrazó con más fuerza.
—Él no está aquí, papi. Solo estamos tú y yo.
Esas palabras simples lo desgarraron más que cualquier recuerdo. New se llevó una mano al pecho, intentando detener el dolor que lo consumía.
—Yo... no sé cómo ser tu papá —admitió en voz baja, casi inaudible—. No sé si pueda.
Lían abrió apenas los ojos, mirándolo con ternura.
—Solo quédate conmigo. Eso basta.
New apretó los labios con fuerza, incapaz de responder. La contradicción lo asfixiaba: una parte de él quería rechazarlo, arrancarse de encima esa verdad que lo hacía sangrar; pero otra parte, enterrada muy hondo, lo abrazaba con una fuerza imposible de controlar.
Afuera, Zee escuchaba los murmullos apagados. Sus ojos se llenaron de lágrimas al comprender que New, aunque lo negara, había cedido un poco: había permitido que Lían se quedara en sus brazos.
Nat lo observó en silencio, notando su respiración agitada.
—Zee... —dijo con cautela—. Tal vez esto sea el comienzo.
—O tal vez... —susurró Zee, con la voz rota— sea solo una esperanza que se rompa mañana.
Nadie más habló. La tensión los envolvía como una sombra.
Dentro, New cerró los ojos, agotado. Con el niño aún abrazado a su pecho, sintió cómo el sueño lo vencía lentamente. Entre la confusión y el dolor, una sola verdad se filtró en su mente, tan frágil que apenas se atrevió a pensarla:
Si este niño no fuera mío... ¿por qué duele tanto la idea de perderlo?
Las lágrimas silenciosas de New se perdieron en el cabello de Lían, mientras la noche cubría el inicio de una verdad que él aún no estaba listo para aceptar.
Continuará...
Hola les prometí que publicaría más seguido y lo cumpliré jsjsjs 💗
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No debemos de estar juntos
RomanceNew un chico de una buena familia que decide escaparse de su casa debido a un pequeño problema y cambiarse de ciudad, debido al problema deja sus estudios por un tiempo y consigue trabajo como secretario en una empresa prestigiosa. Zee un empresari...
