La noche había caído con esa humedad pesada que solo se siente en Outer Banks. El aire olía a sal y tabaco, y el sonido del mar se colaba entre las rendijas del bar destartalado donde Elaia trabajaba desde que volvió de Marruecos. Todavía le dolía la herida, la maldita apuñalada que casi se la lleva. Una línea fea y roja le cruzaba la cintura, recordándole cada día que estuvo a un segundo de desaparecer.
Y todo por Groff, ese cabrón.
Pero lo que más le dolía era saber que se había llevado la corona. Esa jodida corona azul que les costó sudor, sangre y lágrimas. Que habían perseguido como locos por desiertos, ruinas y callejones de mierda. La misma que les prometía un futuro nuevo. Todo eso se lo habían arrebatado.
Y ahora, aquí estaba. Sirviendo tragos baratos en un bar con luces de neón y música baja. Fingiendo que todo estaba bien. Que su hermano no le había dejado de hablar, que los pogues no la miraban como si hubiese traicionado al puto planeta por salir con Rafe Cameron.
Rafe. Estaba sentado en una de las sillas frente a la barra, con su camisa azul marino y esa mirada de "me la suda todo" que lo hacía tan jodidamente irresistible...
-¿Cuánto te queda? -preguntó él, sin mirarla. Jugaba con un encendedor, haciéndolo chasquear entre sus dedos.
-Veinte minutos... si el capullo de mi jefe no me hace limpiar los baños otra vez -respondió Elaia mientras secaba un vaso. Le echó una mirada rápida, intentando adivinar en qué demonios estaba pensando.
-¿Y después qué? -Rafe levantó la mirada, y sus ojos eran como cuchillas suaves. -¿Nos vamos a tu casa o vas a poner otra excusa?
Elaia resopló, girando los ojos.
-Ah veces no te soporto, ¿lo sabías?
-Y tú hoy estás rara -dijo él, apoyando los codos en la barra. -¿Qué te pasa?
Ella dudó. Había algo... una incomodidad clavada en su pecho desde hacía días. Rafe estaba más raro que de costumbre. Más callado, más frío con los demás, más controlador. A veces, esa intensidad que al principio le parecía adictiva, ahora le daba escalofríos.
-Nada. Solo estoy cansada -mintió, volviendo a preparar una cuba libre.
-Mentira -Rafe se inclinó un poco más cerca-. Te conozco, Ela. No me mientas.
Elaia suspiró, con los hombros tensos.
-Mira, solo... hay días que me despierto y me pregunto qué coño estoy haciendo. Contigo. Con esto. Con todo.Con mi vida. ¿Sabes?
Rafe la miró fijamente. Y luego, sonrió.
-¿Vas a dejarme ahora? ¿Después de todo lo que hemos pasado? -Su voz era baja, pero había un filo peligroso ahí. Uno que le apretó el pecho a Elaia.
-No he dicho eso -respondió con voz seca. Luego le apuntó con el dedo pero luego lo bajó -. Pero no intentes hacerme sentir culpable por pensar. Porque eso sí que no.
Él asintió, pero en sus ojos bailaba algo oscuro. Algo que Elaia no supo descifrar. Y eso, la jodía.
El bar seguía oliendo a cerveza vieja y cigarro barato. Al fondo, dos borrachos se reían a carcajadas, y el jefe gritaba desde la cocina. Pero el mundo de Elaia se había reducido a Rafe. A esa mirada. A esa presión constante de tener que estar a la altura de su locura o de su estándar.
-Voy afuera a fumar -dijo él, de repente, empujando la silla hacia atrás-. No tardes.
Elaia lo siguió con la mirada hasta que salió. Luego se quedó sola con el zumbido del ventilador y el sudor en la nuca.
Tenía un mal presentimiento,cual? No lo se.
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El bar estaba empezando a vaciarse, las luces bajaban de intensidad, y yo sentía como si me hubieran pasado un camión por encima. Llevaba cinco horas sin parar de servir copas, aguantando babosos, chistes malos y miradas que te hacían sentir como si fueras de cristal. Pero lo peor de todo no era eso. Era él. Sentado ahí, como una bomba de tiempo con piernas Rafe aún esperándome fumandose un cigarro mirando todo desde fuera , ya se que le dije 20 minutos pero ya eh terminado.
Me miraba desde el fondo del bar con esos ojos como cuchillas mientras fumaba.
Un par de pogues (gente que conocía, amigos de JJ) habían entrado a tomar algo. Charlamos un poco. Risas, bromas, nada raro. Pero claro, para Rafe, todo era una puta amenaza.
Cuando uno de ellos se acercó a pedirme otra ronda y me rozó sin querer la mano, Rafe se levantó de golpe, tirando la silla con un estruendo que hizo callar hasta la música. Caminó hacia nosotros con la mandíbula apretada y el cuello tenso como si fuera a explotar.
-¿Tú eres imbécil o solo tienes ganas de que te parta la cara? -le soltó al tipo mientras lo empujaba con el pecho.
-Rafe, no -dije firme, poniéndome en medio-. Estás montando un puto numerito.
-Me suda la polla, Elaia. ¿Lo has visto verdad? ¿Tú lo has visto? Te toca como si fueras suya.
-No me ha tocado ni siquiera me a rozado, Rafe -le grité, empujándolo con ambas manos.
Todo el bar nos miraba. El tipo al que Rafe encaró ya se había ido, no quería problemas. Pero Rafe no se calmaba. No podía. Era como si su cabeza solo tuviera dos opciones: o destruirlo todo o seguir rompiendo cosas dentro de él.
-Estoy HARTA, Rafe. De tus putas escenas, de que todo te parezca una amenaza. ¡No puedes vivir así!
-No me jodas, Ela. ¡No quiero que estés cerca de esa gentuza!
-¿¡Gentuza!? Son mis amigos. Mis verdaderos amigos. ¡Tú no puedes controlarme así!
Hubo un silencio que cortó el aire. Él me miró como si le hubiera apuñalado el ego.
-Llévame al chateau -le dije, cruzándome de brazos mientras me quitaba el uniforme y agarraba mi bolso-. Esta noche están todos ahí. Voy a verlos.
-Ni de coña.
-Rafe...
-He dicho que no.
-Pues o me llevas tú o me voy sola.
Me fulminó con la mirada, tragó saliva, y sin decir ni una palabra más, se dio media vuelta, salió del bar, y encendió el coche con rabia. Yo cerré rápido y me subí con él. El camino fue silencioso, tenso, como si el coche estuviera a punto de explotar de la presión entre los dos.
Cuando llegamos al chateau, vi las luces, las risas. El sonido del grupo que sigue siendo mi refugio.
-Me voy -le dije esperando su respuesta.
Me coje de la nuca y me besa -Como te digan algo sobre m-
-Adiós Rafe. -le dije sin dejarlo terminar la frase.
Salí sin esperar mas respuestas. Caminé hacia la casa con un nudo en la garganta.
Ahora dime tú si esto es vida.
Desde que volvimos de Marruecos, esto era el puto pan de cada día. Peleas, discusiones, silencios fríos. Una montaña rusa sin frenos. Y lo peor es que a veces, en medio de todo eso, me seguía sintiendo jodidamente enganchada a él. Como una droga que sabes que te está matando, pero sigues metiéndotela igual.
¿Sabes lo que más me jode?
Que una parte de mí todavía lo amaba pero desde que sucedió lo de Marruecos Rafe a cambiado y no para bien si no al contrario.
Y la otra parte de mi... sólo quería huir.
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Obsesion~(rafe Cameron)
Romance"El amor no es solo el sentimiento si no la persona que te lo demuestra,pero nosotros no somos el mejor ejemplo" Elaia acaba de mudarse a Outer Banks junto a su hermano, Topper. Su historia es una mezcla de desafíos y nuevas oportunidades. Tras la t...
