Cap 42~

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El sol caía como un látigo sobre el desierto, cada grano de arena brillaba como un recuerdo perdido, y el aire ardía con una tensión invisible. JJ escalaba, con los brazos llenos de rasguños y el corazón latiendo como un tambor de guerra. La estatua del león era enorme, vieja, con grietas profundas como los secretos que todos cargaban, pero ahí estaba, incrustada en su ojo derecho: la legendaria corona azul.

JJ la arrancó con una risa incrédula, como si ni siquiera él pudiera creer que por fin lo habían conseguido.

-¡ELAIA! -gritó con la voz desgarrada por la emoción- ¡LA TENGO! ¡LA MALDITA TENGO!

Desde abajo, Elaia lo miraba con lágrimas en los ojos. No de tristeza. De orgullo. De pura emoción. Corrió hacia él cuando bajó, tropezando entre la arena y los restos del templo, y se abrazaron como si no existiera el mundo.

-¡Joder, JJ! ¡Lo hiciste! -rio ella, con la frente contra la suya.

-Pogue fucking Landia seguira en pie, nena... -jadeó él, apretándola fuerte de la cintura.

Pero entonces... el cielo se oscureció.

Primero fue el viento, silbando como un grito lejano. Luego, el horizonte: una línea borrosa de polvo que se alzaba como una pared viva. Una tormenta de arena. Brutal. Salvaje. Viniendo hacia ellos como una maldición.

En segundos, el mundo cambió. El aire se volvió insoportable, la arena entraba por los ojos, la nariz, la garganta. La visibilidad se redujo a nada. JJ cogió la mano de Elaia y corrieron, pero entre tropiezos, gritos y caos, se soltaron.

-¡ELAIAAAAA! -gritó JJ, girándose, pero la tormenta ya los había separado.

Elaia buscó desesperada entre la niebla de polvo, gritando su nombre una y otra vez. Se cubrió la cara con el brazo mientras corría, jadeando, con la corona azul apretada contra su pecho ya que JJ se la habia dado.

Y entonces, chocó.

Un cuerpo duro. Fuerte. Frío.

Tropezó hacia atrás, cayendo al suelo. Tosió. Se levantó, frotándose los ojos. Y lo vio.

-¿Groff...? -susurró, sintiendo cómo se le congelaba la sangre.

El padre de JJ estaba ahí. Vivo. Sonriente. Como un demonio salido del infierno. Su mirada era fuego. Furia. Y victoria.

-Te ves diferente desde la última vez que arruinaste mis planes, princesita kook -dijo él con voz rasposa-. Esa coronita... es mía.

-Estás enfermo -espetó Elaia, apretando la joya contra sí misma.

-Y tú demasiado valiente para estar sola -gruñó, acercándose.

-¡PAPÁ...! -La voz quebrada de JJ sonó tras ella. Apareció jadeando, cubierto de arena, los ojos abiertos como platos.

Groff ni lo pensó. En dos zancadas, lo agarró por el cuello y lo levantó en el aire. Sacó una navaja y la colocó contra su garganta.

-¡NO! ¡JJ! -gritó Elaia, paralizada por el miedo.

-Dame la corona -susurró Groff con una sonrisa psicótica-. O te juro que le corto esa garganta delante de ti.

Elaia temblaba. Miró a JJ, que apenas podía respirar. Los ojos se le llenaron de lágrimas.

-Tómala... -dijo, con voz rota-. Pero suéltalo. Por favor.

Groff la cogió, maravillado. Luego soltó a JJ, que cayó de rodillas tosiendo. Elaia corrió a abrazarlo, llorando de alivio. Lo apretó, lo besó en la frente.

-Estás bien, estás bien...

Pero Groff aún no había terminado.

Se acercó por detrás, y sin que Elaia lo viera, clavó la navaja en su cintura.

Obsesion~(rafe Cameron)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora