Perdidos en la tormenta

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El frío me corta la respiración, ya no siento mis dedos, no puedo verte en este desierto blanco. ¿Por qué rayos solté tu mano?, no logro encontrarte en esta fría tormenta.

Sake se queda paralizado con su mano alzada frente la puerta entre abierta, iba a decirles que almorzarán antes de abrir el bar, así que escuchó gran parte de la conversación de Nappa, ¿desde cuándo sabía todo eso?, ¿por qué no le dijo nada?. Las preguntas se atoran en su cabeza, cada una tratando de hacerse oír primero.

El rápido movimiento de Isis lo sobresalta, la mujer no era tan alta, solo le llega al enorme saiyajin al codo. Sin embargo eso no evita que lo haya obligado a doblarse sobre sí mismo para que le pueda ver directo a la cara. Es en ese momento que puede notar toda la sangre warmi que tiene en las venas, a pesar de ser una híbrida. Su mano derecha se desliza hacia la pistolera de su muslo, está dispuesta a hacer cualquier cosa, él está por intervenir.

- ¿Desde cuándo lo sabes? - cuestiona letal.

El sayiajin no se inmuta, mantiene la mirada.

- Desde antes de haber vuelto aquí - responde con seriedad.

- ¿Por qué no habías dicho nada? - le exige saber de inmediato, ya ampuntándole a la cabeza con su arma de rayos láser.

Eso vuelve a alterarlo, a pesar de que el padre de Isis era un pacífico granjero de un pequeño planeta que contrataba a las warmis como protección de los ladrones. Tuvo que huir de su tierra, cuando la que había sido su amante por cinco años se fue sin mirar atrás al acabar su servicio, huyó temiendo las acciones del gobierno de la madre de sus hijos. A las warmis no les gustaban demasiado los híbridos, aunque eso no evitaba que se acostaran con cualquier otra raza que estuviera dispuesta. El ex granjero, exiliado de su planeta, tuvo que buscar como sustentarse a él mismo y a sus hijos, descubrió que era bueno fabricando armas y eran de las mejores, no les costó nada pasarle los conocimientos a su prole.

- Supongo que por la misma razón que tú - indicó aún tranquilo, haciéndole saber que por su reacción ya había entendido que ella también sabía - no cambiaba nada, él seguía siendo el mismo a mis ojos, ¿cómo te enteraste tú? - interrogó en cambio soltándose de su agarre con facilidad.

La mujer no evitó mirarlo con sorpresa, había sido descuidada, guardó su arma a regañadientes con lentitud antes de responderle.

- Unos días antes de que Corn muriera - explicó con cautela - los escuché discutiendo sobre eso, me fui antes de que me descubrieran.

- Ya veo - dio por toda respuesta, la tensión seguía en el aire.

- ¿Qué vas hacer?, ¿vas a decirle que lo sabes?, claro que vas a decirle - habló rápidamente - tienes que preguntarle cómo su padre lo tuvo.

- No creo que sea algo que los padres les compartan a los hijos - comentó en voz baja, haciendo que la mujer lo mirara extrañada - no quiero molestarlo, debe tener sus razones para no habérselo dicho a nadie, fuera de lo poco común que es.

- Oh claro - agregó con sarcasmo - ¿quieres más papas? y por cierto, ¿a alguien más aquí lo parió un hombre? - ironizó, indicando que incluso así, no era algo que se compartiera fácilmente de todos modos - ¿Entonces que vas hacer? - interrogó ahora preocupada.

- Ire a hablar con Turles, con algo de suerte Corn le habrá dicho algo más, me suena a una pregunta que ese tipo pudo hacerle.

Estaciones  (Terminada)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora