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Esto no es CANON en la Historia!!!!

El tiempo había dejado de ser una unidad concreta.

No se medía en minutos ni en días.

Se contaba en respiraciones contenidas, en la frecuencia de los gritos y las veces que una iluminaba en su celda

Chuuya B no sabía si llevaba semanas o meses encerrado.

Había dejado de preguntar.

Al principio gritaba.

Insultaba.

Juraba venganza.

Cada día recibía una dosis calculada de dolor, física o mental.

Y cada noche volvía a cerrarse en sí mismo, aferrándose a los pocos recuerdos que aún no se disolvían en su mente.

Atsushi.

Dazai.

Su mundo.

Pero poco a poco, incluso esos rostros empezaron a desteñirse.

Los recuerdos se mezclaban, se repetían, perdían detalles.

Soñaba con versiones de sí mismo que no era él.

Soñaba con el mismo, pero diferente, con ese otro que caminaba igual pero no sentía igual.

Soñaba con Dazai sonriendo burlonamente... y luego alejándose, con la espalda ensangrentada.

Y entonces llegó Fyodor.

No llegó como un carcelero.

No llevaba una bata ni uniforme.

Iba vestido de blanco, como un sacerdote que visita al moribundo para escuchar su última confesión.

Traía una silla de madera consigo, y la colocó frente a él con parsimonia.

Se sentó, cruzó las piernas, y lo miró.

Chuuya, encadenado por muñecas y tobillos, levantó la cabeza con esfuerzo.

-Mírate... aún puedes mantenerte erguido -comentó Fyodor con su sonrisa de lirio marchito.

-¿Vienes a hacerme el favor de matarme al fin? -la voz de Chuuya era más grave, rasposa por la deshidratación, pero firme-. Hazlo. Ya no te serviré para nada-

-No. No he venido a matarte -respondió con calma, entrelazando los dedos-He venido a escucharte-

Chuuya soltó una carcajada amarga.

-No eres psiquiatra. Eres un psicópata-

-¿Y acaso crees que los psicópatas no escuchan?-

Fyodor bajó la mirada, pensativo, y añadió

-Lo que me interesa no es lo que hiciste. Sino en lo que te estás convirtiendo-

Chuuya lo escupió.

La saliva apenas alcanzó su bota.

Fyodor no se inmutó.

-He visto a muchos como tú quebrarse -continuó-. Pero pocos tienen tu particularidad. Hay un concepto, ¿sabes? La disonancia existencial. No es simplemente no saber quién eres... es sentir que tu existencia es una copia, un accidente. Tú la padeces. La padeces desde que llegaste aquí-

Chuuya cerró los ojos.

Un hormigueo de ira le recorrió los músculos.

-Cállate...-

Saber cómo amar (En correcciones)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora