CHAPTER FOUR

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Era 31 de agosto, el día previo a ir a Hogwarts. Bloom, Harry y Blaise recibieron sus cartas a mediados de agosto y a penas la recibieron empezaron a prepararse para el gran día.

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A la mañana siguiente, primero de septiembre, el cielo estaba cubierto de nubes bajas y grises cuando la familia Potter-Zabini iba llegando al andén 9¾. Harry y Bloom iban tomados de la mano, con las mochilas bien acomodadas y los nervios danzando en sus estómagos. Blaise, llevaba una sonrisa socarrona como siempre, iba unos pasos adelante, rodando los ojos cada vez que Lucrezia intentaba acomodarle el cuello de la túnica.

-Blaise, al menos deja que te lo arregle. Hoy empiezas Hogwarts y debes causar una buena impresión como el Heredero Zabini -le dijo la mujer con tono autoritario pero suave.

-No tengo nada contra Hogwarts, madre, sólo que se van a impresionar más por mis habilidades que por mi apariencia.

James rió bajo, alzando una ceja mientras sus hijos e hijastro empujaban los carritos hacia el muro. El reloj marcaba las 10:53.

-Vamos, chicos. El tren no espera ni a los Potter -dijo, guiñando a Bloom, que estaba pálida y mordía el cordón de su túnica.

Cuando cruzaron Lucrezia les dio un último beso en la frente antes de despedirse, incluso al rehunente Blaise, que murmuró un "te quiero" apenas audible. Bloom sonrio brevemente hacia su madrastra y luego abrazo por el cuello a su padre.

James, con el rostro iluminado por el orgullo, los observó alejarse a través del cristal. Lucrezia se le acercó, enlazando su brazo al de él para mostrar la imagen de un buen matrimonio.

-¿Crees que estén bien? -preguntó ella.

-Son nuestros hijos. Van a conquistar ese castillo a su manera -respondió James, sin quitar los ojos del tren mientras este silbaba.

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Una vez en el Expreso, los mellizos y Blaise encontraron un compartimiento vacío, lo cual no duró mucho. Unos minutos después Draco llegó y los saludó con entusiasmo, pronto los tres varones empezaron a hablar del último cómic muggle que Harry había comseguido.

Pasados unos minutos llego Neville con una sonrisa y su sapo Trevor, él y Bloom comenzaron a hablar sobre las nuevas plantas que consiguió en su viaje con sus padres, que ya se habían recuperado totalmente luego de su salida de St. Mungo, a Centroamérica.

El viaje transcurrió y poco a poco entre risas, dulces y algunas discusiones empezaron a integrarse los cinco chicos. Bloom estaba más callada de lo usual para gusto de Draco, mientras Harry hablaba sin parar sobre cómo esperaba estar en la misma casa que su hermana. Blaise simplemente leía un libro de pociones, fingiendo no escuchar, y Neville comía una rana de chocolate.

—¿Qué sucede princesa? –pregunta Draco hacia la pelirroja.

-¿Qué pasa si terminamos en casas diferentes? -preguntó Bloom al fin, con la voz baja.

Harry la miró con intensidad.

-Entonces haré túneles para verte todas las noches, Roja. Siempre estaré contigo, no debes preocuparte.

"Y nosotros igual" dijeron los otros tres niños.

Bloom apretó los labios, conteniendo las lágrimas, nunca se habían separado demasiado y sabía que las salas comunes estaban muy lejos unas de otras; pero también sabía que Harry lo decía en serio, él haría lo que fuese por su hermana.

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Bloom odió el viaje en bote, la mareaba demasiado, además sabía que en el lago había un kraken, ¿y si caía al agua?... odiaba sentirse insegura.

A kingdom and a childDonde viven las historias. Descúbrelo ahora