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La taza humeaba entre sus manos. Menthe la sostenía con cuidado, pero su mirada no dejaba de buscar respuestas en los ojos del hombre que se encontraba frente a ella.
-Gracias por el té -murmuró Hades, sin dejar de observarla.
Menthe apenas asintió. El silencio comenzaba a volverse denso, hasta que él, finalmente, habló.
-Cuando tenía tres años, pasé dos días sin comer. Recuerdo el sonido de mi estómago más que la voz de mi madre.
Menthe lo miró, incrédula y en parte conmovida. El ambiente en aquella humilde habitación se había transformado en un cuarto de confesiones dolorosas del pasado. La peliverde se mantenía en silencio, escuchando con atención.
-Pandora... ella me salvó. Tenía siete años cuando escapó conmigo de un orfanato donde planeaban quemar vivos a los niños. Me llevó en brazos por la ciudad. Dormimos en las calles, robamos pan duro, comimos basura.
-¿Y cómo llegaste a esto? -preguntó Menthe con voz suave, tratando de no derramar las lágrimas que amenazaban con salir de sus ojos.
-Intenté robar un auto. Era de uno de los mafiosos de Máscara de Muerte. Me atraparon... pero en lugar de matarme, me ofrecieron sopa y una manta. A cambio de lealtad. Me enseñaron a disparar antes que a escribir mi nombre. El hambre te enseña a obedecer.
Menthe no apartaba la vista de él. No podía creer que alguien como él se estuviera confesando de esa manera. Tenía un nudo en la garganta, pero finalmente habló.
-¿Te arrepientes? -susurró.
-No. Porque si todo eso me trajo hasta ti... entonces valió la pena.
-Tú me haces sentir segura -dijo Menthe, bajando la mirada.
Él alzó la mano, apartando un mechón de su rostro.
-Y tú... me haces querer recordar quién fui antes de todo esto.
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Perséfone se encontraba en la puerta del departamento de Hades. Golpeó con fuerza moderada. Pandora abrió con expresión seria.
-¿Qué quieres? -preguntó sin más.
-¿Dónde está Hades? -La rubia recorría con la mirada el exterior del departamento para asegurarse de que no fuera una evasiva por parte de la hermana.
-No está. Lárgate -Pandora la miró con molestia, tratando de cerrar más la puerta y evitar que la mujer revisara el interior. Le parecía de muy mal gusto la actitud de la rubia.
-¿Con quién está? -Perséfone la empujó suavemente con su bolso para intentar colarse.
-No es asunto tuyo -con firmeza en sus piernas y con el brazo sujetó con fuerza la puerta para evitar que se abriera. Estaba a punto de perder los estribos, sin embargo, trató de controlarse.
-¡Él y yo teníamos algo! ¡Era mío! -gritó.
Pandora ni se inmutó.
-¿Antes o después de que te despidieran por acosarlo en su restaurante favorito? Pero seguramente solo lo imaginas. El señor Hades jamás desposaría a alguien que lo acosó.
-¿Restaurante...? -susurró la rubia.
Pandora le cerró la puerta en la cara mientras Perséfone sonreía con malicia.
-Gracias por el dato, querida -murmuró para sí misma, caminando de regreso al estacionamiento con una sonrisa satisfactoria.
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El restaurante tenía el mismo aroma elegante de siempre. Perséfone entró como si fuera dueña del lugar. Se dirigió con firmeza a la hostess.
-Quiero ver al gerente.
-Buenas tardes, señorita. El gerente no se encuentra ahora mismo. ¿Podemos ayudarla en algo? -mencionó con amabilidad y respeto.
Perséfone sacó una tarjeta negra con el emblema de su familia.
-¿Ahora sí está aquí el gerente?
La hostess tragó saliva.
-L-le llamo enseguida... -Mientras la chica realizaba una llamada al gerente, Leuce estaba por limpiar una mesa. Giró hacia la entrada encontrándose con Perséfone. Con expresión confundida, detuvo su labor.
Perséfone esperaba, mirando el reloj de oro que llevaba en la muñeca. Al levantar la mirada, vio a Leuce y se acercó a ella con elegancia y porte.
-¿Puedo ayudarte? -respondió Leuce, tragando saliva.
-¿Hades está aquí?
-No, Perse... señorita Perséfone. El señor Hades no se encuentra aquí.
-¿Tiene reservación para hoy?
-No, de otro modo ya me habrían avisado. Yo creo que debe estar en otro lugar, pero aquí no.
-Lo sigues atendiendo, ¿no es así? -La joven peliplateada asintió con un poco de temor. Sabía que Perséfone estaba ahí por una razón. Desde que su familia se había involucrado con la mafia, era más respetada y muchos le temían. Aunque ya no tuviera el suficiente recurso, tenía el poder de desaparecer a la gente. Por ello, nadie la insultaba-. ¿Hay alguien más que lo atiende contigo?
-Sí, pero ya no puedo decirle nada más. Por favor, señora.
-¿No lo harás? -respondió con seriedad-. ¿Ni siquiera por una buena suma de dinero? ¿Tanto como para sacarte de trabajar de este lugar de mierda? Creo que te conviene decirme todo... No olvides que tengo poder y, si quiero, te dejo en la miseria.
Leuce tragó saliva. Sus manos temblaban, no sabía qué hacer, estaba acorralada. Suspiró un poco y asintió.
-Le diré todo lo que quiera, pero antes debe prometerme que, una vez se case con Hades, me dará la cantidad de diez billones de euros -susurró Leuce con temor, mirando alrededor para asegurarse de que nadie más las escuchara.
Perséfone sonrió con satisfacción, como si la suma no significara nada para ella.
-Hecho. Pero si me estás mintiendo, te aseguro que ni con diez billones podrás salvarte.
Leuce asintió, tragando saliva.
-La chica que lo atendió esa noche... se llama Menthe. Es nueva aquí. Tiene el cabello verde, ojos grandes, es amable y... bueno, Hades no le quitó los ojos de encima en toda la cena.
El nombre cayó como veneno en los labios de Perséfone.
-¿Menthe...? -repitió en voz baja, como si algo se rompiera en su mente. Su ceño se frunció.
-¿Sucede algo? -preguntó Leuce.
-Nada... solo que acabas de ser de gran ayuda -respondió con una sonrisa torcida, dando media vuelta. Mientras caminaba, una sola idea se repetía en su mente.
"Menthe... No puede ser. ¿Volviste a mí?"
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Amor Sabor A Menta
Short StoryDos almas que nunca fueron destinadas a ser una sola a causa de las malas decisiones, sin embargo habrá una segunda oportunidad para los amantes. ¿Se repetirá la misma historia? ... ⚠️Advertencias ⚠ ⚔Sino les gusta esta pareja (HadesxMenthe) no sig...
