Parte 9

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Cuando bajaron del expreso, vió al rubio pasar por su lado, esperaba que le dijera algo, o mínimo que lo mirara, lo insultara como antes, pero nada.

Caminó junto a sus amigos, hasta los carruajes, pero vió algo más.

— Nada tira del carruaje. — Dijo Hermione.

— No estás loco. — Había dicho una chica rubia que los acompañaba.

Luna Lovegood.

Cuando llegaron, presentaron a la maldita bruja rosa, que siempre irrumpia en lo que quería decir el director.

— Estoy segura de que todos seremos muy buenos amigos... — Dijo aquella mujer.

A lo lejos podía ver esa cabellera rubia, mirando con desprecio havia esa mujer.

•••

Se sentía observado, así que miró para donde se supone que vería a quien lo observaba. Y pudo ver dos grandes y bellos ojos verdes detras de unos lentes, que podrían ser como una vitrina guardando algo tan hermoso. Parecía que brillaron cuando ceuzaron miradas.

Potter le sonrió.

Draco solo pudo ignorar su mirada y seguir en lo suyo. No va a negar que su corazón dió un salto cuando se dió cuenta que Harry lo observaba, pero sí podía ignorar ese sentimiento.

Todos se estaban levantando para irse.

Astoria le agarró del brazo y empezó a caminar junto a él. Su prometida. Que horror.

No por ella, no, no podía odiarla, era una victima más, como él.

•••

Luego del desastre con Seamus en la sala, subió hasta su habitación, se sentía agotado y solo quería descansar.

Se recostó en la cama luego de cambiarse la ropa. Y solo pudo pensar en ese pequeño cruce de miradas con el peliplata.

Esos hermosos ojos grises lo miraron por primera vez en la noche. Lo único que el quería era poder hablar con él. No entendía que había ocurrido para que desapareciera así, ni contestara sus cartas, ni pudiera comunicarse de cualquier otra forma con él.

Lo había buscado cuando todos comenzaron a levantarse en el gran comedor, pero no lo alcanzó, solo lo pudo ver a lo lejos como se iba del brazo con Astoria Greengrass. Se quedó ahí de pie,  hasta que Ron le tocó el hombro y le hizo un ademán con la cabeza para ir a la sala común.

Suspiró recostado en su cama. Realmente lo había extrañado mucho. No pudo comunicarse ni con él, ni con sus amigos, se había sentido muy solo.
Pero realmente lo había extrañado por sobre todos. Y por cada día de la semana le había envíado una carta. Pero al regresar todas, entendió que el rubio no quería comunicarse con él, lo entendía, no sabía porqué, ni lo comprendía, pero entendía que debía parar hasta que el rubio estuviera listo para comunicarse con él. Además, sabía también que enviarle cartas tan seguido sería peligroso para cualquiera de los dos, sabiendo que el padre de Draco era uno de los seguidores.

Volvió a suspirar. Realmente estaba agotado, se tapó con las sábanas, ya no quería sobrepensar nada. Al día siguiente lo buscaría y lo encontraría a como dé lugar y hablaría con él, arreglaría las cosas, aunque no supiera realmente que es lo que arruinó, pero sospecha que fue su culpa, siempre lo era.

Ojos verdesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora