Capitulo 6

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Lucerys no sabía dónde estaba. Lo último que recordaba era el estruendo de la música, el calor de las luces, el rugido ensordecedor del público. Estaba en medio de un concierto, rodeado por su banda, sintiendo la energía vibrar bajo sus pies. Podía oír la voz de su amigo, cantando a todo pulmón, el eco de los fans entregados...
Y entonces, la oscuridad. Todo se desvaneció en un instante. En la penumbra de su memoria, aún resonaban los gritos de sus compañeros llamándolo con desesperación, y la imagen de Aegon corriendo hacia él se grabó como un destello entre sombras.

Despertó en una cama extraña. El aire olía a desinfectante y soledad. Le costó unos segundos —eternos— entender dónde estaba. Un hospital. La habitación era silenciosa, ajena, como si el mundo hubiera cambiado sin avisarle. Las preguntas pesaban más que su propio cuerpo.

Pero entonces, la puerta se abrió y al verlo, lo reconoció de inmediato.

—Lucerys, me alegra tanto que despertaras —gritó Aegon corriendo a abrazarlo.

Lucerys correspondió al abrazo, aunque se notaba confundido.

—¿Qué fue lo que pasó? ¿Por qué estamos aquí?

—¿No recuerdas nada? —Aegon lo miró con miedo en los ojos—. Luce, te desplomaste en pleno concierto. No reaccionabas. Tuvimos que llevarte a urgencias de inmediato.

Luce escuchó atentamente todo lo que su amigo acababa de decirle. Definitivamente, eso no le iba a gustar nada a su disquera.

—Lo siento... no sé qué me pasó.

—Pues yo sí —interrumpió el omega—. Luce, hace bastante tiempo que no duermes bien, tu mente parece estar en otro lado. Estás desconectado de la vida. ¿Qué te pasa? Puedes contármelo. Soy tu amigo, entenderé lo que sea que esté ocurriendo.

Luce lo miró a los ojos por unos segundos. ¿Cómo podía explicarle lo que pasaba si ni él mismo lo sabía? Desde hacía tiempo sentía que su cuerpo no respondía como antes. No lograba conciliar el sueño y, por si fuera poco, llevaba más de un año sin sentir la presencia de su alfa. Ni siquiera había tenido su celo. Cuando fue al médico, le dijeron que no sabían cuál era la causa. Por eso decidió no alarmar a sus amigos y seguir con la gira. Pero ahora, esa decisión le había pasado factura.

—Lo siento, pero realmente no lo sé.

Aegon iba a seguir insistiendo, pero no pudo hacerlo. La puerta se abrió interrumpiendo la conversación.

—Hey, Luce, escuchamos que ya habías despertado. ¿Estás bien?

—Te ves horrible... ¿seguro que sigues con vida?

Eran Jean y Shaun, sus dos compañeros de banda, quienes con el tiempo se habían convertido en su familia.

—Hola, chicos. Sí, no se preocupen, estoy bien... y con vida —respondió con una pequeña risa ante los comentarios de sus amigos.

—Qué bueno. Nos diste un buen susto, y no solo a nosotros. También a los fans. Lo bueno es que tu cuerpo esperó hasta el final del concierto para colapsar. Si hubiera sido antes, todo habría sido peor. Menos mal que Jhon pudo solucionar todo. La disquera estaba furiosa. Por poco y piden tu cabeza.

Jean le dio un golpe a Shaun, pero ya era demasiado tarde. La disquera nunca había sido fácil con la banda. A pesar de que habían logrado posicionarse y sus canciones tenían bastante éxito, cualquier error era visto como el fin del mundo. Así que, por supuesto, esto era un problema.

—Pero no te preocupes, Luce —intervino Aegon—. Jhon ya lo arregló. No es como si fuéramos sus juguetes. Es normal... has estado bajo mucha presión: las canciones, el nuevo álbum, la gira...

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