Skyler
El ambiente estaba cubierto por una gruesa capa de tensión. Todos sentían el murmullo de la intuición dentro de ellos advirtiéndoles que no se fiaran de mí y mis actitudes, pero no todos parecían prestar atención. Me preguntaba por qué algunos creían más en mis palabras y otros no tanto. Mis hermanos y mi madre se veían aún más tranquilos que Chase y Sam, como si mi despedida en la habitación les hubiese hecho entender que no había nada de lo que tuvieran que preocuparse. Pero eran brujos. Podían sentir cosas. Y la intuición no les estaba funcionando.
Me di cuenta porque, cuando más se acercaba el tiempo de irme, más quería encontrar una manera para que me detuvieran. Era el miedo colándose por mis venas, pero un miedo que estaba dispuesta a vencer. En un abrir y cerrar de ojos, todo acabaría.
La última cena estaba lista. La última cena en donde todos quedarían rendidos en un sueño profundo para poder marcharme sin retrasos. Caleb envió un mensaje en mi brazo esta tarde: tuve que ocultar mi dolor mientras mi piel se cortaba, pues Chase estaba cerca y no podía permitirme quejarme. Pero sintió el aroma de mi sangre, hizo preguntas, y en todas le mentí y fingí que no sabía de qué hablaba. El mensaje de Caleb se desvaneció rápidamente, la piel cerró, pero el mensaje seguía siendo claro y contundente: ellos no iban a esperarme otra noche.
—¿Podemos hacer otro brindis? —propuso Nate, levantando su copa para brindar.
La bebida estaba hechizada. Una vez que todos bebieran, se desmayarían y yo me marcharía. La cena se retrasó, así que iba con prisa a mi encuentro con ellos.
Caleb y Marie era mi destrucción, pero también la salvación de mi alma. La paz de mi alma. El consuelo, el fin de un dolor y un peso que mi familia cargaba. Le rogaba al cielo que pudiesen soportar el dolor de mi pérdida, y que el alivio cayera en sus hombros una vez que yo no estuviese. No iba a ser fácil, no quería sonar frívola, pero ellos necesitaban dejar de luchar. Ya perdieron mucho por mí.
Chase tenía su mano aferrada a la mía. No me quiso soltar en casi toda la tarde. Estuvo pegado a mí después de nuestra conversación en la habitación, la cual fue incómoda, interrogativa y difícil de disfrazar con tranquilidad. Sam tenía la misma mirada expresivamente preocupada. Los demás, por alguna razón, se veía tensos, pero más relajados. Como si estuvieran viviendo otra historia.
—Sí, ¡un brindis sería genial! —alenté a los demás. Chase me miraba como si no me entendiera o apoyara.
—¿Por qué habría que brindar? —expresó Chase desganadamente, pero se arrepintió y tomó su copa.
Nadie hizo un comentario, pero fue incómodo. Ignoré sus palabras y tomé mi copa, levantándola. Sam actuaba igual que Chase. No eran hermanos de sangre, pero sus formas de actuar eran similares. Me sentía dentro de la mira de detectives de la mafia.
—¿Por qué brindamos hoy? —pregunté, levantándome de la mesa como los demás.
Miré a Chase para que se levantara, animándolo para que lo hiciera. El nudo en mi garganta se instaló poderosamente, y tuve que morderme el labio inferior para no sollozar.
—Siempre por la familia —levantó aún más la copa.
Choqué la mía contra la de él y el resto hizo lo mismo, uniéndonos en el medio de la mesa, excepto Chase. Todos lo miramos, pero nadie comentó nada y volvimos a nuestros asientos. Chase no dejaba de buscar mi mirada acusatoriamente. Leyéndome.
En el momento en el que todos bebieran, el tiempo comenzaría a correr. El embrujo daría su resultado a los pocos minutos de beber. Ya me tenía que ir... Ya tenía que dejarlos...
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Atracción Destructiva +18 | Libro 1 y 2
Storie d'Amore¿Qué tan dispuesto estás para renunciar a tu vida por la persona a quien amas? Chase White convive con un pasado oscuro y perturbador con el que debe cargar por el resto de su vida. Skyler, por otro lado, no sabe su real identidad y lo peligrosa q...
