Capítulo 14

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Narra T/N:

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Narra T/N:

La mirada entre Illumi y yo duró un instante, pero fue suficiente. Una comprensión silenciosa y absoluta. En ese breve segundo, un puente invisible se había tendido entre nosotros, una declaración de lealtad que no necesitaba palabras. Justo después, el aire en la habitación se volvió más denso. Era sutil al principio, como un cambio en la presión atmosférica, un frío que no venía del aire acondicionado.

Comenzó con Silva. Su aura de Nen se filtró lentamente, una pesada opresión que se extendía desde él, envolviendo la mesa y todo lo que había en ella. Era el Nen de un depredador en su forma más pura, una promesa de poder destructivo, una fuerza capaz de aplastar a cualquier ser mortal que se le opusiera. Intentaba que mis rodillas temblaran, que mi pulso se acelerara, que la piel se me erizara de miedo.

Pero yo me quedé quieta. Mi respiración era tranquila y regular. Mi postura, impecable. La camisa blanca y los pantalones negros se sentían como una armadura invisible. La elegancia que irradiaba no era superficial, sino el reflejo de una fortaleza interna.

Luego, el Nen de Zeno se sumó. Era diferente, más antiguo y sabio, una fuerza que se movía con la fluidez de un dragón ancestral. Se entrelazó con el de Silva, creando una presión doble, una telaraña de poder que me atrapaba en su centro. Mi cuerpo físico no reaccionó. Mi mente, sin embargo, estaba alerta, reconociendo la prueba a la que me sometían. No era una amenaza de muerte real, sino un test de voluntad.

Querían ver si mi "fuerza" era solo una fachada.

Manteniendo la mirada en los ojos de Silva, sentí el Nen pasar por encima de mí, alrededor de mí, pero no a través de mí. Era como una corriente en un río que esquivaba una roca inamovible. Mi calma no era una actuación. Era el resultado de mi convicción. Creía en mis palabras y en el lugar que le daria Illumi y a Killua.
No tenía que luchar con su tipo de poder. Mi poder era la paz que les ofrecía, y ellos, a pesar de toda su fuerza, no podían penetrar en ella.

La presión del Nen de Silva y Zeno era abrumadora, una fuerza invisible que buscaba aplastar mi voluntad. El aire se volvió pesado, como plomo derretido, y la intención de matar que emanaba de ellos era tan palpable que podía saborear el hierro en mi lengua. Era la prueba final, un último intento de quebrar mi resolución y hacerme huir.

Pero yo no huiría.

No podía usar Nen, no recurriría a eso solo para complacerlos, la sangre que corría por mis venas era la de mi propia familia, una que en este mundo era tan legendaria como la de los
Zoldyck.

Los Zoldyck eran asesinos; mi familia cazadores, y tanto yo poseía el Haoshoku Haki,
la Voluntad del Conquistador.
Una habilidad inherente que solo una de cada un millón de personas poseía, una que no era una herramienta, sino una extensión de mi propia voluntad.

𝓤𝓷𝓲𝓭𝓸𝓼 𝓹𝓸𝓻 𝓮𝓵 𝓭𝓮𝓼𝓽𝓲𝓷𝓸. (𝙾𝚌 𝚎𝚗 𝙷𝚡𝙷) Donde viven las historias. Descúbrelo ahora