cap 7:"La primera aparición"

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Esa noche, Chris estaba en su cama, arropado hasta el cuello, cuando escuchó pasos en el pasillo. Su cuerpo se tensó. La puerta se abrió lentamente y una silueta se asomó.

—Chris... —susurró una voz reconocida.

El menor contuvo la respiración. No era Michael... era la voz de Mark, pero no sonaba como él; estaba distorsionada, como si alguien la hubiera deformado con un eco metálico.

La figura no se movía, solo lo observaba desde la puerta. La tenue luz de la luna atravesaba las cortinas y dejó ver por un instante algo metálico y brillante, como un reflejo de acero. Chris parpadeó y, de pronto, ya no había nadie allí.

El corazón le latía con fuerza. Cada golpe retumbaba en su pecho como un tambor. Con cuidado, se levantó de la cama y se acercó a la puerta. El pasillo estaba en penumbras, y el aire frío le erizaba la piel. Entonces lo escuchó: un chirrido metálico, seguido de pasos pesados y arrastrados que parecían acercarse lentamente.

—¿M-Mark? —preguntó con voz temblorosa. Nadie respondió.

Chris retrocedió un paso, pero la curiosidad lo venció. Sus manos temblaban mientras sacaba de la mesita de noche una linterna vieja. La luz temblaba con cada movimiento de su mano, proyectando sombras largas y torcidas por toda la habitación. Cada sonido se multiplicaba: el crujido de la madera, el golpe de una puerta lejana, el murmullo del viento por la ventana.

De pronto, algo se movió en la sombra. Una figura alta, de orejas largas y ojos brillantes lo observaba desde la oscuridad del pasillo. Chris sintió un frío helado recorrer su espalda. Era un conejo... pero distorsionado, monstruoso, como si hubiera surgido de un sueño torcido. Sus ojos brillaban con un rojo intenso, y de sus dientes metálicos se escapaban chasquidos y chirridos que hacían eco en la casa silenciosa.

Chris intentó gritar, pero ningún sonido salió de su boca. Quiso moverse, pero sus piernas estaban rígidas, paralizadas por el miedo. Cada respiración era un esfuerzo, cada parpadeo parecía alargar la oscuridad que lo rodeaba. La criatura avanzaba lentamente, arrastrando las garras por el piso, dejando un sonido metálico que se incrustaba en sus oídos.

El menor recordó la mirada de Mark durante el día, y su miedo se mezcló con la sensación de que estaba siendo observado por alguien que conocía demasiado bien. La figura del conejo parecía absorber todos sus temores, creciendo y deformándose con cada pensamiento. Chris cerró los ojos, esperando que todo desapareciera... pero cuando los abrió, la sombra estaba más cerca que antes, como si se hubiera deslizado por la oscuridad sin que él lo notara.

Sintió la adrenalina subir, y de un salto corrió hacia la puerta, cerrando las dos cerraduras con manos temblorosas. Su respiración era rápida y entrecortada. Se metió de nuevo en la cama, abrazando la linterna con fuerza, intentando convencer a su mente de que solo había sido un mal sueño.

Pero incluso acurrucado bajo las mantas, sentía como si los ojos rojos lo siguieran, brillando desde la penumbra del pasillo. Cada pequeño ruido —el tic-tac del reloj, un crujido de la madera, el viento golpeando las ventanas— le hacía estremecerse, recordándole que aquello no había terminado.

Chris nunca se consideró alguien cristiano pero esa noche cerró los ojos con fuerza, empezando a susurrar una oración, mientras los pasos metálicos parecían resonar justo fuera de su puerta...



16/05/1980

Ultimo día de clases antes de entrar en las vacaciones.

Chris despertó sobresaltado, con la linterna todavía entre sus brazos. Apenas había dormido; los círculos oscuros bajo sus ojos lo delataban. Se vistió con lentitud y bajó a desayunar.

Siete Dias A Solas [Chrisbowl]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora