El eco del portazo resonó en el baño vacío. Simón había empujado a Mark contra la fría pared del cubículo, cerrando la puerta detrás de ellos. El olor a desinfectante mezclado con humedad hacía que el lugar pareciera más estrecho.
—Ya no pienso seguir callando —dijo Simón con voz baja, pero cargada de rabia—. ¿Hasta cuándo vas a hacerte el idiota?
Mark apartó la mirada, apretando la mandíbula.
—No sé de qué estás hablando...
—Claro que sabes. Y también sabes que no me lo trago. —Simón dio un paso más cerca, su sombra cubriendo el rostro del otro—. Lo vi. No todo, pero lo suficiente. Chris no es el mismo desde esa noche, y tú eres el motivo.
Mark sintió cómo su estómago se revolvía.
—¿Y qué vas a hacer? ¿Ir a contárselo a Michael? —susurró, intentando sonar desafiante, pero su voz traicionó un leve temblor.
Simón lo miró fijamente, como si quisiera leerle el alma.
—Si fuera por mí, ya lo sabría. Pero no voy a darle una bomba así... todavía. No mientras él siga confiando en ti.
Se inclinó un poco hacia adelante—. Pero te advierto algo: no te acerques a Chris. Ni una palabra, ni una mirada. Te juro que si intentas algo, te vas a arrepentir.
Mark apretó los puños, pero no respondió. Simón salió del cubículo, dejándolo solo con el zumbido del ventilador en el techo.
Mientras tanto...
Chris caminaba por el pasillo del colegio, los murmullos de sus compañeros sonando lejanos, como si estuviera bajo el agua. No recordaba la última vez que había sentido paz. Desde esa noche, todo le parecía más pesado: la luz, el ruido, incluso respirar.
Se sentó en un banco del patio durante el recreo, abrazando sus rodillas. Cerró los ojos y trató de concentrarse en el sonido del viento, pero las voces de esa noche regresaban una y otra vez, como si estuvieran grabadas en su mente.
—Chris... —La voz lo sacó de sus pensamientos. Abrió los ojos y vio a Cassidy, mirándolo con una mezcla de preocupación y temor de que sea algo muy malo—. Estás más callado que de costumbre... ¿pasa algo?
Chris intentó sonreír.
—Solo estoy cansado.
Cassidy no pareció convencida, pero no insistió.
—Bueno... si necesitas hablar, sabes dónde encontrarme.
El menor asintió, sintiendo una punzada de culpa. No podía contarle. No a ella, no a nadie.
De regreso en el arcade, Simón y Mark habían salido del baño con rostros tensos. Frederick, ajeno a la conversación previa, bromeaba para aligerar el ambiente, pero nadie parecía reírse. Michael observaba, atento. Notaba las miradas furtivas entre Simón y Mark, y algo le decía que había una historia detrás, a pesar del ambiente los chicos fueron igualmente a su colegio.
[En la secundaria – después del arcade]
El timbre metálico resonó por los pasillos de la secundaria, un eco agudo que se mezclaba con el bullicio de decenas de estudiantes saliendo de sus aulas. Michael caminaba junto a Frederick, esquivando mochilas y empujones.
—Te juro que si me ponen otro problema con fracciones, abandono y me voy al circo —se quejó Frederick, exagerando mientras hacía como que equilibraba una mochila en una mano.
—Con lo payaso que sos, no te costaría —respondió Michael, dándole un leve empujón.
Simón apareció desde el extremo opuesto del pasillo, con el cabello algo despeinado y el uniforme medio desordenado.
—¿Qué, todavía quejándote de las fracciones, Fred? —dijo con media sonrisa.
—No todos tenemos el talento matemático de un genio incomprendido como vos —bromeó Frederick.
Detrás de ellos, Mark caminaba a paso lento, como si no quisiera unirse al grupo. Sus ojos evitaban los de Simón, y cada vez que Michael giraba la cabeza para hablarle, él fingía estar mirando otra cosa: los afiches en la pared, la fila para el kiosco, cualquier cosa menos a las personas que lo acompañaban.
—¿Y vos? —preguntó Michael, deteniéndose un momento para que Mark los alcanzara—. Estás callado desde que salimos del arcade.
Mark levantó la vista apenas un instante.
—Nada, solo... cansado.
Simón soltó una risa breve, sin humor.
—¿Cansado de qué? Si lo único que hiciste fue jugar al Pac-Man y perder.
Mark frunció el ceño.
—No todos tenemos tu energía, Simón.
El pasillo se quedó en silencio unos segundos. Un grupo de alumnos pasó corriendo entre ellos, empujando a Frederick sin disculparse.
—Qué amables... —murmuró Fred, sacudiéndose el hombro.
Cuando entraron al patio para esperar la siguiente clase, Michael se apoyó en una de las columnas. Desde ahí podía observarlos a todos: Frederick haciendo malabares con una botella vacía, Simón sentado en el muro, mirando a Mark con una mezcla de desprecio y paciencia agotada, y Mark, con las manos en los bolsillos, balanceando el peso de un pie a otro.
—¿Pasa algo entre ustedes dos? —preguntó Michael, mirando a Simón y luego a Mark.
—No, nada —respondieron casi al mismo tiempo... y eso solo aumentó su sospecha.
En ese momento sonó el segundo timbre, anunciando que debían volver a clases. Michael caminó con ellos hacia el aula, pero no dejó de pensar en lo incómodo que se había vuelto el ambiente. Durante la hora siguiente, se sorprendió varias veces mirando de reojo a Mark, que no hablaba con nadie y parecía hundido en sus propios pensamientos.
En la salida de la escuela, Michael y los demás esperaban apoyados en una pared dentro de la entrada, mirando de un lado a otro. Cuando vio a su hermano, sonrió... pero la sonrisa se borró al notar la manera en que Chris evitaba mirarlo. Algo no encajaba. No era simple cansancio.
Michael se agachó para ponerse a su altura.
—Eh, ¿seguro que todo está bien? —preguntó, buscando sus ojos.
Chris dudó un segundo, pero al final murmuró:
—Sí... solo quiero irme a casa.
Michael frunció el ceño. No insistió, pero su desconfianza creció.
Cuando todos salieron a la calle, el cielo estaba cubierto de nubes grises. Una ráfaga de viento frío recorrió la vereda.
Simón se colocó junto a Chris, ofreciéndole su campera sin decir nada. Chris la aceptó en silencio, evitando mirar hacia donde estaba Mark.
Michael, que caminaba detrás, apretó los dientes.
Había demasiadas cosas que no le estaban contando... y estaba decidido a averiguarlo.
Esa noche...
Chris estaba en su cama, arropado hasta el cuello, cuando escuchó pasos en el pasillo. Su cuerpo se tensó. La puerta se abrió lentamente y una silueta se asomó.
—Chris... —susurró una voz.
El menor contuvo la respiración.
No era Michael.
[Continuará...]
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Lo prometido es deuda holiiii, como están? yo tranqui, satisfecho con el cap, solo desearia agregar algo mas pero mejor para el cap 7 va? jsjsjsj espero que el cap sea de su agrado a pesar que sea corto, acepto cualquier recomendación, mientras sigo escribiendo el siguiente.
SE VIENEN COSITAAAAAAAAAS WIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII🗣️🗣️🗣️🗣️🗣️🗣️🗣️🗣️
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Siete Dias A Solas [Chrisbowl]
FanfictionLos padres de los Afton más la pequeña afton se van de viaje por unos siete días, Michael y Chris veran que hacer en la semana, pero no todo es color de rosa, Chris conociendo a Michael sabía que no todo estaría calmado ¿su mentalidad seguiría estab...
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