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Los exámenes habían terminado, pero mi cabeza no lograba descansar. Aunque Jaekyung me tranquilizaba con su presencia, yo no podía dejar de pensar en lo que se acercaba: mi celo. Solo mencionarlo frente a él me hizo sentir una vergüenza insoportable, como si lo hubiera desnudado con mis palabras.

Él me respondió con calma, diciendo que tenía supresores en casa, como si fuese lo más natural del mundo. Sin embargo, para mí no lo era. Mi segundo género siempre fue un tema tabú... algo que debía esconder, que no debía incomodar a nadie. Y aun así, él me miró como si no hubiese nada malo en mí. Esa simple reacción me removió el corazón.

Pero, ¿y si los supresores no eran suficientes? ¿Y si mi cuerpo reaccionaba de más? Solo imaginarme a su lado en medio de mi celo me hacía sentir un calor extraño en el pecho y en la garganta... un calor que no quería reconocer.

Narración de Jaekyung

De regreso a casa, el silencio entre nosotros no era incómodo; al contrario, estaba cargado de algo distinto. Lo miraba de reojo mientras caminábamos juntos, con sus libros apretados contra el pecho y su expresión perdida en pensamientos. Parecía frágil... y al mismo tiempo, había en él una fortaleza que yo no entendía del todo.

Al llegar, preparé la mesa para almorzar. Mientras tanto, Dan se quedó mirando por la ventana, con los dedos rozando el cristal. Tenía ese gesto distante, como si hubiera mil cosas en su mente.

—Dan, ven a comer —lo llamé.

Se volvió hacia mí, y por un instante lo noté ruborizado. No sé si por el sol que entraba o por mí.

Durante la comida, no habló mucho, solo respondía con frases cortas y tímidas. Pero sus ojos... sus ojos buscaban los míos y se apartaban rápido, como si temiera que yo descubriera lo que sentía.

Cuando terminé de recoger la mesa, lo vi sentado en el sofá, con las piernas cruzadas y abrazando un cojín. Me acerqué y le extendí una cajita con los supresores.

—Tómalos cuando sientas que se acerca el celo. No tienes que pasar por eso solo.

Sus dedos rozaron los míos al recibirla, y ese mínimo contacto me estremeció. Él bajó la mirada, apretando la cajita contra su pecho.

—Gracias... —susurró.

Quise decir algo más, pero me detuve. Porque la verdad es que en mi interior había un caos. Él era un niño, yo un adulto. La distancia debía estar marcada. Y, sin embargo, la línea se desdibujaba cada vez que me regalaba esos pequeños gestos: un abrazo antes de un examen, una sonrisa nerviosa en medio de su timidez, o ese "gracias" que sonaba más profundo de lo que debería.

Esa noche, mientras él se encerraba en su cuarto para estudiar un poco más, me quedé en la sala, encendiendo un cigarrillo que ni siquiera terminé. El humo se disipaba lento, como mis pensamientos... y me descubrí deseando lo prohibido.

No podía.
No debía.
Pero lo hacía..

.

.

.

.

Después de los exámenes me sentía vacío, como si me hubieran exprimido toda la energía. Intenté distraerme viendo televisión, pero mi mente siempre terminaba regresando a Jaekyung. Él era como un punto fijo al que no podía evitar mirar.

Ese día, después de cenar, se me acercó con una pequeña bolsa de regalo. Me miraba con esa seriedad que lo caracterizaba, aunque sus ojos tenían un brillo que no lograba ocultar.

—Esto es para ti, Dan —me dijo, extendiéndome la bolsa.

Lo tomé confundido y, al abrirla, encontré un celular nuevo, brillante, mucho mejor que el que tenía antes... bueno, si podía llamarse "celular" a mi viejo aparato destartalado que usaba en el burdel.

—¿Para ? —pregunté incrédulo, acariciando la caja con cuidado, como si temiera romperla.

—Sí. Así podemos estar en contacto cuando no esté cerca. Además, pensé que te vendría bien distraerte con algo más que libros —explicó con calma.

No supe qué decir. Nadie me había regalado algo así antes. Nadie pensaba en mí de esa manera. Sentí un nudo en la garganta, pero lo disimulé con una sonrisa tímida.
—Gracias... Jaekyung.

Él asintió, como si no le diera importancia, pero yo podía ver en sus ojos que sí.

Narración de Jaekyung

Esa noche, los resultados del examen fueron publicados. Dan estaba nervioso, temblando ligeramente mientras encendía la computadora para revisar la página oficial. Yo lo observaba desde el sofá, con los brazos cruzados y una calma que no sentía realmente.

De repente, su respiración se cortó.
—No... puede ser... —murmuró, con los ojos fijos en la pantalla.

Me levanté para acercarme.
—¿Qué pasó?

Me señaló con el dedo tembloroso el listado de nombres. Ahí estaba: Kim Dan, entre los tres primeros lugares, con una de las mejores calificaciones.

Antes de que pudiera reaccionar, corrió hacia mí y me abrazó fuerte, hundiendo su rostro en mi pecho. Me quedé inmóvil, sorprendido por su impulso, hasta que mis brazos lo rodearon lentamente.

—Lo lograste... —dije en voz baja, apenas audible.

Sentí cómo su cuerpo temblaba, pero no era de miedo. Era emoción.

—Gracias... de verdad, gracias —susurró él, con la voz quebrada por la emoción.

Cuando nos separamos, lo miré fijamente. Me esforcé por mantener la compostura, por sonar frío, distante, como siempre.
—Hiciste lo que debías hacer. Estoy orgulloso, pero no te confíes. Aún te queda un largo camino.

Él parpadeó, sorprendido por mi tono, pero en vez de alejarse... se inclinó hacia mí y rozó mi mejilla con un beso rápido, torpe, casi infantil.

Me quedé congelado.

Él se apartó enseguida, rojo como un tomate, llevándose una mano a la boca.
—Yo... perdón, yo... —balbuceó, incapaz de mirarme.

Yo sonreí, aunque me esforcé por que no se notara demasiado. No era una sonrisa de burla, ni de frialdad... era algo más profundo. Algo que me estaba rompiendo por dentro.

—Descansa, Dan. Te lo mereces —dije finalmente.

Él asintió y salió corriendo hacia su cuarto, con pasos torpes, como si huyera de su propio atrevimiento.

Pensamientos de Dan

Esa noche me acosté en mi cama con el corazón latiendo tan fuerte que parecía que se me iba a salir del pecho. Cerré los ojos y sonreí, abrazando la almohada.

No estaba feliz por el resultado del examen. No era eso lo que me llenaba de mariposas en el estómago. Lo que me hacía sentir tan ligero era que, por primera vez, me armé de valor y le di un beso a Jaekyung, aunque fuese en la mejilla.

Me dormí con esa imagen en la cabeza, con el calor aún en mis labios.

Narración de Jaekyung

Me quedé en la sala, solo, en silencio, repasando lo ocurrido. Un simple beso en la mejilla. Para Dan, seguramente había sido un gesto inocente, nervioso, fruto de la emoción del momento.

Pero para mí... para mí significaba mucho más.

Apreté el puño, tratando de mantener el control. Ese beso me había incendiado la sangre. Lo que para él era timidez, para mí era una provocación involuntaria que casi me hacía perder la cabeza.

Me dejé caer en el sofá, cerrando los ojos. Imaginé lo que no debía imaginar: a Dan entre mis brazos, sus labios temblando contra los míos, su cuerpo ardiendo bajo el mío... llorando de placer mientras lo reclamaba una y otra vez, sin dejarlo descansar.

Sacudí la cabeza, maldiciendo en silencio.



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Cautivado por ti / Jinx(pausada)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora