Pensamientos de Dan
La verdad, estar estudiando tanto ya no me dejaba mucho tiempo para pensar en Jaekyung. Desde que regresó, no hablábamos demasiado. Solo me dejaba pequeñas notitas pegadas en el refrigerador, frías y silenciosas, como si fueran la única forma en la que podía acercarse a mí.
A eso se sumaba que, los domingos y miércoles, entraba a la casa un omega en la tarde. Nunca lo vi. Siempre me encerraba en mi cuarto, fingiendo que no me importaba, aunque por dentro la curiosidad me devoraba.
Mañana son los exámenes. Jaekyung me dijo que dejara los libros y descansara, que confiara en mí mismo. Y aquí estoy, frente al televisor, pretendiendo que me relajo... pero los nervios me consumen. ¿Y si no aprobaba? ¿Se molestaría conmigo? Lo último que quería era verlo decepcionado.
Narración de Jaekyung
Eran las cinco de la mañana cuando me dirigí al cuarto de Dan. Hoy era el día de sus exámenes, y claro que iba a acompañarlo. No podía dejarlo solo en algo tan importante.
Entré despacio, sin hacer ruido, y me senté a su costado. Lo observé en silencio por unos segundos... era hermoso. ¿Cómo había terminado en un lugar de prostitución? ¿Qué clase de vida le habían arrebatado sus padres o el destino para obligarlo a eso? La pena me atravesaba como un cuchillo. Un omega tan joven... y tan roto.
Toqué suavemente su hombro, empujándolo un poco para despertarlo.
—Dan, ya son las cinco... debemos ir a dar tus exámenes —susurré en su oído.
Él se removió, arrugando la naricita con un gesto adorable. Repetí su nombre otra vez y, esta vez, abrió lentamente los ojos. Se frotó los párpados y me miró, somnoliento, como si no pudiera creer que estaba allí. Después miró su despertador y, sobresaltado, se incorporó.
—Perdóneme, Jaekyung... —dijo con voz tímida, antes de levantarse apresuradamente para ir al baño.
—Te espero abajo. No te tardes.
Salí de la habitación con el corazón golpeando fuerte en el pecho. Dan me provocaba una ternura indescriptible... hasta que recordaba que apenas tenía dieciséis años. Entonces todo se derrumbaba. Era un niño, y yo un adulto. No podía desearlo, no debía.
Y sin embargo... no podía negar que aquella noche lo había deseado. Quise besarlo. El pensamiento me devoraba. La culpa me carcomía, pero la lujuria me devoraba aún más.
Bajé a la cocina y serví el desayuno, tratando de acallar las voces en mi cabeza. Minutos después, Dan bajó las escaleras, con el cabello aún húmedo y el uniforme bien puesto.
—Gracias —me dijo con nerviosismo, la cabeza gacha, como si las palabras le pesaran.
Llegamos juntos al instituto. Me sorprendió ver lo cambiado que estaba: más grande, más moderno. Lo recordaba mucho más pequeño.
Dan se dirigió al auditorio donde rendiría el examen. Justo antes de entrar, inesperadamente, corrió hacia mí y me abrazó. Me quedé perplejo, mi cuerpo rígido... hasta que lo rodeé con mis brazos y le devolví el gesto.
—Sorpréndeme, Dan... —le susurré.
Él levantó la mirada, con los ojos brillando, y se fue sin decir más.
Me quedé esperando, aunque sabía que los exámenes tardarían horas. Podría haber vuelto a mi departamento y regresar después, pero no quería dejarlo solo. No a él.
Cuando por fin terminó, salió exhausto, con una sonrisa cansada.
—Fue más difícil de lo que pensé —murmuró, dejándose caer en la banca a mi lado.
—No me digas eso, niño. Deposité toda mi fe en ti —le respondí con una sonrisa ladeada.
—Dije que fue difícil, no imposible —contestó, con un leve orgullo en la voz.
Reí suavemente.
—Entonces vamos rápido a casa, tengo un regalo para ti.
Era extraño... hablar con él así, con tanta naturalidad. Normalmente cada palabra era como caminar sobre vidrios, pero hoy, por algún motivo, fluía como si hubiéramos conversado así toda la vida.
—Antes de eso... ¿puedo pedirle algo? —dijo, nervioso, bajando la voz.
—¿Qué deseas? —pregunté, intrigado. Dan casi nunca pedía nada.
—¿Me compraría supresores...? Es que... se acerca mi celo y... ya sabe usted. —Desvió el rostro, rojo hasta las orejas, incapaz de mirarme a los ojos.
Tragué saliva, conteniendo mis propios impulsos.
—No te preocupes, yo tengo unos en casa —respondí con naturalidad, aunque por dentro sentía un torbellino.
Él me miró sorprendido, y después asintió, murmurando apenas:
—Gracias.
Sus palabras eran simples... pero la forma en la que las dijo, con ese rubor y esa vulnerabilidad, me atravesaron el pecho como una daga.
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Cautivado por ti / Jinx(pausada)
Cerita PendekEl padre de Kim Dan lo obliga a prostituirse pero Dan no lo permitirá , y a causa de eso conoce a Jaekyung un alfa el cual es tierno y gentil que se enamoro de el . Mi primera historia , puede que tenga muchas fallas ortográficas , será un historia...
