Año: 2019 Presente
—Polonia, por favor, deja de beber. Te vas a emborrachar —advirtió Francia con un tono que mezclaba preocupación y vergüenza. Observó a la chica dar un trago largo y ruidoso a su quinto vaso de cerveza, y supo que ya era demasiado tarde.
—¡MÁS! —gritó ella, alzando el vaso vacío con impaciencia.
—Es suficiente —dijo Italia, apareciendo de la nada para arrebatarle la botella antes de que pudiera servirle.
—¡Pero n-n-no es-toy... —Polonia no pudo terminar la frase. Un paso en falso la hizo perder el equilibrio y cayó de espaldas, golpeándose con un ruido sordo.
—Levantate, levantate! —chilló, y Francia la levantó con prisa.—Esta es la última vez que te traigo a una fiesta —la amenazó mientras la sentaba de nuevo en la silla de madera.
—jejeje —Polonia se rió de la nada. —¡QUÉ BUEN CHISTE! —gritó a carcajadas. Las risas y los gritos hicieron que los demás países los miraran como si fueran un espectáculo, pero lo que más le dolió a Francia fue la mirada de su crush, que no estaba muy lejos.
—¡Polonia, para! —susurró, tapándole la boca con una mano fría. Si seguía así, la avergonzaría a un nivel que no se recuperaría.
La chica balbuceó, intentando apartar la mano de los hermosos ojos azules. —Franc-ia...
—¡Volveremos al hotel ahora mismo! —ordenó.
Francia trató de levantarla, pero su cuerpo era débil. La chica se resistía. Miró desesperado a su alrededor y sus ojos se encontraron con los de Alemania, a quien sabía que se iría temprano. Pensó que él podría ayudar. Quizás, solo tal vez, podría llevar a Polonia a su hotel y dejarla a salvo.
—¡Polonia, vamos a jugar a algo! —la idea salió de su boca en un instante. Los ojos de la chica se iluminaron.
—D-ime qué ju-ego es —apenas podía hablar, pero estaba interesada.
—Tú te quedas aquí, sentada, sin moverte, hasta que yo vuelva. ¿Aceptas el juego? —suplicó en su mente para que no se negara.
—¡Sí! —gritó. Se acomodó en la silla y se quedó inmóvil.
—No tardo —dijo, y corrió hacia Alemania. Polonia nunca se ha acercado a Alemania por una extraña razón, pensó, pero no creo que le afecte estar a solas con él. No pasará nada malo, además, Alemania es un caballero.
El pasado no afectará en nada
—¡ALEMANIA! —Francia llamó su atención, sintiendo el corazón latirle en el pecho.
El alemán, que hablaba con un ruso semi-borracho, lo miró con su clásico tono serio. —¿Hola, Francia? ¿Pasa algo?
—Quería preguntarte si podías hacerme un pequeño favor —Francia sonrió, nervioso.
—¿Cuál es tu favor?
—Podrías llevar a Polonia a su hotel? —el corazón de Francia latía descontrolado. Rogaba que dijera que sí.- Creo que esta un poquito mal-
—Me iba a ir ahora mismo. Pensé que Polonia querría quedarse más tiempo —Alemania se rascó la nuca, tratando de procesar la petición. ¿Polonia con él? ¿Era una broma?
—No, no, ya está muy cansada —Francia miró a la chica, que ahora tenía la cabeza apoyada en la barra, dormida—. Te aseguro que no será una molestia.
—¿Dónde está?
—Ya te la traigo, espera —Francia corrió a su lado.
—Polonia... —dijo, tocándola suavemente. Se dio cuenta de que estaba dormida profundamente. Le puso su chaqueta por encima, ya que notó que tiritaba de frío.
