El aire todavía olía a ellos. A deseo contenido, a culpa y a lo imposible.
Addison apoyó la espalda contra la columna cubierta de enredaderas, tratando de recuperar el aliento, pero lo único que sentía era el corazón golpeándole el pecho con fuerza. Mark seguía frente a ella, aún con esa mirada que le hacía temblar el alma.
Ninguno hablaba, pero ambos sonreían levemente, cómo dos niños que habían hecho alguna travesura inocente... pero lo ellos claramente no era nada inocente.
Mark no podía dejar de verla, le encantaba todo de ella, su cabello rojizo, su nariz perfecta, sus ojos grandes y tan azules que siempre eran una perdición para él. Se acerco y nuevamente la beso, como si se cerrara un trato o una promesa. Aparto un mechón cabellos que caían en su rostro, lo coloco detrás de su oreja, seguidamente su mano se acopló entre su cuello y su mandíbula dejando que su pulgar posara en su mejilla para regalarle suaves caricias con la yema. Addison disfrutaba tanto el sexo como estos momentos, que se le hacían mucho más íntimos y bellos.
—"Esto no puede seguir pasando" —dijo ella al fin, casi en un suspiro liviano
Mark bajó la mirada como si hubiera sido un regaño y él no supiera que hacer.
—"Lo sé" —respondió—. "Pero no puedo fingir que no te amo, Addie. No puedo seguir viéndote planear una boda con otro él mientras yo... mientras yo sigo esperando que mires hacia atrás"
Ella dolida cierra los ojos como si supiera que en cualquier segundo las lagrimas saldrían sin control. Estaba triste, dolida, pero también enojada, se sentía tan culpable siempre que se dejaba ir y entregarse a este hombre.
—"No me hagas esto, Mark. No cuando estoy intentando hacer las cosas bien"
—"¿Bien para quién?"—preguntó él, dando un paso hacia atrás— "¿Para Derek? ¿O para ti? Porque tú no te ves bien. No desde que estás con él. Y si... es mi hermano, pero también sé que el tiende a ser difícil"
Addison apretó los labios, conteniendo cualquier palabra de la que se arrepentiría después.
—"No digas eso. Derek me ama, y yo..."
—"¿Y tú lo amas?"—la interrumpió con voz baja, firme, pero temblorosa - "¿Lo amas como me amas a mí?"
El silencio entre ellos fue tan denso que el viento dejó de moverse por un instante.
Ella lo miró y en esos ojos azules encontró todo lo que siempre había querido negar: la certeza de que él la conocía más que nadie, que la deseaba, pero también que la amaba de verdad.
—"No puedo responderte. Perdóname" —murmuró, antes de girar para marcharse
Mark la dejó ir.
La observó alejarse con ese andar elegante que siempre lo enloquecía y en ese momento comprendió que lo suyo no era solo un error, era una herida abierta que ninguno de los dos sabía cómo cerrar.
Se quedó solo en el jardín, mirando hacia la puerta por donde ella se había ido.
Encendió un cigarrillo, un viejo hábito que había prometido dejar y lo había logrado con ella, pero en momentos como este era su único escape rápido
—"Te amo igual, aunque no quieras oírlo" —susurró para sí, exhalando el humo hacia el cielo.
Addison regresó al café intentando recomponerse. Naomi la miró con curiosidad, pero ella solo fingió una sonrisa, tomó su taza y bebió un sorbo frío. En el reflejo del vidrio alcanzó a ver a Mark, todavía afuera, con la mirada perdida y el cigarrillo entre los dedos.
Por un instante, pensó en salir de nuevo. En decirle que no podía casarse, que todo era un error.
Pero respiró hondo, se obligó a mirar al frente y a retomar la conversación con Naomi
—"¿Y si la despedida de soltera fuera algo tranquilo?" —dijo, como si nada hubiera pasado
Desde el jardín, Mark la observó a través del cristal. Ella sonreía, aunque en su mirada aún había tormenta.
Y él supo que, aunque la perdiera, nunca lograría dejar de amarla.
F I N
