Vete a la mierda
Saqué una hoja nueva, respiré profundo y, bajo la luz de la luna, empecé a escribir:
......
Querido:_______
"Siempre tuve que rogar por tu sinceridad, y ahora resulta que tienes mucho que contar... qué irónico, ¿no?"
No sé si esta carta sea para ti o para mí, pero la escribo porque ya no pienso seguir cargando con todo lo que me callé mientras tú hacías y deshacías a tu antojo.
Siempre confié en ti. Te di mi palabra, mi lealtad, mi versión más pura. Te mostré cada miedo, cada inseguridad y cada parte de mí que nadie más había visto. Y tú, con una facilidad que ahora me da asco, jugaste con eso. Te burlaste de mi entrega, de mi forma de amar sin condiciones, de mi inocencia al creer que eras diferente.
Durante mucho tiempo me sentí insuficiente. No porque me lo dijeras, sino porque lo hacías sentir sin una sola palabra. Sabía que esperabas algo más, que querías algo que yo no podía darte. Nunca lo exigiste, pero lo dejabas claro con tus silencios, tus miradas, esa forma en la que te alejabas cada vez que mis miedos salían a la superficie.
Y aun así, me quedé.
Me quedé intentando llenar un vacío que nunca dependió de mí.
Me quedé creyendo que amarte era suficiente.
Te amé incluso cuando dolía, cuando ya no quedaba nada que sostener. Aguanté, te justifiqué, te entendí más de lo que merecías.
Y tú solo te aprovechaste de eso.
De mi paciencia, de mi cariño, de mi manera de creer en ti incluso cuando ya no quedaba nada en qué creer.
Fui ciega, sí.
Ignoré las señales, las advertencias, las mentiras disfrazadas de disculpas.
No porque no las viera, sino porque no quería aceptar que la persona que decía amarme podía ser tan cruel.
Porque me daba miedo aceptar que estabas destruyendo lo poco que quedaba de mí.
Lo que más me dolió no fue perderte. Fue haberme mostrado tan completamente ante ti, haber confiado tanto, haberme desnudado emocionalmente, solo para que después usaras todo eso como si no significara nada.
Me fallaste como pareja, como amigo y como persona.
Me traicionaste de una forma tan silenciosa que ni siquiera me di cuenta hasta que ya estaba rota.
Y no, no te voy a agradecer por la lección.
No voy a romantizar el dolor ni decir que gracias a ti aprendí.
Lo único que aprendí es hasta dónde puede llegar la crueldad de alguien que dice amar.
Así que no esperes comprensión, ni perdón, ni una respuesta amable.
Esta vez no vas a tener mi silencio ni mi lástima.
Porque ya entendí que tus palabras solo buscan confundirme, hacerme creer que cambiaste, que aún hay algo que salvar.
Pero no lo hay.
Esta carta no es para reconciliarnos, es para dejar claro que no pienso volver a caer en tu juego.
Ni una vez más.
Vete a la mierda.
Porque te amo.
-----
Cerré la carta y tomé la caja donde guardaba todas las cartas que escribí con el corazón en la mano y lágrimas de tinta. Era hora de terminar esto de una vez por todas.
Puse cada carta en su sobre, con su respectivo número, y envolví la caja para llevarla a la paquetería.
...
Dejé la caja junto con sus datos para la entrega y me fui sin mirar atrás. Esa era mi respuesta: por mí podía leerlas, quemarlas o metérselas por donde quisiera; ya no me importaba.
En unas semanas me iría a la universidad, cambiaría de número, de ciudad, de todo lo que pudiera conectarme a él. Era esto, o dejar que su presencia me matara.
Miré hacia el cielo y, en voz baja -casi como un susurro, o tal vez un anhelo que se escapó de mi alma- dije:
"Espero que te vayas a la mierda, Alex."
ESTÁS LEYENDO
Con amor, S.
Roman pour AdolescentsNo sé en qué momento empezó todo, ni cuándo exactamente dejó de hacerlo. Solo sé que hay palabras que nunca se dijeron y silencios que todavía pesan. A veces releo lo que escribí y no sé si era amor, costumbre o una promesa que nunca supimos cumplir.
