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Oh, querida Lena, cuánto me encanta sentir el peso de tu cuerpo sobre el mío.

Sé lo cansada que terminas después de un largo día, es por eso que prefiero que duermas aunque las ganas de tocar el cielo contigo me estén matando.

Y también sé que por la mañana me lamentaré no haber descansado lo suficiente, pero me es inevitable estar despierto y no adular cada uno de los centímetros que te conforman. El mundo dentro de nuestra habitación se detiene por completo. No hay ruidos o personas que nos interrumpan, solo estamos tú y yo, sin miedos o preguntas que nos nublen los pensamientos. Y aunque el tiempo allá afuera avance con normalidad y la madrugada poco a poco traiga el amanecer, podría permanecer inmóvil lo que queda de la noche sólo para seguir observándote una y otra vez.

Aunque no puedo admirar la escena desde otro punto, sé que somos la más perfecta de las obras de arte que puedan existir. No es mi ego el que me hace pensarlo, es mi mente y mi corazón quienes dominan a este esclavo de tu existencia.

Te adentraste hasta el fondo de mis entrañas con paso firme y dejaste plantada en ellas una necesidad de besarte cada día hasta el final de mis días, e incluso buscarte en la eternidad para seguirlo haciendo.

Encontré partes de mi ser que creía perdidas en el momento que nuestras manos se entrelazaron por primera vez. Tu piel guarda un laberinto que aún no logro atravesar pero que con el pasar de los años, memorizaré y seré capaz de cruzarlo, incluso, con los ojos vendados.

Tu tranquilo respirar que en estos instantes choca con mi pecho, se resguardará para calmar mi alma y su inquietud de no tenerte por las futuras noches que pasaré fuera de casa. Puedo jurar que serás la protagonista de cada uno de mis sueños mientras yo esté durmiendo en la cama de algún hotel al otro lado del mundo, rodeado de oscuridad y deseando tenerte entre mis brazos como ahora mismo te tengo.

Oh, querida Lena (Marco Reus)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora