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Recuerdos de un pasado
doloroso: Segmento II.

Al parecer, luego de aproximadamente un mes de los sucesos ocurridos con aquel chico de cabello castaño, dejo el miedo atrás para hacer frente a la, sin dudas, catastrófica realidad qué tendría en frente el argentino.

...

"Mar, viste el pelotudo de la habitación de hotel del mes pasado?" pregunto el chico de rulos mirando a su celular con total seriedad.

Su hermana lo miro a través de la pantalla, expectante a las palabras de su hermano, sabía que el asunto sería importante... pero no que sería tan importante.

"Me parece que se gastó toda la plata en el hotel" hizo una pequeña pausa "ahora serás tía, y no es joda, estoy embarazado".

La sorpresa y la preocupación no se tardó en aparecer en la expresión de la menor tras la noticia que probablemente pondría patas arriba a la vida de su hermano mayor.

"¿Lo abortaras?" pregunto tartamudeante Martina, con un tono que no dejaba lugar a dudas del miedo qué sentía. "No quiero sonar mala, Fran, pero ese bebé podría arruinar todo el esfuerzo que te costó llegar hasta donde estas".

La pantalla mostraba como dos hermanos se miraban con una seriedad digna de la situación. Por un lado estaba Martina, que parecía genuinamente preocupada por su hermano mayor, con miedo a que los esfuerzos de el y toda la familia se vaya al carajo, y con mayor miedo de que su hermano salga demasiado dañado de esto. Y por el otro lado estaba Franco, quien se encontraba sereno gracias a las horas encerrado en el baño asimilando la situación, aunque también había una preocupación grave en sus ojos.

"No lo abortare, Mar". La voz de Franco resonó en los oídos de Martina como taladros, sin creerse las palabras del chico ante ella.

"¿Por qué, Franco? Es una masa de células no sentirá nada, es muy arriesgado tener un bebé en tu mundo, más si ni sabes quien es el padre, tener un bebé es caro, Fran" la menor argumento con desesperación.

Y aunque sonaba mal, ella tenía razón, no era la opción más sensata tenerlo sabiendo que estaba luchando para llegar a la Formula Uno y menos sabiendo que las cuotas de las categoría inferiores apenas le permitía permitirse un plato de arroz, pero algo en ese bebé se sentía cómo un ancla, un sueño. Lucharía para mantener a un bebé y no abandonar su sueño, aunque le cueste todo, lo haría.

"Ya lo sé, Mar, me las arreglaré" habló con cansancio el argentino.

Y antes de que su hermana pudiera hablar corto la llamada e ignoro los siguientes mensajes qué siguieron. La incertidumbre lo carcomía, buscando una manera de equilibrar su nueva vida...

[...]

Las semanas pasaron y los meses con ellas, cumpliendose los 4 meses de embarazo, las carreras poco a poco disminuyeron y dejaron de ser viables, para un piloto de Formula Dos que apenas tenia para comer sin hacer carreras fue difícil, a tal punto que llegó a trabajar en la cocina de una pastelería de mala muerte una vez la FIA le prohibió el acceso a las carreras.

Aún así, su familia le seguía dando ayudas económicas, decirles sobre su embarazo fue algo duro pero gracias a Martina fue posible. Gracias a aquellas ayudas podía cubrir los gastos médicos y con los pocos centavos sobrantes ahorraba para el futuro, un futuro donde sabía que necesitaría ocuparse de los gastos improvistos qué trae un bebé recién nacido.

A sus cuatro, casi cinco meses de embarazo no se le notaba su barriga y, aunque el joven argentino agradecía eternamente aquella realidad, era difícil entrar a aquellas salas de espera del sector de ginecología era tan vergonzoso...

Y es muy de mi agrado mencionar ese dato no menor en este momento, ya qué nos encontramos presenciando una pequeña escena donde el joven de la familia Colapinto se pregunta enfurecidamente porque no se pueden hacer chequeos privados de una forma donde no tengas qué vender tu ojo para pagarlo.

Franco se encontraba en el medio de dos mujeres que aparentaban estar en sus treinta años de edad, las cuales no paraban de cuchillear entre sí sobre sus embarazos, pensando fielmente que aquel chico solamente era un novio acompañando su novia. Y cuando la puerta del consultorio se abrió, dando paso a una enfermera bien vestida y un poco mayor toda la sala posó su atención en la lista de pacientes.

-Franco Colapinto- llamó la emfermera con la tranquilidad y rapidez habitual, aunque no pudo evitar arquear una ceja al terminar de leer aquel nombre varonil. Levantando la mirada con cansancio y genuina felicidad cuando el joven argentino se paro y camino hacia el consultorio. Dejando la sala hecha un caos de mujeres cotilleando porque un hombre estaba ingresando allí.

Franco estaba acostumbrado a aquella reacción por parte de las madres y acompañantes presentes en el lugar. La primera vez habia sentido más vergüenza que nunca, pero poco a poco le sacó importancia. Total, ya iba por su quinto mes de embarazo, no? Pronto nacería su hijo...

....

3capítulos en un año? Soy flash

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⏰ Última actualización: Aug 24 ⏰

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