CAPÍTULO 22

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Abrí mis ojos para encontrarme con el techo de mi habitación. Los fuertes rayos del sol entraban por la gran ventana. Giré sobre la cama y estaba sola. Me senté en la cama y tome con firmeza las sabanas.

- ¿Zach? - lo llamé.

Nadie contestó a mi llamado. Lentamente me puse de pie. Abrí la puerta de la habitación y asomé mi cabeza, no había nadie en la cocina. Y tampoco en la sala y el baño. ¿Dónde está Zachary? Volví a la habitación. Me senté en la cama para pensar un poco. ¿Se habrá ido? ¿No volveré a verlo? Mis ojos se llenaron de lágrimas.

- Se fué - susurré y miré hacia la ventana.

Cerré los ojos y recordé la noche más maravillosa de toda mi vida. Una noche inolvidable. Sus besos, sus caricias, su respiración mezclándose con la mía. Rompí en llanto. Sentí un gran mareo y unas tremendas ganas de devolver. Me puse de pie y corrí al baño. Me tiré de rodillas al inodoro, y como si hubiese comido algo que me hubiera hecho mal, comencé a devolver. Me puse de pie y me miré al espejo. Toda una vida por delante frente a mis ojos, pero ahora no puedo continuar sin él. ¿Qué ha hecho conmigo? Otra vez ese mareo. Cerré los ojos y me sostuve del lava manos. Cuando al fin se fué el mareo, me paré bien. Nada podía hacer, solo esperar a que él volviera. Ella entró al departamento. Sin pensarlo corrí a su encuentro. Me tiré a sus brazos en busca de un poco de consuelo.

- ¿Qué pasó? - me preguntó preocupada.

- Solo necesito que me abraces - le dije y rompí en llanto.

- Catherine, dime que tienes - me rogó.

- Solo tengo miedo - dije angustiada.

- Tranquila amiga, no voy a dejarte sola - me dijo.

- No me sueltes Jennifer, no me sueltes.

Jennifer extrañada me abrazó con fuerza, no entendía mi estado. Y tampoco iba a entenderlo. Es que nadie sabe lo que yo siento ahora, lo que yo siento sin él.

Me dejé caer en la cama. Mi vida había vuelto a ser la de antes. Bueno, no del todo. Otra vez al trabajo, a la rutina, a los problemas. Pero nada de él. No lo he vuelto a ver, no se nada de él. Hay veces en las que creo que estoy completamente loca y todo lo que pasó fué producto de mi imaginación.

Tres largas semanas han pasado desde que se fué. El diablo, se fué. Sentí caer una fría lágrima por mi rostro. No he dejado de llorar. Siempre que estoy sola, lloro. Miré a mi alrededor, estaba sola en casa. Jennifer quiso volver a vivir conmigo, pero casi se lo prohibí. Dice que teme por mi salud. Es un poco extremista. Pero desde que él se fué, no he dejado de estar enferma. Tengo nauseas, vómitos, dolores de cabeza muy fuertes, mareos, hasta un poco de fiebre. No quiero ir al medico, es solo perder el tiempo en escuchar algo que ya se. 'Señorita, lo que usted tiene es anemia, anemia emocional' Puras idioteces. Me puse de pie y salí de la habitación para buscar un vaso de agua. Un profundo escalofrío recorrió mi cuerpo, detuve mis pasos en la puerta. Era la misma sensación de...

- Lo siento... - dijo provocando que mi corazón casi se saliera de lugar.

- Rachel - dije sin poder creerlo.

- Solo necesito saber una cosa - me dijo y se acercó a mí. Colocó su fría mano sobre mi panza. La miré extrañada.

- ¿Dónde esta Zachary? - le pregunté rápidamente.

- No puedo decírtelo - me dijo y sus pálidos ojos se humedecieron.

- Por favor Rachel, necesito verlo. Necesito saber de él - dije mientras un nudo se formaba en mi

Se alejó perturbada de mí. La miré bien. ¿Qué hacía aquí? ¿Dónde esta Zachary? Me miró fijo a los ojos, provocando más frío en mí. Dijo algo que no entendí. Creo que fué en el mismo idioma en el que me habló Zachary.

- ¿Qué dijiste? - le pregunté.

- No tenemos mucho tiempo, Catherine - me dijo.

- Mucho tiempo, ¿para qué?

- Catherine... - me llamó por lo bajo.

- ¿Qué? - le dije.

- Dios quiere tu vida, por la eternidad de Zachary - dijo. La miré bien.

- ¿A que te refieres? - le pregunté sin entender.

- Dios quiere tu vida, a cambio de la de Zachary.

- ¿Va a morir? - pregunté mientras las lágrimas comenzaban a salir de mis ojos.

- Si no hacemos lo que él quiere, creo que si - me dijo.

Esto no podía estar sucediendo. No era posible. Yo no puedo permitir que Zachary muera, no, no puedo permitirlo. Si Dios quiere mi vida por la de Zachary, no voy a negarme. Mi vida no vale nada, sin Zachary no vale nada.

Where He Goes, Goes The FireDonde viven las historias. Descúbrelo ahora